Diario Sur

Iglesias y Errejón endurecen su pulso por la línea estratégica de Podemos

madrid. El Consejo Ciudadano de Podemos del sábado, lejos de limar diferencias entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, las avivó. Los números uno y dos del partido se enzarzaron ayer en otra polémica, esta vez a propósito de tibiezas y disfraces. Errejón negó que su posición política sea «tibia» como le endosó Iglesias. «Tibieza -sentenció el secretario político- es limitarse a protestar». No hace falta poner nombre al destinatario del dardo.

También negó que Podemos se haya disfrazado, no lo ha hecho «nunca», y qué mejor «prueba», subrayó, que «nunca ha bajado el hostigamiento y las zancadillas de los poderosos». Un cruce de réplicas que nace del Consejo Ciudadanos y de la intervención de Iglesias el domingo en un programa de televisión en el que señaló que su tono «directo e incendiario» contrasta con el «prudente y tibio» de Errejón. En el órgano directivo de Podemos, el secretario general lamentó que su partido se haya «disfrazado» para contemporizar el mensaje.

Pero más allá de las andanadas semánticas, lo que queda al descubierto es una escalada de la confrontación entre los dos máximos dirigentes de Podemos, que tiene su reflejo en la organización con seguidores de uno y otro. Una disputa que se dilucidará en la Asamblea Ciudadana de los primeros meses de 2017.

Descafeinar el debate

Hasta entonces, ambos echan arena sobre unas brasas que se avivan cada dos por tres. El líder asegura que su relación con el secretario político se ha estrechado. «Seguimos respetándonos muchísimo y teniéndonos cariño», dice Iglesias. Errejón asimismo buscó descafeinar el asunto porque lo relevante es «el debate de qué le decimos a los que confiaron en nosotros y ahora han perdido certezas o a los que no confiaron». Esa es la clave, «no estar psicoanalizándonos».

La tensión es latente, como reconocen diputados de la formación. Todo arranca del choque por la frustrada investidura del socialista Pedro Sánchez en marzo. Iglesias, como se vio, se opuso y prefirió ir a unas segundas elecciones en junio con la convicción de que el 'sorpasso' al PSOE estaba a la vuelta de la esquina antes que permitir al entonces líder socialista convertirse en presidente del Gobierno. Errejón, en cambio, apostó por facilitar la investidura con una abstención para que a continuación Podemos encabezara la oposición por la izquierda con un proyecto a más largo plazo para hacerse con la hegemonía de la izquierda.