«No he utilizado un disfraz físico en mi vida, pero sí psicológico para que me quieran»

Agustín Casado, antes de la entrevista, posa en la Asociación Carnavalesca de Marbella. /Josele-Lanza -
Agustín Casado, antes de la entrevista, posa en la Asociación Carnavalesca de Marbella. / Josele-Lanza -

Agustín Casado Pregonero del Carnaval de Marbella 2018. El Premio Nacional de Humor Gráfico, autor del emblema y de la medalla que entrega la Asociación Carnavalesca, se declara ferviente seguidor de los concursos de agrupaciones

Nieves Castro
NIEVES CASTROMarbella

Canotier sobre la testa y bastón en la diestra. De esta guisa y enfundado en el papel del pregonero del Carnaval de Marbella 2018 promete pisar las tablas del Teatro Municipal el próximo 10 de febrero el Premio Nacional de Humor Gráfico Agustín Casado (Málaga, 1949). Este dibujante, pintor y poeta afincado en la ciudad se enfrentará a partir de las nueve de la noche al exigente aficionado con el único reto de «agradar».

-¿Agustín Casado es amante del Carnaval?

-Yo soy un tipo que como espectador, 'voyeur', mirón, soy estupendo. Luego lo de implicarme sólo relativamente. En el caso del Carnaval, lo que me ha ganado desde siempre es el concurso de agrupaciones de Cádiz. La capacidad versificadora que muestran algunos ciudadanos es verdaderamente envidiable y fascinante. Confieso que he seguido muchas madrugadas desde hace mucho tiempo esas deleznables y horteras transmisiones de Canal Sur, que, por otra parte, benditas sean porque me han posibilitado ver los concursos.

«La gente es buena, si le das lo que está esperando te tolera cualquier cosa»

«Toda mi vida he deseado ser del siglo XIX por llevar un canotier. No se ha dado la ocasión, ahora la tengo perfecta»

«El día del pregón del Carnaval el teatro se peta, yo lo comparo con un salón del Oeste»

-¿Se ha disfrazado alguna vez?

-Yo vivo disfrazado casi permanentemente, porque el disfraz puede ser físico y de otro orden. El mío es de otro orden, seguramente. Me toman y lo agradezco mucho, por lo que no soy en realidad. Hay una frase acuñada en mi casa por el cabrón de mi hijo según la cual «papá no se viste, papá se tapa». En resumen: no he usado un disfraz físico en mi vida, pero sí los psicológicos.

-¿Y para qué le sirve el disfraz psicológico?

-Sirve para que te quieran. Hace mucho tiempo que decidí que pinto o dibujo para que me quieran. Para que te quieran tienes que hacerte ver y para hacerte ver si no eres guapo, rubio ni alto como es el caso, sustituyes con otras habilidades. Y si hay que disfrazarse se disfraza uno de lo que sea, hasta de pregonero de Carnaval.

-¿Qué se le pasó por la cabeza cuando le ofrecieron representar el papel?

-Yo estoy encantado. He llegado incluso a formularme la pregunta de si la Asociación Carnavalesca sería capaz de dejar que me muriera sin ofrecérmelo. Estoy ilusionadísimo.

-Ya tiene experiencia en esto de dar pregones e incluso redactarlos para otros, pero ¿le asusta la cita del próximo día 10?

-El día del pregón del Carnaval el teatro se peta, yo lo comparo con un salón del Oeste donde el pianista que ha estudiado en el conservatorio intenta tocar una sonata y el público lo que quiere es un cancán, y entonces hace lo que puede mientras las balas silban sobre su cabeza. En una palabra, ir con mariconadas de versos como yo hago a un público que va a otra cosa, al jaleo y al caldeo de la fiesta, puede ser un poco temerario. Así que he escrito un pregón con el que creo que me acoplo a lo que se espera.

-¿Puede adelantarnos algo?

