Diario Sur

Pedro Sánchez, carioacontecido, en su comparecencia de ayer en el Congreso. :: Susana Vera / reuters
Pedro Sánchez, carioacontecido, en su comparecencia de ayer en el Congreso. :: Susana Vera / reuters

Sánchez renuncia al escaño y declara la guerra a la dirección interina del PSOE

  • El ex secretario general avisa de que intentará recuperar el cargo tras exigir que se ponga fecha al congreso del partido

No habrá paz en el PSOE. Si el nuevo poder fáctico del partido, con Susana Díaz a la cabeza, creía haber sepultado a Pedro Sánchez, se equivocó. Débil, sin la visibilidad que le proporcionaría un escaño en el Congreso y sin apenas apoyo orgánico, el ex secretario general dejó claro ayer que seguirá dando guerra. En su despedida de la Cámara baja, horas antes de la votación definitiva que permitió a Mariano Rajoy convertirse de nuevo en presidente del Gobierno gracias a la abstención socialista, anunció ya sus intenciones de presentarse a las próximas primarias internas para tratar de recobrar el trono perdido.

«A partir del lunes cojo mi coche para recorrer de nuevo los rincones de España y escuchar a quienes no han sido escuchados, que son los militantes. Vamos todos juntos a recuperar el PSOE», dijo. Sánchez se abrazó ya en su caída, el 1 de octubre, a la bandera de la democracia directa y en ella sigue confiando como tabla de salvación futura. Que su posición sea la dominante entre el grueso de las bases es algo que está por ver en un partido en el que buena parte de los afiliados tienen, de una manera u otra, vínculos orgánicos. Pero, en todo caso, es cierto que hay un porcentaje importante de las bases que está viviendo la abstención frente al PP como una traición. Y eso le permitirá, como poco, seguir haciendo ruido una termporada.

Es eso lo que enfadó a la gestora. La renuncia de Sánchez a su escaño era, a juicio de sus críticos, lo más lógico. La suya era una situación imposible. Y él mismo lo reconoció al explicar su marcha, en una comparecencia en la sala de prensa del Parlamento, a las 12:30 de la mañana. O se abstenía y claudicaba frente a aquellos que le ganaron el pulso interno o votaba 'no' e incumplía las mismas normas internas que durante dos años han legitimado cada una de sus decisiones y en las que tendría que ampararse en un futuro si llegara a recuperar el cargo perdido. Eligió no hacer ninguna de las dos. Pero, aun con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, demostró una vez más que si muere, morirá matando.

Tercera vía

Militancia al margen, Sánchez cuenta con un motor a su favor y es el rechazo que genera la presidenta de Andalucía en buena parte del partido. Son muchos, pues, los que inicialmente remarán a su favor aunque no lo terminen de ver como el mejor líder. Él mismo dejó entreabierta la puerta a dar un paso al lado, llegado el momento, para dejar que sea otro quien ocupe el puesto. «Quien quiera trabajar por recuperar un PSOE unido y fraternal, quien quiera construir un PSOE donde la militancia decida -prometió- me tendrá a su lado».

Entre sus afines algunos piensan en el exministro Josep Borrell, que según algunas fuentes se ve con pocas ganas de dar ese paso a los 70 años. Y otros, en el exlehendakari Patxi López. En todo caso, es difícil anticipar nada sin saber siquiera cuándo tendrá lugar el próximo congreso federal, para el que Susana Díaz no tiene demasiada prisa.

Sánchez aprovechó su «hasta luego» para denunciar ese hecho. El presidente de la gestora, Javier Fernández, lleva semanas defendiendo -y volvió a hacerlo ayer- que antes de poner fecha al cónclave que ha de elegir la nueva dirección del partido hay que cerrar heridas y recuperar el sosiego, porque lo que hace falta es un congreso de «reconstrucción». El defenestrado líder fue más allá, habló de «refundación» («un narcisismo desorejado», reprochan en el ahora sector oficialista) y argumentó que con la elección de Rajoy como presidente del Gobierno «expira el mandato» de la comisión interina, que desde ya debe poner «fecha, día y lugar» a las primarias.

Sánchez tiene prisa porque no quiere que el efecto de sus gestos hacia las bases, ante las que se ha presentado como mártir, se diluya. De hecho, convirtió su declaración de renuncia al escaño en su primer acto de campaña. «Deseo contribuir a dar a la política un sentido de fidelidad a la palabra dada y un sentido de compromiso que va más allá de la conveniencia personal -dijo-. Quiero dejar constancia de que tengo otra visión de hacer política y que considero que la democracia se debe nutrir cada vez más de la necesaria ejemplaridad y de las nuevas maneras de participación ciudadana».

Pero también fue a lo más prosaico. Y reclamó a la gestora, no sólo que no castigue con sanciones a quienes en la votación de este sábado optaron por no cumplir la disciplina interna, sino que no rompa con el PSC cuyos diputados votaron 'no' en bloque. El asunto no es menor porque si se optara por sacar al partido catalán de los órganos de dirección para convertirse en meros socios electorales, al estilo de la CDU y la CSU alemanas -como se plantea Javier Fernández-, el PSC no podría votar en el congreso y Sánchez perdería en el eventual uno de sus principales apoyos (y el que más militantes puede aportarle). «Somos muchos -avisó- los que defenderemos el actual marco de relación».