Diario Sur

El independentismo busca una nueva demostración de fuerza para impulsar la desconexión

Oriol Junqueras, líder de Esquerra, interviene en uno de los actos previos a la Diada. :: Quique García / efe
Oriol Junqueras, líder de Esquerra, interviene en uno de los actos previos a la Diada. :: Quique García / efe
  • Carles Puigdemont acusa al Estado de haber «desconectado de sus obligaciones con Cataluña»

barcelona. El curso político catalán arranca un año más con la celebración de la Diada, que el independentismo quiere volver a convertir en una nueva exhibición de fuerza que ayude al Gobierno catalán a culminar con éxito la fase final del proceso en los próximos nueve o doce meses. Fin de verano de alto voltaje, para un otoño aún más caliente, en el que en Cataluña -mientras en Madrid siguen sin encontrar gobierno- van a producirse acontecimientos que pueden ser irreversibles en lo que a las relaciones entre esta comunidad y el resto de España se refiere.

El secesionismo saldrá de manera masiva a la calle por quinto año consecutivo bajo el lema de que la república catalana está «a punto». «A punto para conseguir nuestro sueño», señalan los organizadores, la ANC y Ómnium Cultural, que fundamentan su creencia en que esta puede ser la última Diada de Cataluña como una comunidad autónoma española en el hecho de que por primera vez el Parlamento catalán tiene una mayoría absoluta secesionista y por primera vez hay un Gobierno catalán inequívocamente independentista.

La protesta de este año no se espera que tenga la espectacularidad de ediciones anteriores, sobre todo la cadena humana de 2013, la gran 'V' de victoria de 2014 o la manifestación por la Meridiana de Barcelona del año pasado. La ANC y Ómnium han optado en esta ocasión por descentralizar la movilización y celebrar cinco manifestaciones simultáneas (Barcelona, Tarragona, Lleida, Berga y Salt) para lanzar un mensaje de que todo el territorio está unido por la independencia, aunque la decisión también puede tener que ver con disimular la menor asistencia. Se esperan cientos de miles de personas en las cinco localidades, si bien las cifras de inscritos este año han sido un 20% inferiores y se respira una cierta fatiga en el independentismo, después de cinco años saliendo a la calle de manera masiva. Pero si algo caracteriza al movimiento soberanista catalán es que siempre mira de reojo a Madrid y por tanto se activa si la fiscal general del Estado advierte con aplicar mano dura al independentismo, si se hace pública una 'operación Cataluña' o el Ministerio del Interior veta la inscripción del PDC como partido político.

Presencia de Puigdemont

La otra novedad de la protesta independentista de la Diada de este año es la presencia del presidente de la Generalitat. Artur Mas declinó participar en las cuatro ediciones anteriores, no porque no compartiera los objetivos secesionistas de los organizadores, sino porque quiso preservar el perfil institucional del cargo. En cambio, Carles Puigdemont, que se estrena como jefe del Ejecutivo en un 11-S, no ha dudado en manifestarse, lo que es un nuevo aviso para navegantes: este gobierno está comprometido al 100% con el objetivo de la independencia a pesar de que en las pasadas elecciones catalanas el 52% de la población votó a formaciones no secesionistas. Puidemont marchará en Salt y su gabinete en pleno (salvo el consejero de Interior, que tiene que coordinar el operativo de seguridad) estará en el resto de las protestas.

En la previa a la Diada, que arrancó este sábado con los actos institucionales, Puigdemont cargó con dureza contra España. «El Estado se está desconectando de sus compromisos y obligaciones con Cataluña», afirmó en el discurso institucional televisado por TV3 para justificar la apuesta por la ruptura de su gobierno. A su juicio, el Estado español «sólo usa la justicia para intentar resolver un problema (el catalán) que es político». «Calla quien debería hablar y habla quien debería callar», remató. Puigdemont cree que la festividad del 11-S es importante no sólo para «reafirmar nuestra voluntad de ser como pueblo», sino también para encarar un curso político en el que «habrá que tomar decisiones que garanticen que Cataluña pueda elegir en libertad su camino».

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que no apoya la hoja de ruta secesionista de Puigdemont pero reclama el referéndum para Cataluña, también estará en la manifestación. Soberanistas e independentistas pugnan por capitalizar la protesta e imponer su relato.