Diario Sur

El abismo de las terceras elecciones obligará a los partidos a definirse en octubre

  • Los vetos cruzados hacen que los gobiernos en solitario de Rajoy o Sánchez ganen peso en las quinielas

madrid. «Lo primero, yo no tengo una bola de cristal». La charla con el politólogo Pablo Simón comenzó la semana pasada casi como arrancan todas las conversaciones en nuestro país desde hace nueve meses: «¿qué va a pasar?».

Un veterano dirigente del PP sostiene que si fuéramos capaces de identificar lo que realmente mueve a cada partido y a cada líder podríamos pronosticar lo que ocurrirá en octubre, cuando al filo de la convocatoria electoral las formaciones se vean forzadas a definirse. Simón no tiene dudas en que a día de hoy «la gran palanca de Ciudadanos» es su miedo a unas terceras e inciertas elecciones generales con un sistema de reparto de escaños que ha hecho al partido de Albert Rivera «bastante daño». De ahí que los liberales, que en el camino entre el 20 de diciembre y el 26 de junio se han dejado ocho diputados, hayan convertido en seña de identidad su papel de llave del próximo Gobierno, lo administren populares o socialistas.

Pero el resto de formaciones, y aunque en tiempos de incertidumbre la apuesta por los comicios sea siempre arriesgada, quizás tema en menor medida que vuelvan a abrirse las urnas. En el PP, desde luego, tienen claro que implique lo que implique su objetivo primero y último es que Mariano Rajoy logre ser reelegido. También Pedro Sánchez pelea por su propia supervivencia al frente del PSOE. Y esta ambición se conjuga, además, con la misión de que Podemos no se haga con la supremacía de la izquierda. Mientras tanto, el partido de Pablo Iglesias, noqueado tras el 26-J por el contraste entre expectativa y realidad, trabaja por consolidar su posición política.

La dificultad de alumbrar un escenario que armonice todos estos intereses es lo que ha hecho que el bloqueo persista desde diciembre del año pasado. En términos de probabilidades, Simón entiende que, antes de convocar comicios, se situaría como hipótesis en primer lugar el gobierno en minoría de Rajoy, y, en segunda posición, el gobierno en solitario de Sánchez.

La solución del PSOE

Descartado que el líder de los populares vaya a dar un paso atrás como candidato, el presidente del Gobierno confía en que el Comité Federal del PSOE se incline por la abstención negociada con el PP. Más aún si los socialistas cosechan un mal resultado en Galicia y Euskadi. Otra posibilidad, remota si juzgamos los discursos de la Moncloa y de los nacionalistas vascos, es que el PNV acepte respaldar a Rajoy a cambio de apoyo en Vitoria.

En la encrucijada, el sendero alternativo sería el de Sánchez y su enigmático «el PSOE estará en la solución». Existe una teoría circulando en el hemiciclo sobre la posibilidad de que los socialistas, en su ronda de contactos con los demás partidos, acaben buscando que las once abstenciones que requiere el PP partan de varios grupos parlamentarios, de manera que la segunda fuerza no tenga que asumir toda la responsabilidad de haber facilitado un Ejecutivo de Rajoy.

La improbabilidad, sin embargo, de que los partidos acepten gratuitamente esta hipotética oferta es tan alta que deja al descubierto la que podría ser la última opción de Sánchez en esta legislatura si en su balanza termina por compensar no ir a las urnas. Todas las especulaciones pasan por un acuerdo, se desconoce la fórmula, que implique a Podemos y Ciudadanos. Pero hay que recordar que estas dos formaciones mantienen sus vetos cruzados. Por eso, un dirigente en el Congreso arroja su quiniela: «Si yo fuera el secretario general del PSOE, me presentaría sólo con mis 85 escaños, sin pactar con nadie».

En este escenario, se juega con que Podemos calcule que apartar a Rajoy del poder y hacerle la oposición al PSOE puede resultar suficientemente rentable a medio plazo como para apoyar ese Ejecutivo de los socialistas . Y siendo así, sin hipotecas que asumir, Ciudadanos podría verse obligado a abstenerse.