Diario Sur

Los imanes de Ibiza radicalizaban a niños en un centro autorizado por Justicia

Guardias civiles escoltan a uno de los dos imanes detenidos ayer en Ibiza. :: Sergio G. Cañizares / efe
Guardias civiles escoltan a uno de los dos imanes detenidos ayer en Ibiza. :: Sergio G. Cañizares / efe
  • Los dos, que ya fueron arrestados por pegar a sus alumnos, enseñaban en una comunidad incluida en el Registro de Entidades Religiosas

Esta vez no era una sala de oración alegal en una vivienda privada, en un garaje o en la trastienda de una carnicería. El adoctrinamiento de los niños y adolescentes se hacía a 'la luz del día', en unas instalaciones totalmente legales y con todas las bendiciones de la administración, que debía haber controlado las enseñanzas que allí se impartían. Los imanes de Ibiza hacían apología yihadista ante decenas de menores en un centro de una comunidad islámica, que está aceptado en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, según la documentación a la que ha tenido acceso este periódico. La administración tampoco tomó cartas en el asunto cuando los dos 'líderes' religiosos arrestados ay ya fueron detenidos en 2010 por supuestos malos tratos a los que acudían a la madrasa.

Los arrestados son los marroquíes A. E. M. de 31 años, el imán principal de la mezquita Masllid el Fath de Sant Antoni de Portamany, a 17 kilómetros al oeste de la capital de la isla, y J. R, de 35 años, ayudante del líder religioso. Según mandos de la investigación, los dos impartían sus enseñanzas radicales a los niños, en horario extraescolar, en los bajos del número 6 de la avenida Isidoro Macabich de la localidad, sede física de la mezquita, pero también la sede social de la denominada 'Comunidad Mezquita el Fath de San Antonio', reconocida oficialmente como «entidad religiosa» por Justicia desde abril de 2002 y que, según la documentación oficial de este departamento, está adscrita a la Unión de Comunidades Islámicas de España (Ucide).

En 2010

La administración reconoció hace catorce años a la comunidad que gestionaba la mezquita en su «sección especial» por tratarse de una «comunidad religiosa» con la que existía un «acuerdo o convenio de cooperación con el Estado». Justicia no expulsó ni revisó estos convenios cuando en julio de 2010 los dos detenidos fueron denunciados por una docena de niños que asistían a su escuela coránica, que aseguraron que ambos les golpeaban con varas durante las lecciones. La Guardia Civil detuvo a ambos después de comprobar que los pequeños presentaban marcas longitudinales en brazos, cabezas y espaldas. Pero el caso se archivó en enero de 2011 porque los padres de los niños que asistían a la madrasa no quisieron seguir adelante con el proceso. El Ministerio del Interior se mostró ayer especialmente «preocupado» por la influencia que ambos individuos tenían sobre los «integrantes de la comunidad islámica de la isla», destacando como «especialmente grave» el ascendiente que los dos tenían sobre los «menores que asistían a las clases impartidas por ellos mismos en la mezquita».

Más allá de sus enseñanzas a los niños, los dos imanes, según la Guardia Civil, estaban volcados en «labores de apoyo» al Daesh en internet y las redes sociales desde que en 2012 comenzara el éxodo masivo hacia Siria e Irak de los denominados combatientes para integrarse en las filas del entonces incipiente Estado Islámico.

La Guardia Civil, que para esta investigación ha contado con la ayuda de la Dirección General de la Vigilancia del Territorio (DGST) marroquí, sostiene que el imán A. E. M. utilizaba su perfil personal de Facebook tanto «como plataforma para difundir propaganda» del Daesh, como para realizar gestiones propias de la comunidad islámica que dirigía. Además, desde este perfil, «mostraba públicamente su apoyo al grupo terrorista, facilitando el acceso a productos mediáticos» del autodenominado 'Califato', desde vídeos a publicaciones yihadistas.

Fuera de internet, en sus sermones y ante la comunidad islámica de la isla, los arrestados hacían continua apología del «ideario salafista radical», ensalzaban a los terroristas del Estado Islámico y fomentaban «sentimientos de odio». Su radicalidad -destacan los servicios antiterroristas- habría provocado que buena parte de la comunidad islámica de Sant Antoni dejara de frecuentar la mezquita y su centro cultural.