Diario Sur

El juego de la silla y las prisas de Pastor

El Rey bromea con Pastor por su prisa en cerrar el pleno. Iglesias se queja por la actitud del PP. Un representante de Podemos muestra la bandera republicana. :: alberto ferreras
El Rey bromea con Pastor por su prisa en cerrar el pleno. Iglesias se queja por la actitud del PP. Un representante de Podemos muestra la bandera republicana. :: alberto ferreras
  • El Rey frenó a la presidenta del Congreso cuando cerraba la sesión sin haber declarado abierta la legislatura

  • Pablo Iglesias montó en colera al ver que senadores del PP ocupaban parte de la bancada de su grupo

El fin del bipartidismo ha traído aparejado una inyección de animación extra al Congreso. La regla es clara, cuantos más actores figuran en la escena, mayores son las posibilidades de espectáculo.

La sesión de apertura de la legislatura duró apenas hora y media pero dejó tras de sí algunos detalles. El acto comenzó ya inusualmente ajetreado de la mano de Unidos Podemos. Los de Pablo Iglesias ya han demostrado en el pasado que les va la marcha y esta ocasión no iba a ser menos. A las primeras de cambio, el líder de Podemos entró en ebullición al comprobar que parte de los escaños de su grupo estaban ocupados por unos senadores, nada menos, que del PP. Enfados o no, es lo que tienen las sesiones mixtas, y es que al margen del mínimo respeto de no 'okupar' el escaño del presidente del Gobierno o del líder de la oposición cada uno se sienta donde quiere o donde puede.

Esta es una lección que Francesc Homs tiene bien aprendida. El portavoz de la antigua Convergència, que tiene su escaño en el gallinero como miembro del grupo mixto, se dio prisa en llegar para elegir asiento en las primeras filas, bien a la vista para que todo el mundo le observara mantener los brazos cruzados cuando PP, PSOE o Ciudadanos ovacionaban al jefe del Estado. Sea como fuere, Iglesias se tomó como una provocación el ver a parte de los suyos relegados a las últimas filas, y encima por el PP. «No se pueden hacer maniobras como en el colegio de llegar temprano para dejarnos en la montaña. No es serio», denunció como si le fuera la vida en ello.

Fiel a su renovado espíritu reivindicativo, el secretario general de Podemos se quejó a todos y las sillas comenzaron a revolotear de un lugar a otro del hemiciclo en un vano intento de contentar a unos y otros. Aunque igualmente perjudicados, en las filas de Ciudadanos sentaron mal las quejas de Iglesias, como no podía ser menos. «Saben de sobra que en las sesiones mixtas esto funciona así, pero les da igual», se quejaron desde el partido liberal para afear a Podemos un supuesto gusto de protestar por protestar.

Ya entrados en faena el discurso del jefe del Estado discurrió según el guión previsto. Ovaciones sin fin de todos los grupos con la excepción consabida de Unidos Podemos, PNV y la antigua Convergència. Sí aplaudió, y mucho, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, presente en la tribuna junto a Javier Fernández, Cristina Cifuentes, Esperanza Aguirre o un dicharachero Miguel Ángel Revilla. Entre los invitados también figuraron dos padres de la Constitución, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y José Pedro Pérez Llorca.

Rita Barberá, senadora del grupo mixto tras ser aparatada del PP, ocupó un lugar discreto en la bancada popular pese a estar suspendida de militancia. La exalcaldesa de Valencia, que el lunes comparecerá ante el Tribunal Supremo, departió como si nada con antiguos compañeros que se acercaron a saludarla.

La princesa Leonor y la infanta Sofía, de 11 y 9 años, escucharon y aplaudieron a su padre como el que más. Lo hicieron bajo la atenta mirada de la Reina. Doña Letizia lució rostro serio, parecía enfadada. Igual fue por el gesto del senador Ignacio Bernal, de IU, que siguió el discurso de Felipe VI de pie y con una bandera republicana. El propio Bernal reconoció después su sorpresa porque se le hubiese permitido hacerlo.

Pero para sorpresas, la de la presidenta del Congreso, a la que Felipe VI tuvo que frenar cuando ya levantaba la sesión. «Un momento», le debió decir al oído a Ana Pastor, faltaba declarar «abierta la duodécima legislatura». Frase que pronunció el Rey a continuación. Con lo que ha costado abrir las Cortes, Pastor casi manda a todos a casa con ellas aún cerradas.

Un largo besamanos

La legislatura pudo ser finalmente inaugurada y llegó el turno del saludo real, el más largo al que se han enfrentado sus altezas reales las infantas. Si dentro del hemiciclo el protagonista fue el Rey, aquí cedió el testigo a Leonor y Sofía. Sonrientes y con paciencia ejemplar saludaron uno a uno a los más de 300 invitados que desfilaron ante ellas. Estarían abrumadas porque casi todos trataron de hacerles una carantoña o decirles algo gracioso.

La última parada fue el desfile militar. El jefe del Estado pasó revista a las tropas ante la atenta mirada de sus hijas. Fue el epílogo de una apertura de legislatura que concluyó en el momento en que la Familia Real subió a sus coches entre gritos de «¡Viva el Rey!» y «¡Viva España!».

La princesa Leonor, de rosa, y infanta Sofía, de gris, se despidieron desde el coche con la misma sonrisa que mostraron al llegar. Saltarse la clase es lo que tiene, aunque sea a cambio de dos discursos, un besamanos y un desfile militar.