Diario Sur

Javier Fernández, presidente de la gestora. :: José Luis Cereijido / Efe
Javier Fernández, presidente de la gestora. :: José Luis Cereijido / Efe

En busca de un líder y un discurso

  • El 39.º Congreso Federal puede ser el más convulso de la historia reciente de un partido roto y desanimado por sus fracasos electorales

Si el 39 Congreso Federal del PSOE se celebrara ahora, como urgen los críticos, sería una encarnizada batalla entre Susana Díaz y Pedro Sánchez. Medirían sus fuerzas con resultado incierto, aunque la presidenta de la Junta de Andalucía cuenta con mejores cartas. Pero la dirección provisional del partido presidida por Javier Fernández, y sobre la que planea la poderosa sombra de la líder andaluza, no tiene prisa; quiere enfriar el ambiente, y qué mejor congelador que el paso del tiempo.

Los 'pedristas, 'sanchistas' o críticos sin más quieren que las primarias para elegir el secretario general y el congreso se celebren cuanto antes, en los primeros meses de 2017. Pero son urgencias sin proyecto. No está claro que su candidato vaya a ser Sánchez, devaluado entre sus fieles y sin el mismo apoyo de los barones que le defendieron mientras fue secretario general. Parece que solo retiene el respaldo de Castilla y León y Madrid, y los críticos podrían forjar un nuevo consenso en torno a otro nombre que, por ahora, se mueve en la sombra.

Su problema es el tiempo, quieren acortar los plazos para capitalizar la efervescencia en las bases por la operación de acoso y derribo de Sánchez perpetrada por los barones. Pero la gestora maneja el calendario y no comparte la urgencia. Quiere abrir «un periodo de reflexión» antes de las primarias y el congreso para rearmar el discurso del PSOE tras obtener los dos peores resultados electorales de su historia que han sumido al partido en la mayor crisis desde la Segunda República.

Los planes de la dirección interina, que se conocerán en un comité federal en diciembre, apuntan a la celebración de una conferencia política para poner al día el discurso socialista en el nuevo tablero político. Después, allá por junio o julio, se convocarían las elecciones para elegir al secretario general y el cónclave federal. Para entonces, calculan en la gestora, el sacrificio de Sánchez estaría amortizado entre la militancia. Lo que no está claro es si llegado el momento Susana Díaz daría el paso, amagado y nunca concretado, de disputar el liderazgo del PSOE. Los suyos dicen que sí, ella no dice nada, y los críticos lo dudan.

La idea de la dirección es llegar al 39 Congreso con el partido reconstruido y las heridas cicatrizadas. No es tarea menor ante lo enconado de las posiciones. Una sima de la que puede sacar provecho una tercera vía, que aunque no despierte entusiasmos entre las partes al menos no genere rechazos. Es una alternativa incipiente y de dudoso recorrido, que solo tendría futuro si recibe la bendición de algún bloque, en especial el del socialismo andaluz.

El nombre del futuro líder hará correr ríos de tinta, pero el gran problema de los socialistas, según se reconoce en el partido sin excepción, es el de construir un discurso atractivo cuando la socialdemocracia está sumida en una crisis mundial. ¿Hay que mantener el nicho del centroizquierda o disputar cuerpo a cuerpo la hegemonía de la izquierda a Podemos? ¿Acercarse o alejarse del partido de Pablo Iglesias? Muchas preguntas y escasas certezas.