Diario Sur

Sánchez descoloca incluso a los afines con su nuevo discurso cercano a Podemos

Sánchez e Iglesias en las proximidades del Congreso antes de la reunión que mantuvieron el 30 de marzo; a la izquierda, durante el programa con Évole. :: J. C. Hidalgo / efe
Sánchez e Iglesias en las proximidades del Congreso antes de la reunión que mantuvieron el 30 de marzo; a la izquierda, durante el programa con Évole. :: J. C. Hidalgo / efe
  • El rechazo a Díaz y el tirón en la militancia evitan, aun así, un desmarque de su campaña para volver a ser líder del PSOE

Nadie en el PSOE reconoció el discurso que el pasado domingo estrenó en el programa estrella de La Sexta el ahora militante raso Pedro Sánchez. Al menos, una parte de él. Los críticos con el ex secretario general le acusan de haber declarado la guerra a todo el partido por pura ambición personal; sin embargo, ese reproche está en el guión de la batalla por el poder. Lo que no es tan ordinario es que incluso sus partidarios admitan su desconcierto ante lo que tildan de «vomitona», que «saca la cara a Podemos». No le darán la espalda, porque el 'antisusanismo' obliga, pero admiten su preocupación.

A los más cercanos al exdirigente, que ya ha puesto en marcha una campaña para intentar recuperar la secretaría general, no les inquietan tanto los reproches a Susana Díaz, la afirmación de que los poderes económicos y los principales medios de comunicación presionaron para evitar su Gobierno o su defensa de la democracia directa. «Eso -dicen- conecta con las bases».

Lo que no terminan de entender es que entrara en asuntos espinosos y fácilmente utilizables por sus adversarios, como la defensa de la plurinacionalidad de España, y que de la noche a la mañana diera una imagen de «radical» que poco tiene que ver con el perfil que cultivó durante sus dos años largos al frente del partido. Porque no es creíble, dicen, y le hace quedar como un «resentido». «Si quiere volver a ser secretario general no puede ir todo el día sangrando por la herida», dice uno de sus más fieles colaboradores.

El principal pecado de Sánchez, según otro de sus partidarios, fue, con todo, decir que el PSOE tiene que «trabajar codo con codo» con Podemos, que no debió pactar antes con Ciudadanos o que jamás debió admitir la limitación que le impusieron los barones en el Comité Federal para hablar con los independentistas; una auténtica enmienda de totalidad a su estrategia previa a las elecciones generales del 26 de junio. De ser el culpable de que no haya un Gobierno socialista, Pablo Iglesias pasó a ser un político sensato. «Me arrepiento de haber dicho que es populista», llegó a afimar.

Entierro

«Ni la defensa de Cataluña como nación ni el abrazo a Podemos ni los ataques a Felipe González -insiste un 'sanchista' más- entra bien entre buena parte de los afiliados; una cosa es que uno critique a su padre de puertas adentro y otra que le guste ver que su hermano lo hace en público. Con eso debería tener cuidado». Esos tres asuntos, según el ahora sector oficial, incapacitan al defenestrado líder para volver a ponerse al frente del PSOE. «Se ha enterrado -dice uno de sus más acérrimos críticos-. ¿Quién le va a seguir después de esto?».

La reacción de los 'gestoristas' fue, por si acaso, contundente. El andaluz Antonio Pradas, exsecretario de Política Federal y coordinador de la interparlametnaria del PSOE andaluz, replicó a los reproches a Susana Díaz (por su actitud «desestabilizadora» durante el tiempo que fue secretario general) que su federación siempre ha sido «leal». Y, sobre Iglesias y los suyos, le soltó una coz. «Él no estuvo el sábado en el debate en el Congreso, pero yo sí y vi un Podemos que aplaudió una intervención de Bildu cuando estaba reivindicando una posición que se aproximaba mucho a lo que era una defensa de los planteamientos de los terroristas y a un Podemos que aplaudió al diputado de ERC Gabriel Rufián cuando renegaba de Andalucía».

La ex vicesecretaria general del partido, Elena Valenciano, advirtió, por su parte de que, con su defensa de Cataluña como «nación», Sánchez se sitúa «fuera de los límites» del pacto interno alcanzado por todos los socialistas en la Declaración de Granada. Pero el más áspero fue, como suele ser habitual, el presidente de Aragón, Javier Lambán. «Apelo a su dignidad para que no se insulte a sí mismo con entrevistas como la de ayer», dijo tras exigir que siga los pasos de otros secretarios generales y deje la primera línea.

No lo hará y, al menos por el momento, nadie significativo entre quienes le acompañaron en el 'no' a Rajoy parece reclamárselo, aunque confíen en que module sus argumentos, aparque el rencor y adquiera «profundidad ideológica». «Pedro tiene un handicap, es cierto, pero a día de hoy es quien tiene un relato épico que tira de la militancia», concluye sin más un detractor de Díaz.