Diario Sur

La resistencia de Barberá a dejar su escaño en el Senado fractura al PP

Rita Barberá, al salir de su casa el pasado miércoles, una vez conocida su decisión de abandonar el PP sin dimitir como senadora. :: rober solsona
Rita Barberá, al salir de su casa el pasado miércoles, una vez conocida su decisión de abandonar el PP sin dimitir como senadora. :: rober solsona
  • El silencio de Rajoy y el apoyo explícito de Cospedal amparan a la exalcaldesa mientras el partido se revuelve para que salga de la institución

El PP, el partido que se cobró el carné de militante de Rita Barberá, no ha salido indemne de la tormenta. La resistencia feroz de la exalcaldesa de Valencia a abandonar el Senado ha conseguido ensanchar la brecha entre quienes exigen contundencia ante las sospechas de corrupción y aquellos que han administrado la organización durante más de una década. Mientras vicesecretarios, dirigentes territoriales y el PP valenciano reclamaban el acta de Barberá, María Dolores de Cospedal puso voz a la fractura interna. «¿Conoce usted a muchos ciudadanos que sin haber siquiera ido a declarar por un asunto de aportación de mil euros tengan que dejar el escaño? Yo no», zanjó la secretaria general.

La número dos de Mariano Rajoy, además de amiga personal de Barberá, se ha convertido en su principal valedora. Su respaldo explícito es, junto al silencio del presidente del Gobierno en funciones, el único asidero que le ha quedado a la senadora en el PP. El portazo de los cargos del partido sonó ayer rotundo, pero Cospedal pidió «respeto a la presunción de inocencia» y evitó pronunciarse acerca de si la cúpula habría preferido una renuncia al escaño.

El relato de los hechos, según fuentes populares, indica, sin embargo, que la dirección del PP, representada por la propia Cospedal y el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maillo, presionó hasta lograr el «paso atrás» e hizo llegar a la exalcaldesa no sólo que «al final» tendría que dejar la formación, sino que «lo óptimo» sería también que abandonase el asiento en la Cámara alta. Pero esa cesión habría privado a Barberá de su aforamiento y, por lo tanto, de ser investigada por el Tribunal Supremo en el causa de presunto blanqueo de capitales en el Ayuntamiento valenciano. Y eso acabó desembocando en su negativa a «DIMITIR del Senado».

El PP se topó el miércoles con ese muro escrito en mayúsculas en el comunicado de Barberá. Se trataba de una imposición ante la que poco podían hacer los populares, más allá de expulsarla de su grupo en el Senado y desterrarla al Mixto. El acta parlamentaria, recordaban, es personal e intransferible. «El escaño es de los parlamentarios y es una decisión que sólo a ella le tiene que corresponder», sostuvo el ministro de Justicia, Rafael Catalá. Pero la frustración que produjo esta certeza no contuvo ayer el clamor de los cargos del partido.

Reforma legal

Los populares valencianos, encabezados por Isabel Bonig, apoyaron la propuesta de los socialistas y se unieron al resto de grupos en las Cortes autonómicas para reclamar la salida de Barberá de la Cámara alta. Es más, en el mismo Parlamento que designó a la senadora, el PP registró una iniciativa en la que se insta a buscar mecanismos para que, «en caso de interés general o causa judicial, se articulen medidas para revisar o remover los nombramientos».

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, tildó de «valiente» la actitud de sus compañeros valencianos cuando Barberá ya no es del PP y respaldó la reforma legal para impedir estas situaciones. La indignación la compartieron otros dirigentes como el vicesecretario de Acción Sectorial, que censuró con dureza que la prioridad de la senadora fuera el aforamiento. «En política -subrayó Javier Maroto en una entrevista en RNE- hay que ejercer con dignidad y con ejemplaridad, y la actuación de Rita Barberá en este final de su carrera no cumple ninguna de las dos cosas».

En la misma dirección, el coordinador de los populares en Cataluña sentenció que la exregidora «se equivoca». «Si tuviera consciencia real de la magnitud de los hechos, se habría apartado de la luz pública voluntariamente antes», censuró Xavier García Albiol. Y tanto el líder del PP en La Rioja, Pedro Sanz, como el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, trasladaron que, en su opinión, Barberá debería haber dejado el Senado.

Sólo Cospedal justificó a la histórica dirigente y durante toda la jornada una pregunta quedó sin responder en el partido: qué habría pasado si Rajoy hubiese decidido tomar las riendas y reclamar a Barberá el carné de militante y el escaño.