Diario Sur

Puigdemont avisa de que su respuesta a la ofensiva judicial será convocar el referéndum

El presidente Carles Puigdemont interviene durante la sesión de control al Gobierno de ayer en el Parlamento catalán. :: marta pérez / efe
El presidente Carles Puigdemont interviene durante la sesión de control al Gobierno de ayer en el Parlamento catalán. :: marta pérez / efe
  • El jefe del Ejecutivo catalán rechaza asistir a la conferencia de presidentes y reclama una negociación «bilateral» de la financiación

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, reiteró ayer en el Parlamento de Cataluña su intención de celebrar un referéndum sobre la independencia a lo largo de 2017. Sería, desde su punto de vista, la mejor respuesta contra la ofensiva judicial que ha diseñado el Gobierno de Mariano Rajoy contra el independentismo.

Puigdemont y el secesionismo han incrementado en las últimas semanas la beligerancia contra el Gobierno central, contra el sistema judicial y contra el sistema democrático español por las causas abiertas contra Artur Mas, Francesc Homs, Joana Ortega e Irene Rigau por su participación en la consulta del 9-N de 2014 y por la imputación, que puede acabar en inhabilitación, de la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, por desobedecer una advertencia del Tribunal Constitucional y permitir la votación del texto que iniciaba la desconexión catalana de España.

Ante la «respuesta penal» por parte del Estado a la consulta del 9-N del 2014 y a la declaración del Parlamento del 9 de noviembre de 2015, «la mejor manera de mantenernos fieles al compromiso de la gente y al encargo del Parlamento, se dice referéndum en 2017», afirmó ayer Puigdemont. El presidente catalán se mostró contundente en una jornada señalada, el 9-N, ante el enfrentamiento del Gobierno autonómico y la CUP como consecuencia de la detención de la alcaldesa de Berga, de la CUP, por parte de los Mossos d'Esquadra. Los anticapitalistas han vuelto a dudar del compromiso de la antigua Convergència con la ruptura con España, por lo que Puigdemont reiteró su apuesta por el referéndum.

La hoja de ruta del presidente de la Generalitat prevé la convocatoria de un referéndum en la segunda quincena del próximo septiembre, tenga o no el visto bueno del Gobierno central. En caso de que la opción independentista consiga más del 50% de los votos, la Cámara catalana proclamará la República catalana. Previamente, Junts pel Sí y la CUP, que tienen la intención de ir hasta el final, pase lo que pase y caiga quien caiga, tienen previsto aprobar las llamadas leyes de la desconexión (hacienda, seguridad social y transitoriedad jurídica). «El futuro de Cataluña lo decidirán los ciudadanos y no los tribunales», afirmaron fuentes de la coalición que agrupa al PDECat y ERC. «A pesar de las malas artes del Estado, no nos apartaremos de la hoja de ruta prevista», advirtieron.

Clamor ciudadano

El aviso fue para la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, dos días después de que asumiera la carpeta catalana. El presidente de la Generalitat reclamó al nuevo Gobierno central una respuesta «política» y no judicial a la cuestión catalana, una propuesta, que no tenga nada que ver con las querellas y las imputaciones. «Al Estado español le cuesta reconocer que hay una realidad, hace ver que que no pasa nada y sigue adelante. La única respuesta ha sido judicial, perseguir a aquellos demócratas que han hecho algo tan esotérico como es cumplir el programa electoral y el clamor de la ciudadanía», dijo.

Puigdemont insiste en el referéndum, a pesar de que el Gobierno central ya le ha cerrado todas las puertas y a que el recientemente nombrado portavoz del Gobierno central, Íñigo Méndez de Vigo, le emplazara a mantener un diálogo «sin apriorismos».

El Ejecutivo catalán no rehúye el diálogo con el Gobierno de Rajoy, pero trata de marcar distancias. De entrada, anuncia su ausencia de la Conferencia de Presidentes que ha convocado Rajoy en el Senado para abordar la negociación del nuevo modelo de financiación. «Estamos en un periodo de postautonomía y no encaja que tengamos los comportamientos del autonomismo más rancio», aseguró.

No es que a la Generalitat no le interese la reforma del sistema, lo que sí ha dicho es que no piensa liderar la negociación, como hizo en el pasado. Asimismo, Puigdemont está obligado a mostrar un cierto desdén, pues hay quien con razón frunce el ceño en las filas secesionistas al considerar que no es muy coherente reclamar un nuevo modelo de financiación al Estado del que se supone que Cataluña se va a separar antes de que entre en vigor la reforma. Y además, en esta ocasión, reclama una negociación «bilateral» y que antes de hablar de adquirir compromisos con el nuevo modelo, el Gobierno central «pague todo lo que ha incumplido todos estos años».