Diario Sur

Rajoy afronta el reto de la gobernabilidad una vez asegurada su investidura

Mariano Rajoy comparece el pasado viernes en Bruselas. :: Horst Wagner / efe
Mariano Rajoy comparece el pasado viernes en Bruselas. :: Horst Wagner / efe
  • La dura oposición anunciada por los socialistas augura una legislatura corta y de negociaciones complejas

Silencio generalizado y nada de euforias. Tras la confirmación de que el PSOE permitirá con su abstención la investidura de Mariano Rajoy, el PP optó por mantener el tono bajo que estrenó tras la caída de Pedro Sánchez. La orden que entonces dio el líder del PP a sus huestes fue la de no interferir en un proceso interno socialista que, tras casi un año de bloqueo institucional, iba a llevarle de nuevo de camino a la Moncloa. «Se ha impuesto la discreción total», señalan fuentes populares.

Pese a la contención, la abstención de los socialistas supone un triunfo personal para el presidente en funciones. Rajoy ha resistido a lo largo de los últimos diez meses las presiones para que diese un paso a un lado que permitiera la investidura de otro candidato del PP. Incluso cuando el pacto entre Sánchez y Albert Rivera amenazó con desalojarlo del poder. En lugar de ceder, el líder del Partido Popular se ha mantenido firme en sus posiciones: él es quien ha vencido por dos veces las elecciones y, por tanto, es a él a quien le corresponde gobernar. Y al final ha ganado.

Pese a la satisfacción que supone haber torcido el brazo a los adversarios socialistas, lo que ha conllevado el extra de la caída de un Sánchez con el que mantiene pésimas relaciones, Rajoy es consciente de que su victoria no es, ni mucho menos, plena. El presidente en funciones será investido el próximo fin de semana pero el PSOE ya le ha dejado claro que no le cabe esperar más de ellos. Los socialistas han anunciado que serán oposición. Y de las duras.

Tal y como insistió Rajoy el pasado viernes desde Bruselas, en su opinión la salida ideal al bloqueo institucional hubiera sido un Gobierno de gran coalición. Como ha repetido por activa y por pasiva el líder del PP, es lo más normal en Europa. Pero los socialistas son conscientes de que con Podemos comiéndole el terreno por la izquierda esta opción hubiera significado un suicidio político. Así, Rajoy deberá lidiar cada semana en el Congreso para sacar adelante sus iniciativas con la exigua base de sus 137 diputados. No solo eso, tragar con el sapo de que la oposición desmonte un buen número de las medidas que aprobó amparado por su mayoría absoluta.

En cualquier caso, el aún presidente en funciones ha avanzado que está dispuesto a adaptarse a las nuevas condiciones políticas. Incluso ha manifestado que en una legislatura de tan complicadas mayorías como ésta se pueden acometer «grandes retos». Aunque no ha aclarado a cuáles se refiere, en las filas populares se intuye que podrían acometerse reformas constitucionales para, por ejemplo, intentar encontrar una salida al desafió independentista en Cataluña.

Presupuestos

El primer gran desafío para Rajoy será la aprobación de los Presupuestos Generales. El presidente de la gestora del PSOE lo dejó claro la pasada semana incluso antes de conocer las cuentas que les presentarán los populares. «Es muy difícil que el PSOE apoye unos presupuestos del PP», avisó Javier Fernández.

Sin presupuestos, ministros como José Manuel García Margallo ya han advertido de que Rajoy se vería obligado a convocar de nuevo elecciones en mayo. Esta posibilidad significaría una vuelta a la casilla de salida, más aún si Pedro Sánchez decide optar de nuevo al liderazgo del PSOE y la militancia lo devuelve a la Secretaría General.