Diario Sur

El presunto pederasta de Ciudad Lineal se refugia en el silencio

Antonio Ortiz, ayer, durante la primera sesión del juicio. :: efe
Antonio Ortiz, ayer, durante la primera sesión del juicio. :: efe
  • Antonio Ortiz se negó a declarar para fiar toda su defensa a intentar anular la avalancha de pruebas que lo incriminan

El mutismo absoluto como estrategia de defensa; no intentar siquiera defenderse; no exponerse a contradicciones porque la avalancha de pruebas contra él es abrumadora. Silencio absoluto y fiar todas las cartas a una maniobra desesperada: que su abogado intente desacreditar toda la investigación y, en particular, buscar la nulidad de los registros de sus viviendas familiares, donde se encontró el ADN de las pequeñas atacadas, la prueba de cargo contra el acusado.

Pero ese será otro momento procesal. Por eso, ayer , en el inicio del juicio, el que fuera calificado como el 'enemigo público número uno' se refugió en el silencio, como en las otras cuatro ocasiones anteriores, cuando en la fase de instrucción se negó a responder una sola pregunta ni de los policías ni de los jueces. Ayer solo catorce palabras salieron de la boca de Antonio Ángel Ortiz Martínez, el presunto pederasta del distrito madrileño de Ciudad Lineal acusado de haber abusado sexualmente de cuatro niñas entre septiembre de 2013 y agosto de 2014.

«No voy a declarar» y «no voy a contestar ninguna pregunta». Y poco más. El mayor depredador de niñas de la historia reciente, a preguntas de la presidenta del tribunal, María Luisa Aparicio, se limitó a afirmar que era consciente de las penas y los hechos de los que se le acusa y por los que la Fiscalía pide 77 años de cárcel y las acusaciones populares elevan hasta 146 años. «Sí, las conozco señoría», apuntó el acusado antes de abandonar el estrado y volver al banquillo.

Según Cristóbal Sitjar, el abogado de Ortiz, su cliente había llegado a la Audiencia Provincial de Madrid «muy cabreado» por considerar que él «ya está juzgado» (y condenado) antes de esta vista oral. Pero el imputado no transmitió ese enfado. En realidad no transmitió nada. Estuvo totalmente impasible. No se mostró ni desafiante ni humilde. Nada. Una mirada hierática y ni un solo gesto que pudiera servir para interpretar que pasaba por la cabeza del supuesto pederasta.

Menos musculoso

Escoltado por dos policías, vestido con chándal gris, camiseta verde, zapatillas oscuras, luciendo pelo corto y barba de dos días y visiblemente menos musculado que hace dos años cuando fue detenido, el otrora fan del culturismo no movió un músculo durante los 45 minutos del juicio que no fueron a puerta cerrada.

Solo cambió de posición para ocultar su rostro con una mano cuando la presidenta dio luz verde a que los fotógrafos entraran en la sala para tomar una instantánea del acusado. Lo que no sabía es que su imagen sí que estaba siendo distribuida por señal institucional de vídeo.

Tampoco a Cristóbal Sitjar le hizo demasiada gracia el gran despliegue mediático. El abogado se puso de espaldas cuando entraron los fotógrafos. Antes, explicó al tribunal que no quería que su imagen se reprodujese para «no tener más problemas en la calle» por defender al presunto pederasta. El letrado se declaró «muy cansado y muy harto» de la presión mediática en este caso.

El fallido interrogatorio de Ortiz dio paso a la exhibición a puerta cerrada de las grabaciones de las declaraciones en fase de instrucción (exploraciones en el argot jurídico) de dos de las niñas abusadas: la de la primera víctima (agredida el 24 de septiembre de 2013) y que duró 40 minutos y la de la segunda menor (violentada el 10 de abril de 2014) y que se extendió durante 90 minutos.

El juicio proseguirá hoy, también a puerta cerrada, con el visionado de la «exploración» de las otras dos menores. En esta vista oral, que se prolongará hasta el 15 de diciembre, Ortiz, de 44 años, aunque se enfrenta hasta 146 años de cárcel por abusar de las cuatro niñas, solo cumplirá entre rejas el máximo legal de 25 años.

La Fiscalía pide para el acusado 77 años de prisión por tres delitos de agresión sexual, uno de violación, cuatro de detención ilegal y uno de lesiones. Además, reclama que, tras su excarcelación después de 25 años entre rejas, sea sometido a 40 años de libertad vigilada (diez por cada víctima); y que se le prohíba acercarse a un kilómetro de las víctimas por un máximo de 24 años.