Diario Sur

Rajoy acepta negociar con el PSOE la obra legislativa que forjó con su mayoría absoluta

Rajoy conversa con el portavoz del PP catalán, Xabier García Albiol, al que presentó ayer en un desayuno informativo. :: Susana Vera / reuters
Rajoy conversa con el portavoz del PP catalán, Xabier García Albiol, al que presentó ayer en un desayuno informativo. :: Susana Vera / reuters
  • El Gobierno está dispuesto a «revisar» la reforma laboral o la educativa para intentar una legislatura completa de cuatro años

Mariano Rajoy comenzó ayer a sentar las bases de una legislatura que transcurrirá bajo la amenaza de elecciones anticipadas. El concurso de la oposición será tan indispensable para hacer posible la gobernabilidad, que el presidente del Gobierno en funciones asume ya que prácticamente todo será negociable. Incluido su propio legado. De ahí que ayer tendiera la mano a los socialistas después de que el Comité Federal del domingo se inclinara por la abstención que facilitará la investidura del líder del PP. «Me pongo en el lugar del otro -avanzó el jefe del Ejecutivo-, he leído la resolución que aprobó el PSOE y hay cosas que son buenas sobre las que se puede hablar en el futuro».

El presidente se guarda los «detalles» para el debate de investidura en el Congreso. De momento, no ha querido concretar los proyectos que está dispuesto a abordar y consensuar en este nuevo mandato, pero fuentes de la Moncloa aseguran que apenas se fijarán líneas rojas en cuanto a las materias. Si en su documento, el PSOE se propone «derogar» la reforma laboral, la ley educativa y la de seguridad ciudadana, dirigentes del PP aceptan «revisar» todo lo que sea necesario y entienden que la oposición necesite emplear términos maximalistas.

«Ellos hablarán de derogar, nosotros de reformar», vaticinan en los pasillos del Congreso, donde no esperan que el presidente elabore una oferta de pactos muy distinta a la de la anterior investidura. Desde el Gobierno se concede, de hecho, una mayor importancia al mensaje político y recuerdan que esta semana el objetivo será el de mostrar en el hemiciclo predisposición al diálogo sin robar a la oposición su papel reivindicativo.

En una legislatura de concesiones obligadas, la intención del presidente es otorgar a los grupos parlamentarios, especialmente al PSOE y Ciudadanos, espacio para exigir sus reclamaciones antes de que sean atendidas en mayor o menor medida. Incluso en el Gobierno hay quien sostiene que Rajoy podría llegar a aceptar una ponencia que estudie la reforma constitucional que demandan los partidos.

Los populares son, sin embargo, escépticos sobre si esta es la mejor solución para resolver el desafío independentista catalán, uno de los grandes retos de los próximos años. Pero el presidente, «abierto al diálogo y al entendimiento», tan sólo marcó ayer un límite, el cumplimiento de la ley que garantiza la unidad de España.

Los disgustos

La plana mayor del PP y del Gobierno se congregó en el madrileño Hotel Palace, en el desayuno informativo que presentaba Rajoy, para tomar nota del mensaje de su jefe de filas veinticuatro horas después de que un PSOE fracturado optara por abstenerse en la sesión de investidura que tendrá lugar esta semana. Los populares, que habían recibido la orden de guardar silencio, cuentan ya con un argumentario que habla de buscar acuerdos desde la «generosidad política» y del necesario «entendimiento» entre las fuerzas constitucionalistas frente al «extremismo».

Es lo que la vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, Andrea Levy, resumió en la «ilusión por poder hacer de la necesidad, virtud». Rajoy, dicen los suyos, se ve capacitado para alcanzar consensos y en los ministerios creen que, una vez desoxidada la dinámica de pactos, se podrían agotar incluso los cuatro años de legislatura. Pero, eso sí, desde el Ejecutivo anticipan que los populares deben estar preparados para los «disgustos» en una legislatura en minoría y con la oposición en pie de guerra.

Los martes podrían ser días de reprobaciones de ministros en el Congreso y los miércoles dar lugar a tensas sesiones de control al Gobierno. Pero desde la Moncloa esperan paliar los jueves el desgaste con una actividad legislativa pactada. «Si hay voluntad política, podemos tener en España un gran futuro por delante», anticipó ayer Rajoy. Y la primera gran prueba de fuego serán los Presupuestos Generales del Estado.

Por ahora, el PP avanza su intención de «no forzar» a los socialistas, asfixiados tras su decisión de frenar una tercera convocatoria electoral. El jefe del Ejecutivo, que califica de «muy razonable» la decisión del PSOE, se entiende bien con el presidente de la gestora, Javier Fernández, y en este 'quid pro quo' buscará respaldos para las Cuentas en otras bancadas.