Diario Sur

Una marcha entre el golpe y la nostalgia

Cabecera de la manifestación 'Rodea el Congreso :: óscar chamorro
Cabecera de la manifestación 'Rodea el Congreso :: óscar chamorro
  • La protesta en contra de la investidura reunió a varios miles de personas, menos de las que esperaba la organización

Donde las doce campanadas como los quince noes del PSOE a Rajoy, donde se abrazan los caminos, donde nació el 15M, donde de pronto les falta la cartera a los turistas y a veces se dan de piñas Peppa Pig y Dora la Exploradora, en ese espacio alargado, pequeño e inconmensurable que es la Puerta del Sol, epicentro de la España extraña, entró una batucada de tipos barbudos vestidos de rosa, como una murga venida a menos.

En mitad de la matraca, surcaba el cielo un helicóptero de la Policía Nacional al que gritaron desde abajo «hijos de puta» como si les oyeran. Un corrillo teorizaba sobre Suresnes, una veintena de jubilados cantaban la Internacional con el puño en alto y de fondo, un grito: «Que no nos representan». En ese mismo instante, a 300 metros de allí, en el Congreso dcomenzaba la votación de la investidura de Rajoy. Esa infranqueable frontera de los antidisturbios de la calle Cedaceros -«Asesinos, basura, escoria y vergüenza»- separa dos mundos que se miran y no se reconocen: a un lado, se celebra la democracia, a otro, se denuncia un golpe que Elena Martínez, líder de Izquierda Castellana, asistente de Bildu en el Congreso y convocante de la marcha, estuvo a un tris de definir como «golpe de Estado». Dudó en la respuesta, pero lo dejó en «golpe de la mafia» y la mafia es todo, incluida «una parte del PSOE», no todo.

A esto le suman ustedes anarquistas, independentistas castellanos, comuneros, podemitas, socialistas cabreados, simpatizantes de la izquierda abertzale, una que reparte abrazos gratis, el de la pancarta de Lorca, los críos que vinieron con sus padres, los optimistas y los chinos que venden cervezas de un carrito y no es que haya dos Españas, es que hay 17.

Menos numerosa

El de la pancarta de Lorca salió de casa el 30 de septiembre. Le dijo a su mujer que se iba a dar de comer a las palomas y enfiló a Madrid a salvar al soldado Sánchez. Uno de octubre en Ferraz. No se tienen noticias de su mujer, pero desde que salió ese hombre de casa y se enredó de protesta en protesta se le fue haciendo grande la pancarta. Ese mes, lo que ha durado este lío en torno a la abstención del PSOE que ha rematado con la marcha de ayer por Madrid. El de Murcia iba en primera fila de la manifestación, menos numerosa que aquella del 25 de septiembre de 2012 en la que decenas de miles de personas cercaron la Carrera de San Jerónimo y remataron la fiesta con decenas de heridos. Venía la izquierda a reverdecer los laureles de la calle y sin hacer cálculos de manifestómetro, cuando llegaban a Cibeles ya habían salido de Neptuno. Esto son 400 metros de calzada de cuatro carriles. Más adelante, por la Gran Vía, al trasluz perfecto del atardecer por Sol como el de un videoclip, se juntaron muchos más: «Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra».