Diario Sur

Puigdemont, ayer, en el Parlament catalán. :: Martín Benet
Puigdemont, ayer, en el Parlament catalán. :: Martín Benet

Puigdemont anuncia un referéndum unilateral en septiembre de 2017

  • El presidente catalán no desveló, sin embargo, cómo va a sortear los vetos del Consitucional y la abstención de los no nacionalistas

barcelona. El proceso soberanista catalán entró ayer en la que Carles Puigdemont calificó como su última fase, que debería culminar, según sus intenciones, dentro de un año con la proclamación de la independencia. Puigdemont elevó el desafío al resto de España y advirtió al Gobierno central, al que está en funciones y al que pueda formarse a corto o medio plazo, de que si no se aviene a pactar un referéndum sobre la independencia en los doce próximos meses, el Ejecutivo catalán tirará por el camino del medio y a las bravas convocará un referéndum unilateral en la segunda quincena de septiembre de 2017, como paso previo a la declaración de la secesión. «O referéndum o referéndum», es la apuesta que Puigdemont puso sobre la mesa para ganarse la confianza de los 10 diputados de la CUP, que son los únicos que hoy votarán a favor del presidente de la Generalitat en la cuestión de confianza. Una moción, a la que el propio dirigente nacionalista decidió someterse después de que en el mes de junio la CUP tumbara los Presupuestos de la Generalitat.

Puigdemont perdió la confianza de los anticapitalistas y la recuperará este jueves tres meses después; eso sí, cediendo a las exigencias de los anticapitalistas, que habían reclamado un referéndum unilateral y habían pedido concreciones en el calendario. El dirigente soberanista accedió a ambas y situó el choque de trenes entre Cataluña y el resto de España dentro de un año exacto. En cualquier caso, Puigdemont reclamó «coraje» a la clase política nacional y, como última oportunidad al diálogo con Madrid, lanzó una oferta «que no caduca, pero no paraliza» para pactar un referéndum, que a su juicio mataría dos pájaros de un tiro: resolvería la gobernabilidad española y daría respuesta a la demanda soberanista. Posibilidad muy remota.

Lo que está por ver es cómo piensa Puigdemont organizar un referéndum unilateral que el Ejecutivo catalán ha insistido estos días en que debe ser vinculante y contar con el reconocimiento internacional. El presidente de la Generalitat tampoco entró a detallar cómo piensa esquivar las suspensiones del Tribunal Constitucional y cómo piensa sortear uno de los grandes problemas que tuvo la consulta del 9-N de 2014: que los contrarios a la secesión no acudieron a votar, lo que rebajó su impacto político. Así, la Unión Europea fijó para el referéndum de Montenegro una participación del 50% y un voto afirmativo del 55% para dar validez a la secesión. En el 9-N votaron 2,3 millones de catalanes, el 35% del censo, mientras que en el referéndum del Estatuto de 2006 la participación fue del 48% y en el de la Constitución, en 1978, del 68%. Si la Generalitat no diera con la fórmula para celebrar un referéndum homologable, el proceso concluiría con unas elecciones, como las del 27-S.

Hoja de ruta

La moción de confianza ha obligado al Gobierno catalán a actualizar su hoja de ruta y a introducir el conocido RUI (Referéndum Unilaterla de Independencia), a pesar de que es una herramienta que no contaba con el absoluto consenso dentro del Gobierno autonómico, ni en el seno de CDC, algunos de cuyos dirigentes como Artur Mas, Francesc Homs o Santi Vila habían expresado sus reservas, ante el temor de que al final se acabe celebrando un nuevo 9-N.

Los planes del Palau de la Generalitat hasta la celebración del RUI en septiembre del año que viene pasan por aprobar, a finales de julio de 2017, las «leyes necesarias para que Cataluña funcione como un Estado independiente». Su compromiso es tener listas las estructuras de Estado necesarias para ir de la autonomía a la independencia y un paquete legislativo para hacer efectiva la desconexión y que no haya vacío legal. «No fallaré», expresó el presidente catalán.

La cuestión es que el apoyo de la CUP le ha salido muy caro a Junts pel Sí. Entregaron en bandeja la cabeza del artífice del proceso, Artur Mas, aprobaron una declaración de independencia hace casi un año, ya anulada por el Constitucional, y ahora ceden con el RUI. Pero todavía quedan los presupuestos. Por ello, el jefe del Ejecutivo catalán advirtió a los anticapitalistas con elecciones anticipadas si no respaldan los presupuestos. «Sin presupuestos no se puede gobernar bien y si no se puede gobernar bien deberíamos volver a dar la palabra a los ciudadanos», avisó.