Diario Sur

Idoia Mendia y Pedro Sánchez. :: Ignacio Pérez
Idoia Mendia y Pedro Sánchez. :: Ignacio Pérez

Dos exámenes duros para Sánchez

  • Los socialistas pugnan por ser segunda fuerza en Galicia, y cuarta en el País Vasco después de haber gobernado en ambas comunidades

El PSOE aguarda con la respiración contenida las elecciones vascas y gallegas. Pedro Sánchez no es candidato, pero se examina en esas contiendas territoriales. Un mal resultado, como el que apuntan las encuestas -la última la del CIS- se entendería como una sanción a su estrategia en la investidura de Mariano Rajoy, aunque las razones de esos hipotéticos malos resultados sean mucho más profundas y tengan que ver con la evolución del socialismo vasco y el nuevo marco político en el País Vasco. Unos buenos números, en cambio, se leerían como un aval sin matices a sus posiciones y su liderazgo.

Galicia hace tiempo que dejó de ser tierra de promisión para los socialistas. La irrupción de Alberto Núñez Feijóo, que hace siete años descabalgó de la Xunta a Emilio Pérez Touriño, les convirtió en segundones a distancia del PP. La reciente entrada en escena de Podemos en alianza con A Nova, Izquierda Unida y fuerzas menores del nacionalismo gallego achicó aún más el espacio del PSdG, que ahora disputa la segunda posición con la heterogénea coalición. Su crisis interna por la elaboración de las listas para estos comicios y la falta de un líder con tirón (su dirigente con más respaldo, el alcalde de Vigo, Abel Caballero, está enfrentado por este asunto con la dirección federal) tampoco han ayudado nada a mejorar las perspectivas electorales.

Si pese a todo, los socialistas gallegos conservan el liderazgo de la oposición, Sánchez podrá sentirse aliviado y enorgullecerse de un buen resultado. Gobernar la Xunta son palabras mayores para el PSdG y un objetivo a largo plazo en vista de su crisis y de la fortaleza del PP.

La situación es distinta en el País Vasco. El Partido Socialista de Euskadi no atraviesa una crisis interna, simplemente está en horas bajas desde que abandonara el Gobierno vasco en 2012. Pero sobre todo ha sido el gran damnificado por la aparición de Podemos. El partido de Pablo Iglesias ha nutrido en buena medida sus resultados en las elecciones del 20 de diciembre y del 26 de junio con las reservas socialistas.

El declive se va a ahondar, de acuerdo a lo que dicen todos los sondeos, en las elecciones del 25 de septiembre. Parte del electorado socialista se ha decantado por los candidatos de Podemos, pero también ha confiado en el PNV pragmático de Iñigo Urkullu, muy alejado de las veleidades soberanistas de Juan José Ibarretxe que fueron un catalizador para el PSE.

Sánchez tiene previsto acudir en tres veces más al País Vasco, ya estuvo el pasado domingo en San Sebastián, y regresará hoy a Vitoria, el próximo sábado volverá a la capital guipuzcoana y dejará Vizcaya para la última semana de campaña. El líder del PSOE sabe que a lo más que aspira su partido es a ser cuarta fuerza en Euskadi y superar al PP, por ahora están igualados en las encuestas. El PNV es inalcanzable, y EH Bildu, que casi siempre ha estado a rebufo del PSE, ahora supera con amplitud a los socialistas pese a la crisis de la izquierda abertzale. Podemos, aunque va a retroceder en estas elecciones, también está fuera de su alcance. Sánchez tiene motivos para preocuparse por su partido en Euskadi.