Diario Sur

Sánchez e Iglesias, durante la sesión de investidura. :: REUTERS/A. COMAS
Sánchez e Iglesias, durante la sesión de investidura. :: REUTERS/A. COMAS

Sánchez acusa a Podemos y Ciudadanos de bloquear la regeneración política

  • El líder del PSOE descarga en las dos fuerzas emergentes la responsabilidad de una nueva convocatoria electoral

Aún sin haber teminado su ronda de contactos a Pedro Sánchez ya le ha quedado negro sobre blanco que la posibilidad de recabar el apoyo de Unidos Podemos y Ciudadanos para una posible investidura es una vía muerta. No lo consiguió el pasado marzo y tampoco lo conseguirá ahora, tal y como le han repetido a lo largo de los últimos días desde uno y otro partido. Ante esta situación de veto mutuo entre las dos formaciones emergentes y la prohibición expresa del Comité Federal del PSOE de recabar cualquier apoyo de las fuerzas independentistas, la estrategia de Sánchez queda por ahora limitada a intentar no cargar sobre sus espaldas con la culpa de unas terceras elecciones. Esa responsabilidad es justo con la que le presionan el resto de fuerzas, ya sea para abstenerse en una nueva investidura de Rajoy o para buscar el apoyo de los independentistas, así como un sector de su propio partido en el que destacan figuras como el expresidente Felipe González o Josep Borrell.

«Resultan inútiles a la regeneración los que diciendo defenderla se enrocan en vetos cruzados provocando precisamente lo contrario: el bloqueo, más parálisis y enquistamiento de los problemas de los ciudadanos», criticó ayer el secretario general del PSOE durante una intervención en la Escuela Internacional de Verano del sindicato UGT de Gijón. No fue el único dardo que lanzó contra los que desearía fueran sus socios de Gobierno. Así, acusó a los partidos de Pablo Iglesias y Albert Rivera de impedir el cambio político que, según afirmó, llegaría de la mano de un Gobierno socialista. Según desgranó, este consistiría en la reforma del sistema electoral, la reforma del Senado para convertirlo en una auténtica cámara territorial, e incremento de la capacidad del poder legislativo para controlar al Ejecutivo o una reforma constitucional para fortalecer los derechos sociales y el Estado de bienestar. Todas estas medidas, sostienen en el PSOE, son compartidas tanto por Podemos como por Ciudadanos.

El líder del PSOE llamó a no caer en el pesimismo -«los grandes cambios se producen en situaciones críticas», dijo-, pese a que es consciente de que la posición de Podemos y Ciudadanos es a día de hoy inamovible. Tanto que, conocedor de las respuestas que obtendrá de Rivera, ni siquiera le ha telefoneado aún, cuando sí lo ha hecho a Mariano Rajoy, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y Francesc Homs. Se trata de un dato que no deja de ser significativo toda vez que Rivera, con el que firmó un pacto de Gobierno la pasada legislatura, es uno de los líderes nacionales con el que, a priori, mejores relaciones mantiene.

Un no definitivo

Aún sin haberse postulado a la Presidencia del Gobierno, Sánchez mantiene su apuesta por un pacto transversal entre lo que ha bautizado como «las fuerzas del cambio». Ayer insistió en defender «la lógica de la regeneración» frente a «la lógica de los que -en referencia al PP- amparan la corrupción».

Sánchez censuró la cerrazón de Podemos y Ciudadanos para formar un Gobierno de cambio a la vez que insistió en su no a un Ejecutivo del PP. En su discurso en Gijón, reiteró que la posición del PSOE es «firme, nítida y clara». El secretario general de los socialistas justificó que España necesita un gobierno «limpio, social, dialogante, creíble y regeneracionista». Y esto es algo, zanjó, que nunca podrá darse de la mano de Rajoy. Por último, Sánchez acusó a los populares de haber convertido «la mentira en costumbre, lo que es veneno para la salud de este país», y señaló que el último ejemplo se ha visto con la cascada de embustes que han rodeado el intento de nombrar al exministro José Manuel Soria como director adjunto del Banco Mundial.

La firmeza de Sánchez en su veto al líder de los populares le mantiene enfrentado a pesos pesados de su partido. Ayer en Gijón, por contra, le valió el agradecimiento de muchos de los sindicalistas que acudieron a escucharle.