Diario Sur

Fernández Díaz, durante el pleno del Congreso del pasado martes. :: Ballesteros / efe
Fernández Díaz, durante el pleno del Congreso del pasado martes. :: Ballesteros / efe

La oposición relega a Fernández Díaz a la presidencia de una comisión secundaria

  • El PSOE escenifica de nuevo su crisis al rectificar en el último suspiro su decisión de facilitar la elección del exministro para Exteriores

El deseo de Mariano Rajoy de compensar a Jorge Fernández Díaz por su salida del Gobierno con la presidencia de una comisión en el Congreso se ha estrellado con el veto de la oposición. Todo apuntaba a que el exministro del Interior sería ayer elegido para dirigir la Comisión de Exteriores pese a que fue reprobado en octubre por el Congreso y tener que enfrentar en un futuro inmediato una comisión de investigación por usar supuestamente su cargo para conspirar contra dirigentes independentistas. En su lugar, y tras una rocambolesca jornada, Fernández Díaz ha acabado al frente de la Comisión de Peticiones, un órgano secundario del Congreso encargado de recoger las demandas ciudadanas a la Cámara baja. La singularidad de esta comisión es que la presidencia recae de forma automática en el grupo mayoritario, en este caso el PP. Esta maniobra ha sido a la postre la única vía que han hallado los populares para encontrar acomodo al exministro.

Según el guión escrito, la candidatura de Fernández Díaz debía salir adelante con el apoyo del PP y las abstenciones anunciadas de PSOE y Ciudadanos. Al menos así lo había confirmado el martes el portavoz socialista. Antonio Hernando justificó que su partido había decidido no impedir la elección del polémico exministro en virtud del pacto firmado a comienzos de legislatura entre los grupos parlamentarios para repartirse la dirección de las comisiones. Este acuerdo establecía que la de Exteriores debía quedar en manos del PP en genérico, sin precisar nombres.

El voto en blanco se iba a producir a pesar de que Podemos se comprometió a apoyar a un representante del PSOE para presidir esta comisión, oferta que fue rechazada por los socialistas. Pero la crisis de liderazgo que atenaza al PSOE se dejó ver con toda su crudeza horas antes del la votación en la comisión. Según explicaron fuentes socialistas, apenas unas horas después de que Hernando se comprometiera con la abstención, se dio marcha atrás a la decisión adoptada.

Tanto desde la gestora como desde el grupo parlamentario se trasladó al Gobierno y al PP que debían presentar un candidato distinto a Fernández Díaz. Al negarse el PP a plegarse a semejante exigencia, los socialistas amenazaron con un candidato propio, como les había propuesto Unidos Podemos y habían desdeñado. La amenaza del PSOE incluyó el compromiso de que si salía elegido presidente un diputado de su partido, éste dimitiría en el momento en el que el PP presentase un candidato alternativo. Pero los populares se mantuvieron firmes e impusieron un aplazamiento de la votación para que el PSOE reflexionase. El PP se defendió con el argumento de que el acuerdo reparte cuotas pero no obliga a decir quiénes son los candidatos de cada partido, pero el veto fue ya insalvable.

Segundo intento

El PP, sin embargo, no tiró la toalla y trató a continuación de colocar al exministro al frente de la Comisión Mixta del Tribunal de Cuentas. Un movimiento que la oposición interpreta como que lo importante para los populares es que Fernández Díaz presida una comisión y cobre por ello, al margen de cuál sea, 1.431 euros más al mes. El resultado fue el mismo. Los socialistas insistieron en que nunca permitirán que un exministro reprobado ocupe un alto cargo en el Congreso.

Aunque el cambio de posición de los socialistas ya hizo de por sí inviable la elección de Fernández Díaz, las malas noticias para el PP fueron a más cuando Ciudadanos también rectificó su abstención y se paso al 'no' para el exministro. En las filas naranjas también se produjo un cambio de opinión sobrevenido. Hora y media antes de la reunión de la Comisión de Exteriores Albert Rivera afirmaba en la cadena Ser que su partido votaría en blanco pese a creer que Fernández Díaz no era la persona adecuada para dirigir una comisión. Poco después, Ciudadanos siguió la senda de los socialistas y señaló que si el PP persiste en su idea de mantener la candidatura del exministro apoyará al aspirante que presente el PSOE.

Tras confirmar su soledad, el PP advirtió sobre las consecuencias que puede traer para el resto de fuerzas la ruptura del pacto. En cualquier caso, las amenazas no surtieron efecto y Fernández Díaz deberá conformarse con la poco rutilante Comisión de Peticiones.