Diario Sur

Rajoy y Núñez Feijóo, ayer, en un mitin en Pontevedra. :: efe
Rajoy y Núñez Feijóo, ayer, en un mitin en Pontevedra. :: efe

En busca del impulso para la investidura

  • Rajoy espera que las urnas refuercen su posición como candidato a la Moncloa y hagan reflexionar a los socialistas

Las conclusiones del último barómetro del CIS cayeron este jueves como agua de mayo en las filas populares, azotadas por el escándalo del nombramiento y la renuncia de José Manuel Soria a su candidatura al Banco Mundial. El pronóstico de una nueva mayoría absoluta en Galicia y la posibilidad de convertirse en llave de gobierno en el País Vasco, supuso un alivio para el PP, que confía en que las elecciones del 25 de septiembre refuercen las posiciones políticas de Mariano Rajoy como candidato a la Moncloa.

El PP extrae dos lecturas relacionadas entre sí de lo puede ocurrir tras los comicios. Por un lado, los populares buscan, una vez más en las urnas, el aval indirecto a la estrategia de su presidente, de manera que un buen resultado apuntale la legitimidad de Rajoy como aspirante a la reelección. De este modo, el jefe del Ejecutivo no sólo esgrimiría ante los adversarios su victoria en las dos últimas elecciones generales, sino que contaría con el argumento de haber mantenido la confianza del electorado en su fuerza política en tiempos convulsos.

Y en segundo lugar, el partido espera que el 25-S sea el punto de inflexión que lleve al PSOE a revisar su negativa a facilitar la investidura de Rajoy. Las últimas encuestas apuntan que los socialistas podrían sufrir un fuerte varapalo en el País Vasco y un retroceso en Galicia. Motivos suficientes, según los populares, para que en el próximo Comité Federal se exijan responsabilidades a Pedro Sánchez y se apueste por negociar una abstención con el PP y pasar a la oposición para rearmarse.

Ese sería el escenario soñado por los conservadores, que llevan ocho meses ansiando el momento en el que su rival quede desacreditado en el debate interno del PSOE. Este mismo viernes, la vicepresidenta del Gobierno recordó a los socialistas la necesidad de resolver cuanto antes. «Si el resultado de las elecciones autonómicas les mueve a desbloquear la situación y evitar unas terceras elecciones, bienvenido sea», confesó Soraya Sáenz de Santamaría.

Rajoy lo fía todo a un cambio de parecer de los socialistas. Pero llegados al extremo de tener que recurrir a otras formaciones, el escrutinio del País Vasco podría alumbrar una nueva vía, aunque extremadamente complicada, para despejar la investidura. Si los votos del PP fueran necesarios para sostener a Íñigo Urkullu en el Gobierno autonómico, los populares podrían negociar con los nacionalistas lo que el PNV llama un «cambio de cromos». Aunque la formación vasca casi ha convertido su rechazo a la candidatura de Rajoy en una cuestión de honor.

Estos comicios tienen, además, una vertiente en clave sucesoria. En ambos territorios, el PP está representado por dos de sus barones más potentes. Tanto el candidato vasco, Alfonso Alonso, como el gallego, Alberto Núñez Feijóo, figuran en las quinielas como relevos de Rajoy. Y una mayoría absoluta en Galicia podría ubicar a Feijóo en la primera posición del ranking. Él, que pensó en retirarse, ha podido generar con su continuidad una opción de saltar en el futuro a la política nacional.