Diario Sur

Rajoy advierte de que la duración de la legislatura es responsabilidad «de todos»

  • Insiste en que hay que pactar «mucho», pero sin tocar los aspectos centrales de la política económica de su anterior mandato

Mariano Rajoy quiere pactar y dialogar «mucho», y ayer se ratificó en ello, pero también advierte de que la duración de la legislatura dependerá de que «todos» quieran llegar a acuerdos. El presidente del Gobierno, sin embargo, tiene una línea infranqueable, la política económica de su mandato anterior y que, garantizó, no se va a tocar en este, al menos en lo sustancial. El problema para los acuerdos es que esa misma política económica suscita el rechazo de todos los grupos de la oposición.

En la Moncloa nadie quiere hablar de ultimátum y mucho menos de chantaje, como denuncia la presidenta de la Junta de Andalucía. Pero admiten que los Presupuestos de 2017 son el banco de pruebas para calibrar la suerte de la legislatura. Rajoy, con otras palabras, defendió esa misma tesis ante la Junta Directiva Nacional del PP. «Todos debemos ser conscientes de que nadie puede imponer de manera absoluta su voluntad y nadie puede impedir el ejercicio razonable de la acción de gobierno», manifestó ante la plana mayor del partido gubernamental.

Pero como ya hizo en el debate de investidura de octubre avisó de que no todo el monte es orégano y puso límites a lo que se puede pactar. Ni las reformas emprendidas en su anterior mandato ni la política económica entran en la categoría de lo revisable. La política económica para esta legislatura, subrayó, será «sustancialmente la de la anterior». Asimismo se negó a «liquidar por prejuicios ideológicos reformas que se han aprobado». No se va a tocar la política económica, abundó, porque «funciona», y tampoco se van a revisar las reformas porque «se ha demostrado que son buenas y eficaces».

El presidente del Gobierno, expuestas sus líneas rojas, pidió a todos flexibilidad para llegar a entenderse ya que «tan malo es no tener gobierno como tener un gobierno que no pueda gobernar». Rajoy no está dispuesto a encontrarse con bloqueos de la oposición en el Congreso a sus iniciativas legislativas, y los primeros exámenes van a llegar con la aprobación del techo de gasto para los Presupuestos y el proyecto de cuentas públicas para el próximo año.

Horas después de la reunión de la Junta Directiva del PP, el presidente del Gobierno compareció en la Moncloa junto al primer ministro de Portugal, Antonio Costa, y se ratificó en que ha mantenido contactos con los partidos con la vista puesta en los Presupuestos, pero se negó a «entrar en detalles». Solo dijo que su actitud en la negociación presupuestaria y en otros capítulos será «positiva» y confió que esa actitud sea compartida por «todos» para buscar los acuerdos. Negó, eso sí, que tenga un «plan B» si no logra que se aprueben.

El plan del Ejecutivo es enviar el proyecto al Congreso una vez que tenga asegurados los votos para evitar las enmiendas a la totalidad, aunque tejer esos acuerdos suponga retrasar el debate. «No vamos a arriesgarnos a que nos devuelvan el proyecto», dicen los portavoces de la Moncloa. La respuesta de los hipotéticos socios, sin embargo, no está a la altura que desearía el Ejecutivo. Albert Rivera condiciona el respaldo a que se incluyan íntegras las medidas pactadas con Ciudadanos para la investidura, que descartan los recortes de gasto y prevén un aumento de los ingresos. El presidente de la gestora socialista, Javier Fernández, ve «muy remotas» las posibilidades de que el PSOE apoye las cuentas, y Susana Díaz, más dura, calificó de «chantaje» la actitud de Rajoy. Mientras que el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, apuntó que «tal como están las cosas» su partido no apoyará las cuentas.

Sin elecciones

Ante la Junta Directiva Nacional del PP apuntó que el hecho de gobernar con una minoría de 137 diputados lejos de ser una rémora puede ser «una oportunidad magnífica» para alcanzar acuerdos de Estado con la oposición sin «vaivenes políticos durante un tiempo» porque «no hay elecciones en el horizonte». Aunque no pudo resistirse a deslizar un enigmático «nunca se sabe».

Pero esos pactos, insistió, no pueden afectar a la arquitectura legislatura construida entre 2011 y 2015 con la mayoría absoluta del PP. Unas palabras que dejan fuera de lo negociable, por ejemplo, la reforma laboral, el gran caballo de batalla para los socialistas. La consolidación fiscal tampoco formará parte de la agenda de los acuerdos.

Rajoy, además de situar los objetivos de la legislatura, lanzó algunos mensajes en clave interna ante la Junta Directiva Nacional de su partido. Todos con tono positivo. Confío que la corrupción se convierte en «historia» para el PP y no vuelvan a repetirse episodios como el de las relaciones con la trama 'Gürtel' o el del extesorero Luis Bárcenas, los grandes dolores para los populares en el primer mandato de Rajoy. Fue «una parte dura, difícil y no agradable» que, dijo, no tiene que repetirse si se toman medidas.

El presidente del Gobierno tampoco se olvidó de los resultados electorales porque aunque el PP ha ganado las dos elecciones generales se ha dejado muchos jirones por el camino. Sobre todo en los sectores de menos edad que «no han querido» apostar por su partido. Entre los votantes de 18 a 35 años, los populares son la última opción entre los cuatro grandes partidos. También pidió un esfuerzo a sus dirigentes para seducir a los que han dicho que «nunca» votarían al PP. Después de Podemos, los populares son la fuerza que más rechazo despiertan.