Diario Sur

Rodríguez Ibarra.
Rodríguez Ibarra.

Rajoy esgrime que no tiene «ninguna autoridad» sobre Barberá para pedir su salida del Senado

Con Rita Barberá fuera del partido, Mariano Rajoy tiene la convicción de haber cumplido con su obligación y no siente la necesidad de pedir a la exalcaldesa de Valencia que entregue además el acta de senadora que obtuvo como dirigente del PP. «Le pedimos en su día que renunciara a la militancia, lo ha hecho y, a partir de ahí, el presidente del partido ya no tiene ninguna autoridad para con ella», intentó pasar página tras dos días de denso silencio en el que los suyos se han movido en una dirección opuesta.

Nadie pudo obtener otra valoración de Rajoy, que desde Bratislava, donde participó en la cumbre informal de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, se enrocó en que ya había «respondido a la pregunta». La jurisprudencia del Tribunal Constitucional ampara el argumento del líder de los populares. El acta es personal e intransferible y ninguna formación puede obligar a sus parlamentarios a abandonar el escaño en contra de su voluntad.

Desde ese punto de vista, la actuación de la cúpula del PP, que ha forzado a Barberá a abandonar sus filas y que la expulsará del grupo parlamentario en la Cámara alta, es irreprochable. En el terreno de la política, sin embargo, barones y otros cargos populares entienden que se puede, además, presionar para que la exalcaldesa salga de la institución a la que se aferra.

El presidente del PP de Guipúzcoa, Borja Sémper, fue el último en sumarse ayer al listado de dirigentes que como Cristina Cifuentes, Javier Maroto, Pablo Casado, Isabel Bonig, Xavier García Albiol, Luis de Guindos o Pedro Sanz, esperan que Barberá reflexione y ceda su escaño. A la exalcaldesa, que será investigada en el Tribunal Supremo por presunto blanqueo de capitales en el Ayuntamiento de Valencia, apenas le quedan respaldos en el partido en el que militó desde su fundación. Si acaso el apoyo explícito de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, que subraya la importancia de ser «justos» y respetar la presunción de inocencia, y el oxígeno que le concede Rajoy al cerrar el capítulo sin ir más lejos.

Como amigo personal de Barberá, al presidente le ha costado desde marzo tomar decisiones. El rechazo interno que han generado en los últimos meses las explicaciones de la exregidora, le llevó a calmar las aguas abriendo un expediente en el partido para estudiar qué pudo ocurrir en el grupo municipal del PP valenciano. Y, esta vez, la necesidad de no tropezar cuando la investidura sigue en el aire, le ha empujado a señalar el camino de salida de la senadora.

Mariano Rajoy, sin embargo, según cuentan en su partido, no llegó a levantar ni una sola vez el teléfono para pedir a Barberá el carné de militante. Ese hecho, sumado ahora a que rehúse presionar a la exalcaldesa, como exige Ciudadanos, deja en el aire el debate sobre su contundencia ante los casos de presunta corrupción.

Gobernabilidad

Su figura llega desgastada al momento en el que deberá dirimirse si procede convocar una nueva sesión de investidura o terceras elecciones. El PP no teme perder el respaldo de los 32 diputados de Albert Rivera, que parecen garantizados y a prueba de escándalos. Pero atraer la complicidad de los socialistas puede costar más. Rajoy no quiso entrar ayer a analizar hasta qué punto la negativa de Barberá, sumada al episodio del exministro de Industria, José Manuel Soria, puede mermar sus opciones como candidato. Entiende que el principal impedimento para formar Gobierno es el «no es no» de Pedro Sánchez, que ha provocado una situación que «sorprende» en Europa.

Además el caso de los ERE irregulares que afecta a los expresidentes socialistas de Andalucía, José Antonio Griñán y Manuel Chaves, ha servido al Ejecutivo en funciones para argumentar, como aseguró Rajoy, que «esto le puede pasar a cualquiera», que «la corrupción va unida a la condición humana», que son los tribunales los que deben resolver y que los partidos tienen que entenderse y pactar medidas para que algo así no vuelva a repetirse.

La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que parapetada tras la mesa del Consejo de Ministros también evitó demandar a Barberá su salida del Senado, recordó, sin citar, al PSOE lo apropiado de articular una respuesta conjunta cuando «un día habla uno mucho y al siguiente tiene que callar bastante».