Diario Sur

El nombramiento de Soria sacude las organizaciones territoriales del PP

  • Los barones cuestionan su elección para el Banco Mundial mientras Rajoy sólo ve a «un funcionario que actúa como todos los funcionarios»

A ojos de Mariano Rajoy resulta «obvio» que José Manuel Soria más que un político dimitido por mentir es un empleado público que opta a una plaza en el Banco Mundial. Es más, el ministro de Industria que tuvo que abandonar el Gobierno tras publicarse sus vínculos con empresas en paraísos fiscales es, tal y como lo entiende el presidente del PP, un «funcionario que actúa como todos los funcionarios». Las explicaciones, sin embargo, no resultan tan evidentes para muchos barones populares que no comprenden que el Ejecutivo, en el momento político más controvertido, resucite la polémica.

Un aluvión de declaraciones quejosas sacudió los cimientos del partido. Las mismas organizaciones territoriales que en los comicios autonómicos de 2015 pagaron la factura de una marca PP que cotizaba a la baja, no acaban de entender la necesidad de seguir adoptando decisiones que cuestionen el anunciado compromiso de la formación con la regeneración política.

Quien se enfrenta a las urnas en apenas veinte días, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, admitía ayer que para mucha gente es «difícil de entender» la manera en la que se ha procedido y subrayaba que el deber de un político es «asumir la crítica y la opinión de los ciudadanos». Más explícita se mostró la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, que a título personal valoró que la designación de Soria «no debería haberse llevado a cabo». Mientras, el coordinador general del PP en Cataluña, Xavier García Albiol, eludía pronunciarse por ser «disciplinado» y «querer mucho» a su partido.

La número dos del Ejecutivo de Castilla y león, Rosa Valdeón, ha defendido, sin embargo, estos días la necesidad de expresar estas discrepancias porque «las cosas se cambian desde dentro». Ayer mismo reclamaba al Gobierno una rectificación, pero desde la Moncloa y la dirección nacional de los populares se optó por intentar aplacar los ánimos.

La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, llamó a respetar «la legalidad» y trató de aclarar a propios y extraños que fue una «comisión técnica» la que de acuerdo «con el escalafón» decidió la propuesta de Soria para ocupar una de las direcciones ejecutivas del Banco Mundial. Con la misma incredulidad sobre la oleada de reproches, Rajoy recordaba desde la cumbre del G-20 en China que el exministro ya abandonó hace meses toda su actividad en el Ejecutivo y en el partido, y que, por lo tanto, «no estamos hablando de un tema que afecte a un político».

Oportunidad inoportuna

Ambos obtuvieron el respaldo del titular de Asuntos Exteriores, que denunció que los españoles sean «muy aficionados a penas de telediario» y censuró a quienes han puesto el grito en el cielo. «Creen que el problema de España es ahora que un técnico comercial del Estado ocupe un cargo de técnico comercial en el Banco Mundial», lamentó José Manuel García-Margallo. Pero cuando el PP trata de granjearse apoyos para superar una investidura que sigue en el aire, su compañero de filas, el presidente de los populares extremeños, José Antonio Monago, reconoció que el momento «no parece el más adecuado».

En la cúpula del PP persiste la sensación de que la controversia pasará a un segundo plano en cuestión de días, del mismo modo que pronosticaron que el primer capítulo del escándalo de Soria, su aparición en los 'papeles de Panamá', no les restaría en las elecciones del 26 de junio. Esta vez, sin embargo, y al menos hasta el 31 de octubre, Rajoy no apela a la confianza del electorado, sino a la del resto de partidos para poder gobernar.

Todos los grupos parlamentarios, salvo el PP, han reclamado ya en el Congreso las explicaciones que dará, probablemente antes de que concluya septiembre, el ministro de Economía, Luis de Guindos. Está por ver de qué modo afecta, si es que lo hace, a las negociaciones para formar Gobierno. Por ahora, eso sí, Ciudadanos considera la elección de Soria «inaceptable», en el PSOE tanto los afines a Pedro Sánchez como los críticos denuncian el «problema gordísimo» que tiene un PP que no ve «la indecencia», y el PNV subraya el «error inasumible» de Rajoy.

Para Podemos la propuesta de Soria es, sin más, «puro nepotismo». El secretario de Organización, Pablo Echenique, tachó de inconcebible que el «amigo del presidente» pueda «ganar un salario mínimo interprofesional, 620 euros, al día».