Diario Sur

La segunda patada de Osama

Osama Abdul Mohsen,  a su llegada hace un año a España, junto a su hijo.
Osama Abdul Mohsen, a su llegada hace un año a España, junto a su hijo. / Sur
  • Una reportera húngara le puso la zancadilla mientras huía con su hijo en brazos. Ahora, el equipo que le dio trabajo en España no le renueva el contrato por no haber aprendido español

Hay historias que parece que solo pueden terminar bien y engañan. Al refugiado sirio Osama Abdul Mohsen, al que le puso la zancadilla una reportera húngara mientras corría por un campo con su hijo en brazos y al que contrataron en Madrid para trabajar de entrenador, lo mandan al paro. Esta semana, el Centro Nacional de Formación de Entrenadores (Cenafe), que le dio una nueva vida en España, acaba de anunciarle que no le renuevan el contrato por no haber aprendido español en todo el año que lleva con ellos. «No sé qué voy a hacer ahora. Estoy triste y sorprendido», ha declarado el técnico. Segunda patada.

La primera se la dio la reportera Petra Lazslo. Extendió su pierna como un defensa en el área y pasó a la historia de la ignominia del ser humano. Osama tropezó y cayó de bruces al suelo con su hijo Zaid en brazos. Esa huida que terminaba en golpe había comenzado meses antes en la ciudad de Deir Ezzor en Siria, donde Mosen era el entrenador del equipo Al Fatowah, uno de los principales del país. El refugiado era una especie de Lopetegui a la siria, pero la guerra no entiende de fútbol, y llegado un momento se dio cuenta de que vivir en Siria era «esperar a la muerte». Dejó su calle sembrada de muertos y de cráteres e hizo las maletas hacia Turquía. Primero salió su hijo Mohammed, que tenía aún 17 años. Pagó 2.000 dólares por meterse en una lancha inmunda, camino de engrandecer el cementerio en que se está convirtiendo el fondo del Mediterráneo. Mohamed pasó y le siguió su padre con su hermano pequeño de ocho años en brazos. Después de el «accidente» de Hungría, Zaid enfermó, pero cuando llegaron a Austria, lo atendieron los médicos y un periodista egipcio reconoció al entrenador. Su historia dio la vuelta al mundo. Cuando estaba en Múnich, sonó el teléfono. Emilio Butragueño le ofrecía un viaje a Madrid y un puesto de entrenador. Cuando llegó, a Zaid lo saludó CR7 y a su padre le dieron trabajo y piso en Getafe. Su mujer Mutaha y sus dos niñas están a punto de llegar a España desde Turquía. «Ahora no me renuevan el contrato y no sé qué hacer», dice Mosen.

Miguel Ángel Galán, de Cenafe, asegura que no le renuevan el contrato porque no ha aprendido español, y que le dan la opción de cobrar el paro y aprender el idioma durante cuatro meses y reincorporarse, pero Osama jura que no tiene noticia de esta oferta. Galán también alega que ha estado «un año en la oficina sentado» por no poder hacer su trabajo, pero la temporada anterior entrenaba al Villaverde Boetticher, un equipo de primera regional. En el equipo aseguran que después de esa temporada, descendió a segunda.