Diario Sur

Mariano Rajoy, a su llegada ayer a Salamanca. :: J. M. García / efe
Mariano Rajoy, a su llegada ayer a Salamanca. :: J. M. García / efe

Rajoy no quiere molestar en el debate socialista de la investidura

  • Se siente tranquilo porque cree haber hecho todo lo que estaba en su mano y porque entiende que se impondrá la abstención

madrid. Cualquier cosa menos molestar a los socialistas en su debate sobre la investidura. Esta es la filosofía de Mariano Rajoy tras el embrollo que se organizó después de que algunos dirigentes del PP plantearan que la abstención del PSOE debería ir acompañada de una serie de compromisos sobre la gobernabilidad. El líder popular ha ordenado discreción a su partido sabedor de que entre los socialistas también se plantea reclamar contrapartidas a su partido por la abstención.

«Vamos a esperar», señaló el presidente del Gobierno en funciones a su llegada a la Universidad de Salamanca, donde asistió a un acto por el octavo centenario de la fundación del centro educativo. Rajoy no quiere hacer ningún comentario que tense aún más el debate en el PSOE. Tal economía verbal no es casual; Rajoy se ha autoimpuesto un silencio absoluto en este asunto. «Lo mejor que puedo hacer es estar callado», dijo en la recepción de los Reyes del pasado 12 de octubre, y respeta esa máxima al pie de la letra.

Aunque la confrontación entre los socialistas es intensa, el líder del PP dice estar «tranquilo» y solo espera a que el presidente de la gestora, Javier Fernández, le informe del desenlace de las discusiones. En las filas populares dan por hecho que se impondrán las tesis abstencionistas, pero Rajoy ni eso. No quiere presuponer nada que provenga del PSOE escarmentado con la etapa de Pedro Sánchez al frente de ese partido y que fue para él una fuente constante de sinsabores. Rajoy nunca entendió que el ya exlíder socialista despreciara sin detenerse un minuto a considerar su oferta de gobierno de coalición o de un pacto de legislatura homologable a los que mantienen los dos partidos mayoritarios en otros países de Europa.

Una situación, reconocen en la Moncloa, que ha cambiado con la llegada de Fernández a la dirección provisional del PSOE. Es más fluida la comunicación con el también presidente de Asturias en 15 días que con Sánchez en los dos años largos que ha estado al frente de los socialistas, afirman en las cercanías del presidente del Gobierno.

Rajoy reconoció en una conversación informal en Salamanca que va a volver a hablar en las próximas horas con Fernández, una vez que la gestora fije este martes la fecha de la reunión del Comité Federal, casi con toda seguridad el domingo próximo, y conozca el estado de ánimo de todos los secretarios territoriales del partido. Hasta ahora, aseguró el líder del PP, no tiene ninguna información directa. En esa charla sin micrófonos, Rajoy dijo estar tranquilo porque cree que ha hecho todo lo que estaba en su mano para formar gobierno. Una impresión que no comparten en el PSOE, donde creen que «no ha dado un palo al agua» para buscar aliados entre fuerzas de un espectro ideológico similar al del PP, en alusión al PNV o la antigua Convergència, ahora Partit Demòcrata Català. Con ambos, afirman los socialistas, llegaron a acuerdos para la Mesa del Congreso y podían haber profundizado esa vía. Rajoy, subrayan en Ferraz, solo ha esperado a que el PSOE se cayera de maduro.

Por patriotismo

La orden de silencio respecto a los socialistas de Rajoy solo fue rota, como de costumbre, por el ministro de Asuntos Exteriores. José Manuel García-Margallo dijo ayer que está «convencido» de que en el PSOE se impondrá «el sentido común y el patriotismo» para facilitar la investidura de Rajoy. «Comparto las declaraciones de aquellos dirigentes del PSOE que han dicho que España no puede permitirse el lujo de seguir sin Gobierno», remató a la llegada a una reunión en Luxemburgo de los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea. Margallo también apuntó que «el desafío» independentista de Cataluña hacer más necesario que haya un Ejecutivo central que pueda llevar a cabo «las reformas que nos permitan afrontar con éxito esos desafíos».

Quien se despidió ayer del Congreso fue el exministro Alfonso Alonso, quien formalizó su renuncia al escaño por Álava que ocupaba en el Congreso para poder tomar posesión del que consiguió en el Parlamento vasco.