Diario Sur

El presunto asesino de Vanessa, un 'nini' conflictivo

  • Rubén Mañó, de 21 años, pasaba el día trapicheando y de broncas en los pueblos de la comarca de Chella

Valencia. «A mí me conocen bien dos o tres personas, el resto sabe de mí lo que yo quiero que sepan». La frase, compartida hace unos días en una red social por Rubén Mañó Simón, el presunto asesino de Vanessa (la chica que apareció muerta el pasado viernes en la localidad valenciana de Chella) cobra ahora especial significado al tratar de escarbar en la personalidad de este joven de apenas 21 años, presunto autor del crimen.

«Estaba peleado con media comarca de la Canal», recuerda un vecino de Chella que vivía cerca de su domicilio. Y es que, pese a su juventud, Rubén acumulaba toda una serie de enfrentamientos y pugnas, ninguna de ellas especialmente grave eso sí, hasta lo ocurrido el pasado miércoles, cuando presuntamente acabó con la vida de Vanessa.

Tratar de ahondar en su actual profesión es todo un misterio: «Era un 'nini'». Su 'ocupación' actual, según comentaron varios vecinos, «era trapichear con marihuana e ir de fiesta, poco más».

Los estudios tampoco habían sido lo suyo, recuerdan algunos compañeros de clase, quienes aseguran de él que «no pasó de primero de la ESO» y dejó las aulas, aunque posteriormente sí pudo retomar los estudios y obtener un módulo en el instituto de la localidad de Enguera.

«No era lo que podríamos llamar una mente privilegiada», recuerda este conocido, quien definió a Rubén como «un personaje» en el mal sentido del término. «A una chica de Chella que tuvo de pareja hace algún tiempo la trató bastante mal y tenía una orden de alejamiento de ella», recordó un vecino. Asimismo, en otra ocasión fue condenado por un mandato judicial a realizar ocho horas al día de trabajos sociales en el municipio durante un mes.

La relación que Rubén mantenía con Vanessa, la malograda joven, era de simple amistad, según recalcaron varios vecinos, incluido el alcalde del municipio. Incluso las dos familias mantenían una cierta relación y no era extraño ver juntos a varios de sus miembros.

Alguno de los amigos afirma que Rubén «comenzó comportándose muy bien con Vanessa y sus amigas. Era muy amable con ellas». Eso sí, también le había ofrecido en alguna ocasión «algún porro, pero nada de droga», matizan conocidos de la joven fallecida, quienes insistieron en que «ella nunca quiso probarlas».

Cuando se le pregunta a los vecinos que conocían a Rubén sobre cuáles eran sus aficiones, todos guardan un silencio pensativo para acabar diciendo que el único pasatiempo que se le puede atribuir y que esté dentro de la legalidad es «ir al gimnasio». «Su vida no tenía sentido», explicó otro vecino quien recordó haber discutido en alguna ocasión con él por una cuestión baladí: «Por cualquier cosa que no le gustara se enfadaba y te podría crear un problema».