«Señor agente, tengo grabado al ladrón que robó en mi coche»

El sospechoso, al bajarse de su coche. / SUR

Las cámaras que el propietario instaló en el vehículo captaron al sospechoso. Un vecino de Marbella, ha denunciado la sustracción de un portátil y 170 euros que llevaba

JUAN CANO y JON SEDANOMálaga

Ezequiel se encontró el coche abierto y una bolsa que él no había dejado allí. Dentro había papeles y un trapo viejo. Escamado, empezó a recorrer los lugares del vehículo donde guardaba dinero y objetos de valor. Primero levantó el apoyabrazos, donde hasta ese día guardaba el dinero del cambio para el reparto a domicilio del restaurante marbellí donde trabaja. De los 170 euros que llevaba sólo quedaban unas cuantas monedas desperdigadas por el suelo del Ford Focus. «Se le debieron de caer [al ladrón] con las prisas. Al agacharse a recoger algunas, vería el portátil», especula el joven, que inconscientemente reprodujo ese mismo movimiento y descubrió que el ordenador, que había escondido bajo el asiento del acompañante, también había desaparecido.

Hace casi un año, Ezequiel se vio involucrado en un accidente en cadena en Mijas. Según su versión, él frenó al ver que el coche de delante se detenía por un atasco, pero el que venía detrás le golpeó en la parte trasera del vehículo, lo desplazó e hizo que embistiera al que lo precedía. Y así sucesivamente. El caso es que la Guardia Civil no reflejó el siniestro de ese modo, sino que determinó que Ezequiel también estaba en movimiento cuando se produjo la colisión múltiple y lo consideró uno más de los responsables de la misma, además de multarlo por no respetar la distancia mínima de seguridad. «Decidí que ya no me iba a ocurrir más, que no iba a ser mi palabra contra la de otro, sino mis pruebas. Ante la impotencia que sentí, compré en Amazon unas cámaras de las que graban alrededor del coche. Me costaron 80 euros», explica.

El pasado día 16, tras comprobar que le había robado en su coche, que había dejado aparcado en la puerta de su trabajo, en la calle Berlín, se acordó inmediatamente de las cámaras. Aunque se apagan después de parar el motor, él las tiene programadas con un sensor de movimiento para que se enciendan si golpean o manipulan su coche. Corrió hasta su casa y descargó en el ordenador las imágenes almacenadas en la tarjeta de memoria con la esperanza de que hubieran filmado el robo. Y allí estaba. A las 13.10 horas, grabaron a un hombre acercándose al coche. Portaba en una de sus manos la misma bolsa que después Ezequiel encontró dentro del Ford Focus. «Se la dejaría olvidada. Yo creo que la llevaba para disimular», cuenta el joven. En el vídeo no se aprecia el momento exacto del robo, de ahí que este periódico haya decidido taparle la cara, pero sí se observa cómo el individuo vuelve sobre sus pasos y se acerca al vehículo. Lo que sucede después, no se ve, pero sí se oye. «Se escucha perfectamente cómo está hurgando en el interior», afirma el denunciante. Y luego el hombre vuelve a aparecer en el plano, esta vez para subirse apresuradamente en su automóvil, un Seat Ibiza gris aparcado justo detrás del Ford Focus de Ezequiel, y marcharse del lugar.

Con el vídeo guardado en un pen drive, el joven se desplazó a la comisaría de Marbella, denunció los hechos y entregó las imágenes. Inicialmente no se dio cuenta de que la cerradura estaba forzada, pero los inhibidores de comisaría le obligaron a usar la llave y se percató de ello, por lo que al día siguiente amplió la denuncia. «Me dijeron que para el lunes tendrían novedades. Al ver que no me llamaban, me pasé otra vez el miércoles. «No entendía la tardanza, nadie va con tantos datos de un robo como los que yo les llevé. Tenía al ladrón grabado, me faltaba solo traerlo de la oreja a comisaría», se queja.

Según cuenta, los policías le explicaron que no era tan sencillo, que lo habían identificado y habían ido a su domicilio, pero que nadie les abría la puerta y que, por las características del delito, no era suficiente para un registro en la vivienda. «También me dijeron que, si no lo detienen en los próximos días, lo pondrían en busca y captura y caería en cualquier control. Ya no tengo ninguna esperanza. Mi portátil ya debe de andar en Francia o en Marruecos», se lamenta el joven, que asegura que, además de ser empleado del restaurante, es psicólogo y conservaba en el ordenador informes de trabajo importantes. «No es por el portátil, es por todo lo que tengo ahí guardado».

Entre los consejos que suele difundir la policía para evitar robos, siempre reitera que no se deben dejar objetos de valor en el interior de los coches, aunque no estén a la vista. Pero tampoco lo estaban las cámaras...

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