Diario Sur

Cara o cruz

Cara o cruz

  • Pone en juego toda su carrera política en la reunión de hoy del Comité Federal

  • Pedro Sánchez Secretario general del PSOE

Es la reunión más importante de su carrera política. El Comité Federal del PSOE que se reúne hoy es para Pedro Sánchez un todo o nada. O igual no, porque dice estar dispuesto, aunque pierda este envite, a ser el candidato cuando se convoquen las primarias para secretario general. Así es él: terco, audaz y ambicioso.

Ha conducido a su partido a una situación como la que tenía Libia, dos gobiernos, dos parlamentos y un estado fallido. Todo por una cruzada de reafirmación personal tras encadenar media docena de derrotas electorales en poco más de un año. Unos reveses que, a diferencia de lo que hicieron sus antecesores Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba, no le llevaron a dimitir porque considera que renunciar no es la mejor manera de gestionar los fracasos. Él como Felipe González, que perdió las elecciones de 1977 y 1979 y siguió en su puesto para barrer en las de 1982. Pero la situación no es ni parecida.

Juega con los puntos débiles de sus críticos, una amalgama con intereses a veces contrapuestos a los que une el afán por echarle. Pero sobre todo se aprovecha de la ausencia de un candidato alternativo. Susana Díaz es la cabeza de los rebeldes mas no parece que esté dispuesta a dejar la Junta de Andalucía para mudarse a Madrid. Ha amagado, pero no ha rematado, y Sánchez no cree que esta vez sea distinto.

Sabía la que se le venía encima tras los desastres de Galicia y País Vasco; los críticos no habían seguido la máxima de que las estrategias se desarrollan y no se cuentan, y habían mostrado sus cartas antes de sentarse en el Comité Federal. Por eso, se anticipó con el órdago del congreso exprés que cogió a sus adversarios a contrapié, y dio paso a un pulso en que nadie ha cedido.

Para quienes no están en los entresijos es difícil de entender que se haya llegado a esta situación. «Le han hecho la vida imposible desde el primer minuto», es un comentario frecuente para referirse a la «víctima» Sánchez. Hay una explicación. Aquel dirigente gris que estaba en los círculos cercanos a Zapatero y Rubalcaba con el aval de José Blanco, aunque nunca fue un fontanero pata negra del que fuera vicesecretario general del PSOE, se lanzó, para pasmo de muchos que no veían en él ni aptitudes ni trayectoria, a la carrera por liderar el partido.

Carambola

La carambola del enfrentamiento entre Susana Díaz y Eduardo Madina permitió que fuera apadrinado en las primarias del verano de 2014 por la presidenta andaluza, y otros barones, como el valenciano Ximo Puig y el madrileño Tomás Gómez. Urdieron la operación, con Zapatero como testigo, en un hotel de Madrid. «Pedro, tienes un camino difícil, apasionante, y la mayor legitimidad que podían tener los socialistas», le felicitó la presidenta andaluza tras la victoria. Y se lo creyó; sobre todo lo de la legitimidad. Sus promotores, sin embargo, tenían otros planes, querían un secretario general florero. De aquella diferente lectura viene esta bronca.

El nuevo líder socialista dejó pasar el verano y en la reunión del Comité Federal anunció: «Me presentaré a esas primarias y espero ser el próximo candidato a la Presidencia del Gobierno de España. Quiero ser vuestro candidato y quiero liderar en 2015 el cambio en España». Ahí se jodió el PSOE, que dijo Vargas Llosa hablando del Perú. Aquello no estaba previsto ni entraba en los planes de los barones, que daban los últimos toques a la candidatura por aclamación de Susana Díaz.

El secretario general no aceptaba las reglas del juego de unos barones que no creían en el líder que habían aupado. Encima, luego vinieron las derrotas electorales, que Sánchez siempre vistió como victorias para desesperación del partido, y el distanciamiento de los líderes territoriales para encerrarse con su guardia pretoriana en Ferraz. No había comunicación, no había empatía, iba por libre, aunque en las formas se ciñera a los dictámenes del Comité Federal en lo que a la investidura se refiere, primero con la suya, y después con la de Rajoy. Hasta que Euskadi y Galicia volaron los débiles puentes que resistían.

Sánchez se enfrenta ahora a un cara o cruz, pero salga el anverso o el reverso, la solución será mala porque el partido está roto por la mitad por primerz vez en 137 años de historia. Si sale cara y hoy triunfan sus tesis, el PSOE será un alfeñique electoral para muchos años con unas heridas de sutura inviable. Si sale cruz y su propuesta es derrotada, el partido seguirá siendo la misma calamidad, aunque tendrá la oportunidad de regenerarse en la oposición mientras Rajoy sigue en la Moncloa.