Diario Sur

Rajoy se enfrenta a la búsqueda de aliados en un Parlamento de trincheras

  • La crisis del PSOE, el portazo de la izquierda y el plante de Convergència alzan a Ciudadanos y el PNV como actores clave

«Un partido roto y dividido difícilmente podrá ayudar a la gobernabilidad». El análisis parte de la Moncloa y del escrutinio de la crisis en la bancada socialista. El temor real, sin embargo, es el de que, por extensión, un Parlamento fragmentado con las fuerzas políticas atrincheradas en sus posiciones frustre una legislatura necesitada de pactos y que avanzará bajo la amenaza constante de elecciones anticipadas.

La etapa que se inaugura esta semana presenta varios elementos inéditos. No es la primera vez que un presidente gobierna en minoría, una situación que ya de por sí conlleva una cierta inestabilidad política. Ya lo hicieron antes que Mariano Rajoy, sin ir más lejos, José María Aznar entre 1996 y el 2000, y José Luis Rodríguez Zapatero en su segundo mandato. Pero ninguno de los dos contaba con un número de diputados tan exiguo y ninguno se enfrentaba a un Congreso tan reticente a llegar a acuerdos con el Gobierno.

Si una conclusión han extraído los populares esta semana es la de que sus 137 diputados y el futuro Ejecutivo deberán extremar sus habilidades de seducción política y diálogo y estar preparados para los constantes reveses. En el PP se han tomado el debate de investidura como un ensayo general de los tiempos venideros y el panorama no es alentador. Superada la euforia del aplauso al presidente reelegido, saben que ponerse manos a la obra no será tarea fácil.

Definición de espacios

Para que dos puedan encontrarse, primero han de definir su propio espacio. Y la oposición está aún inmersa en ese proceso tras diez meses de bloqueo que han dejado traumado al Congreso. Especialmente, a la segunda fuerza política, que vive estos días la resaca de su abstención para frenar una nueva convocatoria electoral.

El PSOE da sus primeros pasos de la legislatura fracturado, sin líder y con el debate orgánico por resolver. Sangrando por la herida de haber permitido que Rajoy continúe en la Moncloa, no se encuentra en la mejor forma para sellar pactos con el PP a lo largo de la legislatura. Y ese estado de depresión es el que anima a Podemos a aprovechar la coyuntura y hacerse hueco.

Pero la formación de Iglesias, que ambiciona ocupar toda la bancada de la izquierda, tampoco tiene resueltos sus debates internos. Sin distinguir dónde acaba la divergencia real entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, y dónde empieza la «teatralización» enmarcada en la estrategia, en el Gobierno creen que de cómo resuelvan sus diferencias dependerá su futuro. Mientras tanto, sin embargo, al PP le cuesta distinguir quién es el interlocutor válido del partido para las negociaciones, cuando el portavoz en el Congreso, Errejón, sigue siendo enmendado por el líder de Podemos.

En el espectro de la izquierda, tampoco parecen surgir posibles socios puntuales para dar estabilidad a la legislatura. Los partidos pequeños se han girado contra el PSOE, al que acusan de haber traicionado a su electorado tras la caída de Pedro Sánchez en la secretaría general y han plantado cara al Gobierno, igual que Convergència, que promete hacer de esta legislatura un «calvario» para Rajoy.

Quizás la mejor fotografía del momento es la de los socialistas en la Cámara baja reivindicándose en pie frente a los agravios del portavoz de Esquerra, Gabriel Rufián, que este sábado tildaba al partido de «iscariote» por «doblegarse ante la cacique» Susana Díaz. «No se puede negociar desde el odio y el rencor», advertía desde Coalición Canaria Ana Oramas. Y en el aplauso en defensa de la segunda fuerza política, acompañaban al PSOE los diputados del PP, de Ciudadanos y del PNV.

Tanto en la formación de Albert Rivera como en la de los nacionalistas vascos deberá buscar Rajoy el sostén. Es ahí donde tendrá que emplearse a fondo en la negociación, en primer lugar, de los Presupuestos Generales del Estado. Por un lado, la baza del Ejecutivo será la aprensión del partido liberal a otras elecciones que se lleven su fortaleza por delante. Por otro, el pragmatismo del PNV, que podrá hacer valer, como nunca antes, sus cinco escaños para lograr sus propios objetivos.