Diario Sur

Mariano Rajoy comparece la semana pasada tras las elecciones vascas y gallegas. :: J. P. GANDUL / efe
Mariano Rajoy comparece la semana pasada tras las elecciones vascas y gallegas. :: J. P. GANDUL / efe

El PP afronta el juicio de 'Gürtel' convencido de que sus efectos están «amortizados»

  • El estallido del caso hizo tambalear las estructuras de un partido que no estaba preparado para gestionar la corrupción

Mariano Rajoy ha resistido el temporal 'Gürtel' desde que en el año 2009 la Audiencia Nacional abrió la investigación que más ha dañado los cimientos del PP. Durante los siete años de instrucción sobre la trama corrupta, el partido ha pasado por una montaña rusa anímica que ha llevado a los populares a sentir, primero, que su proyecto se desmoronaba y a concluir, tiempo después, que, pagada de algún modo la factura en las urnas, el asunto está «amortizado». El presidente se vanagloria de haber dejado fuera de su organización a todos los implicados, pero a nadie se le escapa que las 32 sesiones programadas del primer juicio que comienza mañana, sentarán en el banquillo a los fantasmas que han atormentado a los dirigentes de la formación.

A Rajoy, que se aferró al silencio para cubrir el problema, le costó casi una legislatura y el agotamiento de los suyos admitir que los escándalos eran, sin duda, el principal factor de desgaste del PP, por encima incluso de los recortes económicos y los incumplimientos del programa electoral. Pero a día de hoy nadie cuestiona que tras su estallido en 2007, 'Gürtel' pudo ser el punto de inflexión que alteró la sensibilidad social frente a la corrupción.

Para el presidente, además, ha supuesto uno de los principales quebraderos de cabeza que han marcado y debilitado su trayectoria política. Su relación con Luis Bárcenas y los mensajes de texto intercambiados le llevaron el 1 de agosto de 2013 al Senado, a un pleno monográfico en el que certificó que ni dimitiría ni convocaría elecciones anticipadas. Pese a reconocer el error, el «Luis, sé fuerte» con el que animó al extesorero del PP le persigue desde entonces cada vez que un líder político a tenor de nuevos casos de corrupción cuestiona su continuidad al frente del partido.

Bárcenas es, de hecho, un elemento desestabilizador que los populares han tratado de neutralizar. La secretaria general llegó incluso a los tribunales logrando una sentencia que obliga al extesorero a compensar a María Dolores de Cospedal con 50.000 euros por vulnerar su honor tras la publicación de los papeles que apuntan al pago de sobresueldos en la formación y que constituyen otra pieza separada en la Audiencia Nacional. La número dos de Rajoy ha tratado de resarcirse de los tiempos en los que tuvo que defender «la indemnización en diferido en forma de simulación de una retribución» tras la salida de Bárcenas del partido. Aquellas explicaciones que parecían un trabalenguas le llevaron a poner fin a sus comparecencias de los lunes ante la prensa y a sumirse en el mutismo.

Por el camino, otros dirigentes del PP han tenido que dar un paso a un lado, y no sólo los exalcaldes inmersos en el 'caso Gürtel' y cargos madrileños imputados. El 26 de noviembre de 2014, el magistrado de la Audiencia Nacional Pablo Ruz señaló a Ana Mato como partícipe a título lucrativo de los delitos supuestamente cometidos por su marido, el exregidor de Pozuelo Jesús Sepúlveda, y este hecho precipitó su dimisión como ministra de Sanidad. Con el PP cotizando a la baja en los sondeos y a 24 horas del pleno del Congreso en el que Rajoy iba a defender su paquete de medidas anticorrupción, los viajes y los regalos presuntamente costeados con dinero de la trama terminaron por apartar a Mato, responsable de la campaña que había llevado al presidente a su mayoría absoluta.

Banquillo televisado

Aunque también se juzga si el partido se benefició de la red corrupta, en el análisis de la dirección del PP todo forma parte ya del pasado. Según pronostican, la vista que tendrá lugar en la sede de los macrojuicios de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares (Madrid) pondrá de nuevo bajo los focos hechos conocidos y por los que la formación ya tuvo que dar cuenta en anteriores convocatorias electorales.

Es más, en la cúpula no esperan que surjan conductas criminales nuevas. Y aunque algunas voces admiten que la agenda política estará marcada por la revisión de los acontecimientos y que eso no beneficia a los populares, creen que apenas tendrá incidencia en el respaldo del electorado, que podría ser convocado a unas terceras elecciones. Las mismas fuentes se muestran escépticas sobre la posibilidad de que se revierta la tendencia al alza del PP, aunque reconocen que la atención mediática sí podría frenar la recuperación de votos que comenzó el 26 de junio influida por otros factores como la inestabilidad política.

Mientras, en Valencia se preparan para que la ramificación autonómica del 'caso Gürtel' sea juzgada a partir del 13 de marzo en la Audiencia Nacional. Allí, los populares, castigados por los escándalos, han acometido una renovación interna y una operación de limpieza que culminará con el traslado a una nueva sede que no sólo permite un ahorro económico, sino romper con una época oscura que puso fin a las mayorías absolutas del PP.