-Pues no digo que sea populista porque eso se queda para los políticos. Digamos que es más alegre de lo que uno es. La gente va con la fiesta puesta y no se puede defraudar. Tengo intuición para saber lo que se espera de uno y eso es muy importante porque si puedes ponerte en la piel del público ya has triunfado, seguro. Luego, la capacidad de ejecutarlo es otra cosa, unas veces aciertas y otra no. Yo suelo acertar porque la gente es buena y si le das lo que está esperando te tolera cualquier cosa. Y a mí es que de verdad me pone el escenario. Al final, uno escribe, pinta, dibuja para que lo vean en medio de la grisura general en la que vivimos, poniéndose de puntillas y aportando lo que tiene con la mejor intención para que te quieran. Y eso implica negarse muchas cosas. Que esperan que seas simpático, pues simpático de la muerte aunque te duelan las muelas. Yo he tardado 68 años en aprender esto, pero se acaba aprendiendo.

-¿Dejará hueco a la improvisación o llevará papeles?

-Papeles ni uno. De todas formas como dice mi mujer tengo una clara tendencia a pederlos. Pero de todas formas no se me ocurriría. Aquel que se sube a dar un pregón o arengar con papeles ha perdido la partida antes de empezarla. A la gente hay que mirarla a los ojos cuando se le habla porque es la única manera de que no esté a los dos minutos pensando en la actuación del tío de Cádiz o en la hipoteca. La única manera de hacerlo bien es subir al escenario sin papeles, de lo contrario te sacan a tomatazos. Eso implica, evidentemente, que lo escribes y tratas de memorizarlo pero sobre la marcha, cuando hay un atasco, tienes que improvisar.

-¿Para la ocasión tiene previsto disfrazarse?

-Le confieso que he mirado en 'YouTube' a mis antecesores y con pánico he comprobado que todos han salido absoluta y rigurosamente disfrazados. No voy hacerlo yo. Aunque hay un personaje que admiro y que le gusta a mis nietas que lleva un precioso canotier: Mary Poppins. Toda mi vida he deseado ser del siglo XIX por llevar un canotier. No se ha dado la ocasión y creo que ahora la tengo perfecta. Llevaré un canotier y un bastoncillo de bambú, que no es poco.

-¿Cuál ha sido su relación con el Carnaval de Marbella hasta la fecha?

-El logotipo vigente de la Asociación Carnavalesca de Marbella es mío. Un logotipo que han convertido en medalla de oro que dan a los notables cada año. Y además he ganado dos veces el concurso del cartel de Carnaval. Así que soy un mirón pero en cierta manera si que participo un poco en la fiesta. Pensándolo, me falta ser Dios Momo que es una figura que no entiendo demasiado bien, porque hasta lo que sé el Dios Momo es un poco el tonto del pueblo, el tío al que tiran cosas, el bufón de la fiesta, pero se postula un montón de gente.

-Supongo que espera que el pregonero no se convierta en improvisado Dios Momo.

-Lo tomo como un reto por la especial idiosincrasia de la fiesta que se trata y la impaciencia de la gente por empezar inmediatamente con el caldeo. John Ford decía que una buena película de acción es aquella que comienza con un terremoto y a partir de ahí va creciendo en intensidad hasta el final. Pues me parece que el pregón de Carnaval es una aventura al estilo de John Ford, no se puede aflojar en absoluto. Y máxime cuando mis últimos antecesores han sido carnavaleros que lo que han hecho ventajosa y ventajistamente ha sido subirse al escenario, hacer una actuación y quedar como Dios, que es lo que la gente va a esperar. Yo no canto: voy a hablar. Es un reto. Y meterlos en la muleta y que no me partan la femoral es una prueba.

-¿Y la va a superar?

-Yo sé que sí. Muy poquitas cosas sé hacer en la vida, pero meter en el capote a un auditorio, con toda modestia y pidiendo disculpas, creo que sé hacerlo.

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