Diario Sur

El PSC pasa a la «ofensiva» para competir con el partido de Ada Colau

Iceta saluda ayer tras ser ratificado como primer secretario de los socialistas catalanes durante el congreso del PSC. :: alberto estévez / EFE
Iceta saluda ayer tras ser ratificado como primer secretario de los socialistas catalanes durante el congreso del PSC. :: alberto estévez / EFE
  • La formación que lidera Miquel Iceta busca presentarse como la única catalanista no independentista

El PSC se encomienda a la credibilidad que ha adquirido entre sus bases al mantenerse firme en el «no es no» a Rajoy, aun a riesgo de poner en peligro sus relaciones con el PSOE, para iniciar la operación remontada y empezar a crecer, después de diferentes citas electorales en las que ha tocado fondo y ha perdido la posición central que no hace mucho ocupaba en la política catalana.

Los socialistas catalanes proclamaron ayer en su XIII congreso a Miquel Iceta como primer secretario del partido y se conjuraron para afrontar una nueva etapa, en la que se proponen «crecer en cantidad y en calidad» y tejer un «nuevo reagrupamiento socialista». El PSC, que se presenta como la única fuerza catalanista que no es independentista, es la formación que mayor fuga de votos ha sufrido en el panorama político catalán. Los más soberanistas del partido se refugiaron en Esquerra, los menos catalanistas, en Ciudadanos, y lo más de izquierdas han encontrado acomodo en las confluencias de los comunes de Ada Colau.

En solo ocho años, el PSC ha pasado de tener 25 diputados en el Congreso, los que logró con Carme Chacón en la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en 2008, a los siete actuales, el peor registro de su historia. Una paulatina sangría de apoyos que obligó al partido a cerrar filas en los feudos donde siempre ha sido importante, como es el caso del área metropolitana de Barcelona, y a limitarse a resistir a la espera de mejores tiempos.

Iceta trató ayer de marcar el punto de inflexión y llamó a los suyos a «pasar a la ofensiva» para recuperar los votantes perdidos, frente a las opciones independentistas y sobre todo el espacio de los comunes de Ada Colau. La alcaldesa de Barcelona, bajo la batuta de Xavier Domènech, se propone disputar a Esquerra la victoria en las próximas elecciones autonómicas, previstas para finales del año que viene. Iceta no oculta que está dispuesto a colaborar con las confluencias que integran a la marca catalana de Podemos, pero desde la premisa de que esta alianza de las fuerzas progresistas debe ser compatible con que puedan competir entre sí. «Hay voluntad de construir un proyecto que será plural, pero donde la marca más potente sea la de la socialdemocracia que representa el PSC-PSOE», dijo el dirigente socialista.

«Alianza»

Los socialistas catalanes plantean una «alianza catalana de progreso», una opción que les distancia cada vez más del PSOE. Así, mientras la nueva dirección federal apostó por favorecer la investidura de Mariano Rajoy, en lugar de buscar el acercamiento a Podemos, el PSC propone lo contrario. Y está por ver si para configurar una futura colaboración, como la que tiene en la actualidad en el Ayuntamiento de Barcelona, en la que el PSC apoya a Colau, o incluso en la formación de una marca electoral conjunta.

La fórmula que Iceta propone para rearmar a su partido es un giro social. «Quiero ser la cabeza visible de un partido solucionador de problemas», reclamó Iceta, que llamó a representar aquellos que peor lo están pasando, los que han perdido el trabajo y la esperanza, los que ven deterioradas sus condiciones laborales o sufren desigualdades. «El tema del encaje entre Cataluña y el resto de España me importa, pero me importa más la justicia social», afirmó. El PSC se compromete además a representar a los catalanistas no independentistas que se sienten huérfanos de representación parlamentaria, pero que quieren más autogobierno, mejorar la financiación y más reconocimiento en España y en Europa.

El socialismo catalán sabe lo que es la fuga de votos, por lo que se prepara también para pescar en el caladero de los votantes convergentes, entre los perfiles más socialdemócratas, que puedan abandonar sus siglas si el proceso catalán fracasa.