Diario Sur

Arropado y aplaudido a las puertas del tribunal

  • Homs fue acompañado por una treintena de miembros de su partido y otras formaciones como Podemos, ERC o PNV

Cada movimiento estuvo medido y la foto estaba perfectamente estudiada. Francesc Homs llegó a las puertas del Supremo acompañado de una comitiva de una treintena de personas de nombres muy señalados de su partido, pero de la que también formaban parte miembros de otras formaciones políticas como Podemos, Esquerra Republicana o el PNV.

En el umbral del portón de entrada del alto tribunal el imputado se despidió de sus acompañantes como si en ese momento emprendiera un largo viaje. Estrechó la mano de Artur Mas, recibió unas cariñosas palmadas en la espalda y se encaminó, ya solo y saludando a una multitud que no existía, al interior del vetusto edificio. Fue entonces cuando la comitiva le tributó un cerrado y larguísimo aplauso.

No hubo más consignas. Nada de gritos. Ni siquiera banderas 'esteladas'. La escenografía desplegada frente al Supremo no era la del respaldo popular, sino la de los políticos encausados por una consulta que, insisten, fue legal.

El protagonismo buscado era el de la antigua Convergència ahora Partir Demòcrata Català. Allí estaban la vicepresidenta del partido, Neus Munté; la coordinadora general del partido, Marta Pascal; exconsejeros como Irene Rigau, Santi Vila, Meritxell Borràs; o el exalcalde de Barcelona Xavier Trías. Junto a ellos, en un segundo plano igualmente medido, se situaron los diputados de Podemos Marcelo Expósito, del PNV Aitor Esteban y de Esquerra Joan Tarda.

Ya con Homs declarando en el interior del edificio, la puerta principal del Supremo se convirtió en una improvisada sala de prensa al aire libre. Allí, Mas calificó de «absolutamente insólito e impropio» que haya un proceso por el 9-N. «Aquí no está solamente en juego la independencia de Cataluña. Aquí lo que está en juego es la democracia misma y la calidad democrática de un Estado que recurre a la Fiscalía y a los tribunales, en vez de sentarse a una mesa y hablar civilizadamente».

Aitor Esteban, por su parte, denunció que «consultar al pueblo nunca puede ser delito en una democracia». Expósito abogó por no resolver por la vía judicial un conflicto político. Y el republicano Tardá habló de la «democracia low cost» a la española.