Diario Sur

El cómplice del asesino de Pioz: «Concéntrate. No falles. Buena suerte»

  • «He dudado de mí. Pensé que me daría asco. Pero luego me convencí. Estoy enfermo», confesó Nogueira a Henriques tras la matanza

Hay risas, comentarios frívolos, detalles escabrosos, pero ni una pista del móvil del cuádruple crimen. Son dos horas y media de conversación de Whatsapp. Casi un centenar de mensajes de texto, audio y fotos que el asesino de Pioz, Patrick Nogueira, intercambió con su amigo en Brasil Marvin Henriques, desde la chalet de Guadalajara.

La conversación, que ha hecho pública la Policía Civil de Paraíba y que ya ha remitido a las autoridades españolas, se encontró en el móvil de Henriques. El intercambio de mensajes comenzó a las 19:06 horas del 17 de agosto (hora peninsular española, cinco horas menos en el estado de Paraíba, donde estaba Henriques).

-«Tío, estoy esperando al cuarto integrante», revela el asesino a su amigo, tras haber asesinado a la madre, Janaína Américo, a su hija María Carolina y al pequeño David.

-«Estoy imaginando la cena. Tú llegando para matar. Ja, ja, ja», le responde su cómplice.

-«He llegado con dos pizzas y he conversado un poco», apunta el homicida.

-«¿A quién has acuchillado primero? ¿A la mujer?», le pregunta el cómplice.

-«La mujer. Después la mayor, de tres años (en realidad tenía cuatro) y después al enano de un año».

Aunque todavía Nogueira no ha matado a su primo Marcos porque éste no ha llegado a casa la conversación deriva hacia la forma de huir del chalet.

-«Sal desapercibido de allí. Sal por la misma puerta de delante. Como si fueses a pasear o algo así», le recomienda Henriques, antes de darle mensajes de ánimo para acabar con su última víctima: «Concéntrate. No falles. Buena suerte».

-«Al menos lo he hecho todo con guantes. No van a tener huellas», Nogueira intenta tranquilizar a su amigo.

«Tío, he acabado»

A partir de ese momento se interrumpe la conversación entre ambos. El intercambio de WhatsApp se reanuda brevemente sobre las 20:40 horas (hora penínsular española).

-«Dejo el móvil en la cocina. Esperándole», relata Nogueira mientras aguarda. Como su cómplice no responde, se enfada. No tiene público. «¿Estas ahí? ¿Eh? ¡Qué rabia!».

-Su amigo finalmente vuelve al teléfono y frivoliza: «Ja, ja. Patrick el asesino».

Luego no hay más referencias expresas sobre el homicidio del padre de familia. Un lacónico «tío, he acabado», da a entender que acaba de matar a su tío. El homicida envía fotos desde la cocina del chalet y selfis con los cuerpos y algún mensaje de audio. Nogueira pasa a pensar en las consecuencias de lo que ha hecho. «Si me detuviera aquí (en España) no me importaría. Tendría una celda solo para mí».

Un poco más tarde, el asesino múltiple reflexiona ante su amigo. Primero muestra su preocupación porque al final los cuerpos van a terminar oliendo y los van a encontrar. Después, se olvida del asunto, y se muestra satisfecho de lo que acaba de hacer: «He llegado a dudar de mí. Pensé que me iba a dar asco. Pero luego me convencí. Estoy enfermo».

La Guardia Civil no tenía constancia de esta conversación. Es más, los mandos de la investigación aseguraron tajantes que Nogueira solo se conectó al móvil en dos ocasiones sobre las 18:00 horas. La Guardia Civil también había asegurado que el asesino no había contado con cómplice alguno.

Por otro lado, y según ha desvelado la cadena Globo de Brasil, Patrick Nogueira se ha tatuado un «17» en números romanos (XVII) en su pectoral derecho para conmemorar la fecha de la matanza de Pioz, el 17 de agosto. Pero en realidad, ese guarismo se ha repetido tres veces en este crimen. El 17 de agosto perpetró la matanza. El 17 de septiembre fueron hallados los cuerpos de las víctimas por el olor que desprendían. Y el 17 octubre el homicida se entregó a España.

Henriques ha confesado a la Policía brasileña que el asesino consideraba el 17 como un «día ruin».