Diario Sur

Rajoy enmudece tras la renuncia de Soria mientras el PP respira aliviado

Rajoy presentó ayer al candidato del PP a lehendakari, Alfonso Alonso, en un desayuno informativo en Madrid. :: Andrea Comas / reuters
Rajoy presentó ayer al candidato del PP a lehendakari, Alfonso Alonso, en un desayuno informativo en Madrid. :: Andrea Comas / reuters
  • El partido logra por primera vez torcer la voluntad de su líder, mientras la oposición hará valer hoy su mayoría para exigir explicaciones

La locuacidad de los últimos días se transformó ayer en mutismo en el Gobierno. Mariano Rajoy, que se había erigido en el principal valedor del «funcionario» José Manuel Soria como candidato a una de las direcciones ejecutivas del Banco Mundial, rehusó las preguntas sobre la renuncia forzada de su exministro de Industria. «¡Buenos días!», respondió hasta dos veces con una sonrisa y saludando con la mano. Para entonces, el gesto de los dirigentes del PP ya se había relajado. El partido respiró entre satisfecho y aliviado. «Rectificar es de sabios», resumió el vicesecretario de Acción Sectorial, Javier Maroto, dando por hecho la comisión de un error, pero sin apuntar al responsable del viraje.

La versión de Soria, amigo personal del presidente, señala que fue el Gobierno el que demandó que por segunda vez en un mismo año diera un paso atrás en aras del futuro del presidente del Gobierno y del partido. En el PP, sin embargo, hay quien sostiene que si bien se le hizo ver la dimensión de la polémica y la posibilidad de que no pasara el examen del Banco Mundial, el exministro resolvió liberando, de paso, la presión de la olla hirviendo en la que se había convertido la formación.

Las informaciones sobre lo ocurrido se cruzaron ayer con los rumores en los mentideros del PP, donde se trataba de dilucidar si el ministro de Economía, Luis de Guindos, estuvo en la promoción de Soria como candidato a director ejecutivo en la institución internacional o si quien autorizó su nombramiento fue Rajoy. Aunque varias fuentes populares subrayan que nadie en el partido hace nada sin la autorización del «jefe».

Los despachos de la Moncloa encierran en todo caso la certeza de cómo transcurrieron los acontecimientos porque en la formación subrayan que nunca se les llegó a informar de las decisiones que fueron adoptándose. En esta ocasión, sin embargo, los barones del PP pueden apuntarse su primera victoria en la batalla por preservar la imagen y las siglas de su fuerza política.

La victoria de los barones

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, que representa para buena parte de los populares la defensa de la regeneración democrática y de una nueva forma de afrontar la política, zanjó la controversia veinticuatro horas después de la renuncia de Soria. «Me parece bien», replicó. Se sumaron el expresidente del Congreso, Jesús Posada, para el que la retirada era «la mejor solución», y el líder del PP extremeño. «Cuando hay mucha polvareda en los ciudadanos es porque algo pasa», añadió José Antonio Monago.

También en la Junta de Castilla y León celebraron la noticia. La vicepresidenta, Rosa Valdeón, ayer satisfecha, fue la primera en elevar la voz el viernes por la noche, escandalizada y convencida de que las cosas se cambian desde dentro. Superado el escollo, el candidato del PP en las elecciones gallegas, el presidente Alberto Núñez Feijóo, pronosticó, quizás con esa esperanza, que la tormenta no tendrá «efectos» al haberse enmendado el desatino.

La oposición, sin embargo, no está por la labor de pasar por alto los cuatro días en los que el Gobierno, según el PSOE, ha mentido al vender el nombramiento como el resultado de un concurso público que no cumplía los requisitos para ser denominado así. A su entender, se trata de un «dedazo» de Rajoy del que De Guindos deberá dar explicaciones en un pleno urgente en el Congreso.

A los socialistas y Podemos se ha sumado, además, Ciudadanos, que ha endurecido sus críticas una vez resuelto el entuerto, y juntos forzarán en la Junta de Portavoces de este jueves que se convoque una sesión monográfica en el hemiciclo. El Ejecutivo puede, aun así, seguir escudándose en su transitoriedad como Gobierno «en funciones» para no someterse al control de las Cortes. Especialmente porque el Tribunal Constitucional todavía no ha resuelto el recurso que la Cámara presentó en la pasada legislatura sobre cómo proceder en estos casos.