Diario Sur

El tono beligerante del portavoz del PSOE contra el PP no sutura la herida interna

Pedro Sánchez y Antonio Hernando se saludan con bastante menos frialdad que el día anterior. :: Juan Carlos Hidalgo / efe
Pedro Sánchez y Antonio Hernando se saludan con bastante menos frialdad que el día anterior. :: Juan Carlos Hidalgo / efe
  • Hernando, hasta hace menos de un mes partidario del 'no' a ultranza, avisa al líder del PP de que su «abstención no es de legislatura»

Nada de lo que hubiera dicho el portavoz del PSOE, Antonio Hernando, en la tribuna de oradores habría servido para aliviar a su partido el trago de la abstención frente al PP. Y no porque, en abstracto, su discurso no fuera eficaz (hasta sus críticos le reconocen una oratoria solvente) sino porque, a estas alturas, la herida interna es demasiado grande como para que la promesa de que se ejercerá una oposición rocosa pueda servir de bálsamo. «Estamos convalecientes -admite un veterano dirigente territorial- y como a todo enfermo lo que nos hace falta es tiempo y un buen tratamiento».

Quienes apoyan a la gestora sostienen que será el ejercicio parlamentario lo que pondrá a cada uno en su sitio. Ayer fueron muchos los que, desde la bancada socialista, vivieron con pesadumbre el protagonismo de Pablo Iglesias y su vivo cara a cara con el presidente del Gobierno en funciones. «Cada vez será peor -dice un 'sanchista' de primera hora-; nos iremos diluyendo en un bocadillo infernal y sin liderazgo». Los oficialistas, en cambio, lo ven al revés. Incluso aseguran que, si persevera en su actual estrategia (la de «cavar trincheras»), Iglesias no es rival.

«El problema -dice un afín a Susana Díaz- lo tendríamos si el líder de Podemos fuera Errejón». Su tesis es que el potencial votante socialista nunca ha comulgado con posiciones radicales y que, aunque cueste convencerle de que su decisión de no ir a elecciones era lo más sensato para evitar que el PP saliera fortalecido, las iniciativas legislativas que lideren les permitirá recuperar su confianza.

El líder de Podemos ha dejado claro que no tiene la más mínima intención de unir fuerzas con los socialistas en la Cámara baja «por muy rojos que se pongan». Y no lo hará porque quiere hacerse con su espacio. Pero el PSOE cree que a la hora de la verdad no le quedará más remedio que apoyar sus proposiciones de carácter social. Hernando enumeró en su intervención algunas de las que consideran prioritarias: la creación de un ingreso mínimo vital para las familias sin recursos; el impulso de un Pacto de Estado por la Educación que derogue la Lomce; el derecho efectivo al subsidio por desempleo a los trabajadores maduros con cargas familiares y a los parados de larga duración mayores de 52 años o la supresión del copago farmacéutico para pensionistas y enfermos crónicos. «Nuestra abstención es de investidura, no de legislatura», dijo una y otra vez.

«Día infame»

La insistencia del también presidente del grupo parlamentario socialista en ese discurso, no ahorró ayer, en todo caso, las críticas ácidas del resto de fuerzas de la izquierda, desde Podemos, a Izquierda Unida, pasando por Esquerra Republicana de Catalunya o Compromís. «La historia les perseguirá y recordará el día infame en el que perdieron su alma socialista», llegó a espetarles Joan Baldoví.

Hernando, el primero en hablar, ya había previsto esos ataques y, no en vano, cerró su intervención con la respuesta por adelantado. «Nunca le fue fácil al PSOE tomar decisiones de naturaleza compleja. Siempre escuchamos las mismas descalificaciones y amenazas, y siempre provenientes de los mismos sectores. Pero el tiempo nos dio la razón», dijo en alusión al abandono del marxismo, la reconversión industrial o la entrada en la OTAN.

Sus palabras fueron aplaudidas por el grupo socialista (con alguna excepción entre los críticos y un gesto poco entusiasta de Pedro Sánchez), pero muchos en el PSOE admiten que su credibilidad como partido está dañada y que en poco ayuda que la defensa de su posición haya recaído en quien, con la misma contudencia que ayer defendió que «no hay razones para mantener el bloqueo», conminaba al líder del PP en agosto a perder «toda esperanza» de que le permitieran gobernar.

No hubo, pues, punto de inflexión en la bronca interna. Los críticos siguen molestos porque no se quiera reducir a solo once diputados la abstención frente al PP y achacan esa decisión directamente a Susana Díaz en un intento de imponerse al 'sanchismo'. «Quiere que ni siquiera podamos repartirnos las cenizas», dice una antiguo miembro de la ejecutiva. Con todo, es poco probable que la indisciplina vaya mañana, en la votación clave de la investidura, más allá de quince diputados.

En la dirección interina ya empiezan a minimizar el daño. Creen que todo puede reducirse a las no militantes Margarita Robles y Zaida Cantera, a algún diputado libre, a Sánchez y al PSC. Y si es así, arguyen, no será para tanto. «No todo es lo mismo; el ex secretario general es uno más del PSOE, mientras el PSC no es el PSOE», dijo, con paños calientes, el número dos de los socialistas andaluces, Juan Cornejo.