Diario Sur

Carles Puigdemont, a su llegada ayer al Parlament. :: Toni Albir / efe
Carles Puigdemont, a su llegada ayer al Parlament. :: Toni Albir / efe

Puigdemont promete a la CUP el referéndum antes de septiembre

  • Dos de cada tres diputados de la Cámara catalana están a favor de consultar a los catalanes sobre la independencia

barcelona. El referéndum sobre la independencia que Carles Puigdemont se propone convocar para culminar el proceso soberanista se celebrará como «muy tarde» en septiembre de 2017. Este es el compromiso alcanzado entre Junts pel Sí y la CUP y que formará parte de las resoluciones que se aprobarán hoy como conclusiones del debate de política general de Cataluña, que arrancó este ayer en la Cámara catalana.

Una semana después de que los anticapitalistas ayudaran a Puigdemont a superar la moción de confianza, que se saldó con el anunció del presidente de la Generalitat de que habrá «o referéndum o referéndum» en la segunda quincena de septiembre del año que viene, las dos fuerzas independentistas que trabajan codo con codo para consumar la desconexión de Cataluña del resto de España empezaron ayer a concretar cómo piensan llamar a las urnas a los catalanes. El texto provisional que aún podría sufrir modificaciones hasta hoy al mediodía explicita que la votación se celebrará haya o no acuerdo con Madrid, aunque la palabra unilateral no aparece, y que antes de final de año se creará una comisión para el impulso, control y ejecución de la consulta.

Al cierre de esta edición, el texto aún no estaba firmado, pero lo que sí estaba descartado es que incluyera la petición de la CUP de que la votación tenga lugar en el mes de julio del año que viene. Así, el referéndum unilateral cuenta con el apoyo de 72 diputados de los 135 que hay en la Cámara catalana. Sin embargo, el apoyo genérico al derecho a decidir asciende a 83 escaños, ya que Catalunya sí que es Pot también respalda la celebración de un referéndum, aunque en su caso apuesta por que sea acordado con el Gobierno central.

Junts pel Sí y la CUP trataron ayer durante el debate de acercar a sus posiciones a la marca de Podemos en la Cámara catalana, pero la confluencia de izquierdas insistió en que la votación debe ser pactada. Y afirmó además que la desconexión no es posible. En cualquier caso, en la medida en que Puigdemont intentará, al menos de cara a la galería, pactar en Madrid la votación, podrá contar con el apoyo de dos tercios de los diputados de la Cámara. La CUP, no obstante, no cree en el acuerdo y a su juicio intentar la negociación no es más que una maniobra dilatoria sin sentido. «Tenemos las condiciones maduras para celebrar el referéndum ya, no dejemos que se pudran», presionaron los antisistema. El jefe del Ejecutivo recogió el guante y reafirmó su compromiso: «Pondremos las urnas», dijo. Cataluña se encuentra en un momento «trascendental» de su historia y las «decisiones» las tomarán los catalanes con su voto, reiteró.

Giro al discurso

Puigdemont, que en los últimos días ha dado un giro a su discurso, que vuelve a situar el referéndum en el frontispicio del debate, cuando se suponía que el 27-S fue el referéndum definitivo, buscaba además acercar posiciones con la CUP de cara a los presupuestos. Los anticapitalistas comprometieron su apoyo en todo lo que tiene que ver con el proceso, pero se mostrarán firmes en todo lo demás y venderán caro su apoyo a los presupuestos. De entrada, reclaman que la Generalitat supere los límites de déficit, que haga una auditoría de la deuda, revierta privatizaciones y recortes y sobre todo que suba los impuestos a los más ricos. El dirigente nacionalista descartó esta última posibilidad y, como consecuencia, abrió una vía de conflicto con la CUP, que si no respalda las cuentas abocaría a Cataluña a elecciones anticipadas en el próximo invierno.

En su discurso, el jefe del Ejecutivo catalán afirmó que solo un estado propio catalán puede garantizar las pensiones, las políticas sociales y la mejora de las infraestructuras. En un tono muy triunfalista, el presidente de la Generalitat trató de hacer un relato social de su gestión, mirando a la CUP, a la que invitó a que haga «compatibles sus legítimos intereses partidistas con el interés general» y a que «no ponga más dificultades de la cuenta».