Diario Sur

Rajoy será reelegido el sábado con el deseo de agotar otros cuatro años en la Moncloa

El líder del PP, en el último debate de investidura. ::  j. c. h. / efe
El líder del PP, en el último debate de investidura. :: j. c. h. / efe
  • El presidente promete «el doble de esfuerzo» para pactar las materias controvertidas y lograr una legislatura duradera

Han tenido que transcurrir nueve meses para que la realidad se ajuste a las expectativas de Mariano Rajoy. El mismo candidato del PP que el 22 de enero declinó el encargo del Rey de someterse a una investidura imposible, aceptaba ayer solicitar la confianza del Congreso «sin más demora y sin ningún tipo de recelo». Esta vez sí, las «circunstancias» encajan con los planes del presidente, que gracias a la abstención del PSOE tendrá la oportunidad el sábado de ser reelegido y construir el Gobierno «duradero y estable» que prometió ayer desde el palacio de la Moncloa.

«Mi voluntad y lo que voy a intentar -avanzó- es que la legislatura dure cuatro años». Pero no lo tendrá fácil. Pese a ser la primera fuerza política, los 137 diputados del PP en una Cámara baja fragmentada de 350 escaños no garantizan la gobernabilidad. Por ahora, Rajoy podrá solventar lo que se ha convertido a estas alturas en un mero trámite, la investidura, gracias al respaldo de Ciudadanos y Coalición Canaria, y la abstención del PSOE para facilitar su reelección. Pero el jefe del Ejecutivo no se atreve a concluir que ambos gestos sean el preludio de un entendimiento continuado.

No es eso lo que Rajoy ha concluido de sus contactos con el representante de la gestora de los socialistas. «He hablado con Javier Fernández, pero no hay acuerdo entre PP y PSOE, hay una decisión del PSOE de abstenerse y favorecer que España tenga un Gobierno, y a partir de ahí yo tengo la obligación de intentar gobernar y buscar el mayor número de apoyos posibles», reconoció el presidente, que se topará con su primer examen serio en la aprobación las próximas semanas de los Presupuestos Generales del Estado.

En su entorno están dispuestos a hacer de la necesidad virtud. «Ni los apoyos de la investidura tiene por qué ser repetirse para sacar adelante los Presupuestos, ni los votos en contra de la elección de Rajoy tienen por qué mantenerse a lo largo de la legislatura», reflexionan en el Gobierno. En suma, todo aboca a la «geometría variable» con la que gobernó José Luis Rodríguez Zapatero y que obligará al Ejecutivo «a beber de muchos pozos» para avanzar.

La legislatura se convertirá, así, en un toma y daca entre las fuerzas políticas, y Rajoy empieza a analizar ya las materias en las que podrá ceder en pos de los acuerdos. El presidente concretó en su comparecencia en la Moncloa tras abandonar la Zarzuela, algunas de las «cosas buenas» que, a su juicio, contiene la resolución aprobada por el PSOE el pasado domingo. En materia de pensiones, educación y financiación autonómica, el jefe del Ejecutivo ve terreno por explorar.

Son asuntos que él había planteado o bien como prioritarios, es el caso de la convocatoria del Pacto de Toledo y la reforma de la financiación de las comunidades, o bien como susceptibles de ser revisados. Así, recuerda que, en cuanto a la polémica Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), ya anticipó el 30 de agosto, en su primer intento de ser investido, su disposición a alcanzar un pacto global.

Otras reivindicaciones socialistas incomodan algo más al Gobierno del PP, que defendió hasta la extenuación su legislación laboral y la ley de seguridad ciudadana que ahora el PSOE quiere derogar. Aun así no hay asuntos vetados. Ni tan siquiera la espinosa reforma constitucional, que los populares acogen con recelo. En la Moncloa contemplan que se ponga en marcha una ponencia parlamentaria en la que pueda abordarse la modificación de la Carta Magna y derivar en cambios de mayor o menor calado, según la capacidad de consenso.

Puesta en escena

«Estoy dispuesto a incidir en los temas que nos unen y a aparcar los temas que nos separan, o hacer el doble esfuerzo para que dejen de separarnos», llegó a declarar Rajoy, que promete reservarse para sus conversaciones con los grupos parlamentarios. Ese será el 'leit motiv' de su discurso de investidura. A las seis de esta tarde, el candidato del PP subirá a la tribuna de oradores del Congreso con un programa de Gobierno que, según sus palabras, no diferirá en mucho del que presentó el pasado agosto.

En esta ocasión cobrará fuerza el ofrecimiento de diálogo y los llamamientos a «la responsabilidad y el compromiso» del resto de formaciones para dejar de lado los «maximalismos» y enterrar los meses de bloqueo. Ese es el temor en la Moncloa, que las motivaciones que paralizaron la vida política tras el 20 de diciembre impidan ahora gobernar.

Como declaración de intenciones, Rajoy asumirá hoy, en la primera jornada del debate de investidura, las 150 medidas firmadas con Ciudadanos y tenderá la mano al PSOE. Es el momento de la política de gestos. Así que a partir del sábado, cuando su elección se consume en la segunda votación, el presidente lanzará su siguiente mensaje en forma de nuevo Gabinete. En el PP intuyen que su líder apostará por ministros con un perfil dialogante y negociador, aunque él insiste en que aún no ha «perfilado» su equipo.

«Me temo que no ha encontrado titular», bromeó Rajoy con un informador que preguntaba por su equipo mientras la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se tapaba la boca para sonreír, sentada junto la secretaria general del PP, su eterna competidora y ahora ministrable María Dolores de Cospedal.