Diario Sur

Sánchez y Rajoy hablan sin acercarse un milímetro

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en su encuentro del pasado 29 de agosto. :: andrea comas / reuters
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en su encuentro del pasado 29 de agosto. :: andrea comas / reuters
  • Crece la sensación entre los socialistas de que la ronda de contactos que ha abierto su líder será un ejercicio inútil

Fueron diez minutos de charla para constatar lo que ambos ya sabían. «Para 'ná'», que diría el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando. Pedro Sánchez llamó ayer a Mariano Rajoy y no se acercaron ni un milímetro. El líder del PP puso por delante que él debe presidir el próximo Gobierno porque es el candidato del partido más votado; y el secretario general del PSOE reclamó una solución al bloqueo causado por su candidatura. Ni quedaron para verse.

Los líderes de los dos grandes partidos siguen encastillados en sus posiciones y no hay el menor atisbo de que alguno vaya a ceder siquiera un ápice en aras de un entendimiento que evite las terceras elecciones en un año. Los dos pusieron sobre la mesa los mismos argumentos que manejan desde el 20 de diciembre. Rajoy, según explicó en un comunicado, reiteró la oferta de la gran coalición y ratificó su disposición a negociar asuntos «sectoriales», como el modelo educativo, la financiación autonómica, las pensiones, la violencia machista o la formación de un frente por la unidad de España ante la amenaza independentista en Cataluña.

Sánchez no emitió un comunicado, pero fuentes próximas al secretario general del PSOE señalaron que reiteró ante su interlocutor la negativa a facilitar su investidura y le explicó que con esa conversación abría una ronda de contactos con los líderes políticos para buscar una solución al bloqueo. Quedaron en seguir hablando aunque la primera toma de contacto fue un perfecto diálogo de besugos y un calco de la conversación que mantuvieron antes de la investidura fallida de Rajoy de la pasada semana, una reunión que a la salida Sánchez tachó de «perfectamente prescindible».

En la Moncloa y el PP tienen la convicción, como en el resto de fuerzas políticas y en sectores cada vez más amplios de los socialistas, de que Sánchez ha abierto el carrusel de conversaciones para que nadie pueda reprocharle que no hizo nada para romper el bloqueo y evitar nuevas elecciones en diciembre, y para ganar tiempo en su partido y dilatar la convocatoria del congreso federal del PSOE en el que se enjuiciaría su liderazgo y en el que corre el riesgo de perderlo.

Tan convencidos están los populares de que esa es la motivación de la ronda que el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, se saltó todas las convenciones de cortesía entre partidos y reclamó al Comité Federal del PSOE que «medie» en las negociaciones para desatascar la situación y se pueda formar gobierno. El portavoz popular reclamaba una llamada al orden del máximo órgano de dirección de los socialistas a su líder para que ponga punto final «a un paripé» que conduce a nada. Qué sentido tienen estas conversaciones, dicen en el PP, cuando Podemos y Ciudadanos han dicho que son «castillos en el aire» porque no van a compartir ningún tipo de acuerdo; los independentistas catalanes exigen como contrapartida la celebración del referéndum que el PSOE no puede aceptar, y la postura de Rajoy es de sobra conocida. Incluso la habitualmente discreta presidenta del Congreso, Ana Pastor, afirmó que «los españoles quieren acuerdos» porque en este escenario «pasear y hablar no sirve para nada».

Postureo

Un cuadro que podría llevar la firma de numerosos dirigentes socialistas que tampoco alcanzan a entender el sentido de estas entrevistas cuando el debate, a su juicio, debería ser qué hacer de verdad, «no de postureo», ante una hipotética segunda investidura de Rajoy. «¿Que no conduce a nada? Puede ser, desde luego es lo más probable», admitió Emiliano García-Page, uno de los pocos barones socialistas que pone voz y rostro a las críticas. La andaluza Susana Díaz, que podría encabezar la corriente disidente, se mantiene callada, aunque a través de su número dos reclamó a Sánchez que «no canse a la gente» con contactos yermos.

En el PSOE se preguntan además por las razones que ha tenido Sánchez para ampliar el abanico de las conversaciones ya que en la segunda sesión del debate de investidura y en un mitin electoral del sábado en A Coruña circunscribió su llamamiento a «las fuerzas del cambio», esto es a Podemos y Ciudadanos, y el lunes, tras reunirse con la comisión permanente de la ejecutiva del partido, incorporó al PP y a nacionalistas e independentistas. Para «estirar el chicle», sentencian en voz baja los 'antisanchistas'.