¿Sabías que..? Marbella cuenta con su propia babosa marina

Miembro de la comunidad identificada en zona de penumbra de la Torre del Cable. /Nora Cámara y S. Galdeano
Miembro de la comunidad identificada en zona de penumbra de la Torre del Cable. / Nora Cámara y S. Galdeano

Un libro editado por la Asociación Marbella Activa descubre secretos muy poco conocidos de los ecosistemas del municipio

Nieves Castro
NIEVES CASTROMarbella

La Asociación Marbella Activa, implicada en la realización de acciones educativas en la localidad costasoleña, sorprende ahora con la edición de un libro sobre la desconocida naturaleza de Marbella, pero desconocida, desconocida... En este nuevo proyecto que lleva por título ‘Marbella, naturalmente’ los autores han rescatado decenas de curiosidades sobre los ecosistemas del municipio. El proyecto ha visto la luz gracias al micromecenazgo, siendo posible la edición de un millar de libros que se repartirán entre los colegios e institutos de la ciudad. La obra está llena de sugerentes ¿Sabías que..? sobre un entorno natural con matices increíbles como los que abordamos.

Especies propias

‘Marbella, naturalmente’ saca a flote una especie marina propia de la costa marbellí que no se da en ninguna otra parte del mundo. El nombre de este molusco delata su cuna: Tambja marbellensis. Se trata de una babosa de color verde con líneas amarillas de la que da buena cuenta el dibujo de Raúl León, que ilustra todo el libro.

Los endemismos de la localidad no sólo viven bajo el agua, también afloran sobre el suelo. El macizo que resguarda Marbella, Sierra Blanca, da cobijo a especies vegetales que sólo se dan en ese entorno. Los autores del libro recuerdan que en esta sierra, declarada Zona de Especial Conservación (ZEC) en 2015, se han llegado a contar hasta siete especies botánicas endémicas.

Arriba, moluscos de la zona, Cymatium parthenopeum. Abajo, corales nacidos en el entorno de la Torre y dunas de Real de Zaragoza. / Nora Cámara y S. Galdeano, y Josele-Lanza

Un lugar propicio para el asalto: los barronales.

A lo largo de la costa de Marbella quedan importantes ecosistemas dunares, aunque si usted, lector, da con un marbellero de pro es posible que le hable de barronales, término con el que se conoce a las dunas desde tiempos remotos en alusión a una planta muy características de estos espacios arenosos llamada barrón.

El título editado por Marbella Activa, con textos en español e inglés, apunta una curiosidad más sobre estos enclaves litorales por los que discurrían las diligencias en el siglo XX, y es que en estos lugares proliferaban los asaltos debido, afirman, a la dificultad que encontraban los carros para superar los arroyos y la gran extensión de las dunas.

Animales poco usuales.

Con la vestimenta adecuada siempre es agradable visitar el paraje natural de Los Monjes, enclavado en pleno corazón de Sierra Blanca. Además de ver el arroyo y las ruinas de la ermita que da nombre al lugar, construida en el siglo XVI por monjes franciscanos defensores de la pobreza, podrá toparse con la salamandra penibética, «un anfibio endémico de la cordillera penibética y cuya área de distribución mundial se limita a las provincias de Málaga y Cádiz».

El libro hace un repaso por otras especies de la fauna con interés, entre ellas la nutria. Aunque llegó a estar amenazada en España, en la actualidad está recuperándose y conquistando terreno. En Marbella, puede verse jugando sobre todo en el embalse de las Medranas.

Ríos y arroyos con protección europea.

Por la orografía marbellí discurren 17 ríos y arroyos. El recorrido fluvial de algunos como Guadaiza, Guadalmina, río Verde o río Real tienen reconocidos sus extraordinarios valores ambientales con una figura de protección a nivel europeo.

Echar la caña en el pasado en algunos como río Verde podía ser una tarea fructífera por la gran cantidad de peces que vivían en sus aguas. Y entre ellos, animales tan poco usuales en nuestros días como las anguilas. Estos peces llegaron a ser tan abundantes que se convirtieron en un quebradero de cabeza por los daños que causaban en las acequias de riego, que atascaban al agolparse en masa.

‘Marbella, naturalmente’, con textos de Javier Lima, Antonio Figueredo y David Bailón, y prólogos del naturalista Joaquín Araujo y el biólogo Jesús Duarte, hace altos en el camino para destacar dos de los saltos de agua más destacados de Marbella: la cascada de Camoján y la de Puente Palo, con flujos que se precipitan con gran vistosidad desde Puerto Rico Alto.

La vida se abre paso en un arrecife de hormigón.

La Torre del Cable, enclavada a pocos metros de la orilla, es, además de un símbolo de la ciudad costasoleña, un arrecife artificial que abriga «cientos de especies». Esta construcción recientemente recuperada por el Estado era la estación final de un tranvía aéreo construido en 1957, que desplazaba el hierro desde la mina, pasando por encima de la carretera N-340, para que los barcos que no podían entrar en el puerto pesquero por sus dimensiones lo cargaran en sus bodegas. Hoy, aparte de ser un resto del patrimonio industrial muy apreciado por los vecinos, se ha convertido en una «auténtica guardería» para la biodiversidad marina. ‘Marbella, naturalmente’ recuerda que la base sumergida está llena de anémonas verdes y mejillones que recubren el ladrillo y el hormigón. Junto a ellas proliferan coloridos invertebrados como pulpos, esponjas o crustacios. Esta diversidad que conocen bien los aficionados al buceo atrae a numerosas aves marinas como el águila pescadora que planea en torno al cuerpo emergido de la torre.

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