Diario Sur

El PSOE, en el alambre

El presidente de la
gestora del PSOE y
el líder del PSC, en
su reunión del
pasado lunes.
:: ballesteros / efe
El presidente de la gestora del PSOE y el líder del PSC, en su reunión del pasado lunes. :: ballesteros / efe
  • El reto de la gestora socialista es doblar el brazo al PP en el Congreso en asuntos económicos y sociales sin comprometer la estabilidad institucional

  • Los primeros compases de la legislatura apuntan a una gobernabilidad complicada para Rajoy y un funambulismo permanente de los socialistas en el ejercicio de la oposición

Vamos a estar permanentemente en el alambre». La frase, pronunciada hace unos días en la dirección del grupo parlamentario socialista, no puede ser más representativa de lo que ya ha vivido el PSOE en las primeras semanas de actividad parlamentaria plena de la legislatura. Sin líder en la Cámara baja, con su congreso de renovación aún pendiente y en una posición que tanto le permite condicionar la acción del Gobierno como le convierte en rehén de la estabilidad -so pena de un adelanto electoral- el principal partido de la oposición está condenado al equilibrismo.

La compleja situación ya ha empezado a pasarle factura, aunque en la dirección provisional del partido confían en que, con el paso de los meses, lo que quede en las retinas sean aquellos asuntos en los que ha liderado y ganado un pulso al PP con la fuerza motriz de sus 85 diputados. Por lo pronto, el engranaje tiene rozaduras. El mismo día en que el portavoz parlamentario, Antonio Hernando, sacaba pecho esta semana por haber logrado sentenciar a muerte las polémicas reválidas de Mariano Rajoy y por haber forzado a los populares a sentarse a hablar de un pacto de Estado contra la violencia de género, Podemos le sacaba los colores por hacer de Poncio Pilatos frente al intento del PP de premiar al exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con una presidencia de comisión.

Los socialistas presumen ahora de que fue gracias a su actuación como se pudo evitar que se pusiera al frente de la Comisión de Asuntos Exteriores o del Tribunal de Cuentas al mismo exmiembro del Gobierno reprobado hace semanas por el Congreso y al que se va a abrir una comisión de investigación por las sospechas de que utilizara instrumentos policiales y del Estado de Derecho contra sus adversarios políticos. Pero lo cierto es que, en un primer momento, se lavaron las manos en atención al acuerdo suscrito por los grupos para el reparto de los puestos institucionales de la Cámara.

«Esa presidencia le corresponde al PP -dijo el portavoz- si quieren hacer ese destrozo, allá ellos». Fue después, tras una reflexión de varias horas en las que el ambiente se fue caldeando, cuando vino la rectificación. En el PSOE se empezó a argumentar que imponer a Fernández Díaz era violentar el espíritu de lo acordado, por más que el pacto implicara que no habría vetos. Finalmente, los socialistas amenazaron con proponer a un candidato alternativo -algo que había planteado el candidato de Podemos, Iñigo Erregón, y que Hernando había rechazado hacer- y obligaron a los populares a buscar para el exministro un acomodo de menor rango que no exigiera de su concurso.

«No hacemos autocrítica porque frente a los numeritos y la algarada -reivindicó el portavoz de la gestora, Mario Jiménez, en clara alusión a la formación de Pablo Iglesias- quien estuvo para impedir ese nombramiento fuimos nosotros. Es importante manejarse con cuidado sin reventar acuerdos básicos que repercutan en las instituciones».

El presidente de la dirección interina del partido y del Principado de Asturias, el veterano Javier Fernández, tiene, según dicen sus más cercanos, esa máxima en la cabeza: «La prioridad en todo lo que hagamos es salvar las instituciones». La enorme división interna, sin embargo, hace difícil asentar ese principio porque fue precisamente el tipo de relación que cabe mantener con el PP en pro de la estabilidad del país lo que sirvió de catalizador para la batalla entre los críticos con el exsecretario general, Pedro Sánchez, y sus recelosos con su contrapoder, la presidenta andaluza, Susana Díaz.

En la gestora recibieron este jueves con agrado el elogio tácito que hizo el Rey, durante la sesión de apertura solemne de las Cortes, a su «generosidad» y su disposición anteponer los intereses generales a los suyos propios para resolver una «crisis de gobernabilidad» que, a su juicio, generó inquietud e incluso «desencanto» en la sociedad. Pero saben que para buena parte de su electorado aún es difícil de entender que se permitiera gobernar a Rajoy, aunque fuera para evitar unas terceras elecciones que seguramente habría arrojado un Parlamento igual de fragmentado. Y el látigo de Podemos no ayuda.

Marcaje

Hace unos días, la formación de Iglesias reprochó a los socialistas que se opusieran a su propuesta de llamar al expresidente José María Aznar a la recién creada Comisión de Calidad Democrática, contra la Corrupción y de Reformas Institucionales y Legales. El PSOE replica que no se niegan a nada, que lo que único que hacen es seguir las recomendaciones de los letrados de la Cámara, que ya han emitido un informe en el que se cuestionan que quepa hacer tal requerimiento desde un órgano que no tiene funciones de investigación, y que, en todo caso, esperarán a que esté definido el propósito de la comisión.

El marcaje de la izquierda, en todo caso, les obliga a andar con tiento. Hernando se reunió este martes en el Congreso con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría -como también hizo el portavoz del PNV Aitor Esteban y como previamente había hecho con el propio Errejón- y la dirección parlamentaria no lo reconoció hasta este viernes. Todo para evitar que se leyera como un acercamiento en la negociación de la ley más determinante del Gobierno, los Presupuestos Generales del Estado.

Aunque lleguen a un acuerdo previo sobre el techo de gasto en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y la Comisión Nacional de la Administración Local -los órganos de coordinación entre el Ejecutivo y las comunidades autónomas y el Ejecutivo ya los municipios- la intención de los socialistas es presentar una enmienda a la totalidad en el Congreso a las cuentas públicas. Pero si, como ocurrió en la investidura, los nacionalistas se hicieran a un lado (algo que ahora parece improbable), el PSOE volvería a estar en un brete.

Por si acaso, y para que Rajoy no caiga en la tentación de relajarse en la búsqueda de un entendimiento que le permita sumar más 'síes' que 'noes' sin su participación, los socialistas no se cansan de reiterar que su apoyo es «imposible». Incluso restan importancia al hecho de que tengan que prorrogarse las cuentas de 2016. «El Gobierno -dicen- ya tiene preparados los decretos para actualizar pensiones y sueldos de funcionarios».

En el hemiciclo de la carrera de San Jerónimo resuenan, sin embargo, las palabras pronunciadas hace tres semanas por el jefe del Ejecutivo en su discurso de investidura. «No es razonable gobernar sin Presupuestos y todos debemos ser consecuentes. Carece de sentido proclamar que se va a facilitar que España tenga un Gobierno si no se está dispuesto a dotarlo de su principal herramienta de trabajo». Muchos creyeron oír de fondo una amenaza de quien tiene la potestad de disolver las cámaras y volver a llamar a las urnas antes de medio año.