Diario Sur

Iglesias acentúa la lucha con el PSOE por la hegemonía de la izquierda

Pablo Iglesias conversa con Alberto Garzón en un momento de la sesión de ayer. :: Chema Moya / efe
Pablo Iglesias conversa con Alberto Garzón en un momento de la sesión de ayer. :: Chema Moya / efe
  • El líder de la coalición progresista centra sus ataques en los socialistas y les avisa de que «el tiempo pondrá a cada uno en su sitio»

Si las relaciones entre PSOE y Unidos Podemos nunca han sido buenas, todo apunta a que a partir de ahora irán aún peor. El primer asalto en el combate que los dos partidos mantendrán a lo largo de esta legislatura por la hegemonía de la izquierda se vivió ayer durante el debate de investidura de Mariano Rajoy. El fuego lo abrió el socialista Antonio Hernando cuando acusó a Podemos de haber impedido un Ejecutivo con un presidente del PSOE. Y la andanada fue respondida minutos después por Pablo Iglesias con todas las armas a su disposición. La investidura de Rajoy, reprochó a los socialistas, saldrá adelante mediante un «abstencionazo» que logrará lo que no se consiguió en las urnas. Esto es, que el PP continúe en el poder.

Iglesias recuperó su tono más duro para intervenir en esta tercera investidura, el mismo que utilizó para acusar a Felipe González de tener «las manos manchadas de cal viva» durante la intentona fallida de Pedro Sánchez el pasado marzo. «Ustedes, aunque les cueste reconocerlo, están más cerca del PP que de nosotros», espetó a Hernando antes de avisarle de que, a diferencia del PSOE, Unidos Podemos «nunca pasará por el aro» de los populares y ejercerá «una oposición de verdad». Fue ese un guiño claro a la militancia socialista. El partido del 'no es no' a Rajoy ya solo es Unidos Podemos, vino a decirles su líder.

Sobre «la triple alianza» que mantendrá a Rajoy en la Moncloa, Iglesias vaticinó que «el tiempo pondrá a cada uno en su sitio». Y uno de ellos será Hernando, al que reconoció en tono burlesco lo duro que le debió resultar descabalgar a Pedro Sánchez de la Secretaría General.

Como broche final, el secretario general podemista acusó a la nueva dirección del PSOE de traicionar la memoria de los viejos socialistas que, como su abuelo, fueron a la cárcel por defender sus ideas.

«Delincuentes potenciales»

Aunque el PSOE fue su principal objetivo, Iglesias midió al milímetro su tiempo para poder disparar contra todos. A los populares por ser el partido de 'Gürtel', de los recortes, del paro y de la desigualdad. A Ciudadanos por apuntalar al peor PSOE en Andalucía y a Rajoy en Madrid. Hasta a Santiago Carrillo -«al que se le perdonó reunirse con Stalin»- le reprochó el haber dicho que sí a todo durante la transición.

La traca final la prendió cuando, en referencia a la manifestación de 'Rodea el Congreso', afirmó que «existen más delincuentes potenciales en esta cámara que ahí fuera». La afirmación llevó a la presidenta del Congreso exigirle respeto al honor de la cámara y los diputados pero, lejos de rectificar, Iglesias se mantuvo en sus trece. «Me debo al honor de mi patria y de los ciudadanos de este país, y no de esta Cámara», respondió. «Cuando se pronuncie en este hemiciclo la palabra delincuente ustedes se deberían callar», insistió después a la bancada popular.

El turno de réplica fue un toma y daca entre Rajoy e Iglesias. Si el primero confesó que no es hábil en el manejo de Twitter, el segundo le reconoció su destreza con los SMS en una clara alusión a Bárcenas y el ya famoso «Luis, sé fuerte». Cuando el líder del PP aseguró no tener miedo a las manifestaciones, el de Unidos Podemos le cuestionó sobre si tampoco teme a los jueces y los registros policiales en la sede de Génova 13. Rajoy tampoco se quedó atrás. «Todo el mundo sabía que yo no era perfecto pero no sé si todo el mundo sabía que alguien más no es perfecto», contraatacó para golpear con la soberbia que muchos atribuyen a Iglesias.

Las diferencias en el seno de Podemos quedaron aparcadas ayer para cerrar filas en torno a su secretario general. Íñigo Errejón, más inclinado a mantener las formas en los debates, celebró un discurso que coloca a Unidos Podemos como «la alternativa para un horizonte mejor en España». «Asumismos la labor de oposición a Rajoy», zanjó el número dos. Errejón ni siquiera criticó la dureza de su jefe de filas, algó que si hizo en ocasiones pasadas. Según justificó, Iglesias solo se hizo eco de lo que dicen los tribunales.

La tensión vivida por la mañana se trasladó la tarde cuando Rafael Hernando, portavoz popular, acusó a Iglesias y otros dirigentes de haber cobrado cuatro millones de dólares de dictaduras. La negativa posterior de Ana Pastor a permitir un truno de réplica por alusiones llevó a los diputados de Podemos a abandonar el hemiciclo como protesta.