Diario Sur

El PP no se conforma con la abstención del PSOE y exigirá un pacto de gobierno

  • El partido duda sobre la conveniencia de otros comicios ante la dificultad de gobernar con el Congreso en contra

El PP perdió ayer en el Congreso una tras una todas las votaciones. Pasadas las ocho de la tarde, los diputados abandonaban el hemiciclo con la sensación de haber asistido a un anticipo de la legislatura que está por venir si Mariano Rajoy se convierte en presidente por la mínima. La abstención del PSOE para salvar la investidura ya no parece suficiente en las filas populares, donde algunos dirigentes avanzan que tendrán que exigir a los socialistas un pacto que garantice la gobernabilidad y que incluya el respaldo activo a los Presupuestos Generales del Estado.

La crisis del PSOE tras la caída de Pedro Sánchez sólo ha incrementado la incertidumbre en el PP, que ya no sabe si los socialistas, en estas condiciones y con Podemos intentando adueñarse del espacio de la izquierda, pueden convertirse en el sostén del Gobierno. La sospecha cada vez más extendida en el partido conservador apunta a que la segunda fuerza política ni tan siquiera llegará a plantearse abrir una negociación con los populares, sino que simplemente anunciará su disposición a permitir con una abstención técnica que Rajoy continúe en la Moncloa.

En ese caso, tal y como temen algunas voces del PP, no habría opción de negociar un acuerdo más amplio y los populares, sin mayoría en el Congreso, quedarían sometidos a la voluntad de una Cámara baja que se plantea derogar todo el mandato del presidente. Un hemiciclo en el que, en definitiva, no sólo PSOE y Podemos, sino también Ciudadanos se disputaría la oposición al Ejecutivo para desmarcarse de Rajoy.

«Insostenible», lamentan quienes avisan, además, de que ese Gobierno, que como mucho podría cosechar lealtades en formaciones como el PNV, no duraría ni seis meses. De ahí que el partido de Rajoy se prepare para tratar de evitar ese escenario. Un alto cargo de la formación lo explicaba con una metáfora: «Es como si te invitan a una boda el día de antes. Pues no vas».

En este contexto se entiende el llamamiento de Rafael Hernando. El portavoz parlamentario del PP instó ayer al PSOE a dejar de proferir «insultos» contra la fuerza que ganó las elecciones y a sentarse a negociar. «Estoy haciendo una apelación al diálogo -subrayó tras la reunión habitual de la Junta de Portavoces-, pero nos tienen que decir quiénes son los interlocutores y de qué podemos hablar».

Por ahora, más allá de los contactos en el plano personal y, sobre todo, a nivel parlamentario, sólo consta la llamada de cortesía que el presidente del Gobierno realizó al responsable de la gestora del PSOE. Con esa conversación telefónica, Rajoy no sólo reconoció a Javier Fernández como interlocutor, sino que abrió un canal a un mes de que se cumpla el plazo para disolver las Cortes.

Según fuentes populares, el representante de los socialistas habría pedido «tiempo» al líder del PP. Un periodo en el que el PSOE tiene que tratar de recomponerse mínimamente antes de resolver qué hacer con la cuestión táctica de la investidura. Hasta ahora, ningún dirigente conservador se había saltado la orden expresa de Rajoy de conceder ese margen a los socialistas. Ayer, sin embargo, la contención calculada se mezclaba con la impaciencia de no vislumbrar la salida.

Las terceras

Las dudas se han instalado en el PP, donde conviven diferentes sensibilidades respecto a la conveniencia de preferir unas terceras elecciones antes que hacerse cargo de la tortura de un Ejecutivo sin margen de maniobra. Los últimos sondeos han animado a la formación, que cree partir con ventaja en la carrera electoral. Algunos se plantean que tal vez concurrir a los comicios y subir en número de escaños podría garantizarles en el futuro una mayor tranquilidad para gobernar. Otros, sin embargo, alertan sobre los riesgos.

El CIS recoge una alta preocupación por parte de la ciudadanía respecto a la situación política y el hartazgo del electorado podría echar por tierra el cuento de la lechera del PP. Por eso, en los despachos de la Moncloa y, a la espera de que Rajoy rompa su silencio, insisten: las elecciones las carga el diablo.