Refugio para la empleabilidad en Casares

Uno de los talleres recibido ha sido el de cocina italiana. :: charo márquez
Uno de los talleres recibido ha sido el de cocina italiana. :: charo márquez

12 refugiados se forman e Casares mientras sus hijos disfrutan de unas vacaciones

Charo Márquez
CHARO MÁRQUEZ

Diez días con todos los gastos pagados en el coqueto pueblo de Casares con actividades lúdicas para los niños. Podría ser el folleto de unas vacaciones, pero es el programa de cooperación que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Casares en colaboración con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y la asociación Málaga Acoge.

Dos familias sirias, un colombiana y otras dos marroquíes, un total de 12 personas, viven jornadas de descanso y formación en el municipio con el objetivo fundamental de dotar a los adultos de herramientas para mejorar su empleabilidad, al tiempo que sus hijos disfrutan de unas vacaciones.

La Concejalía de Cooperación del Ayuntamiento de Casares les ha preparado un intenso programa que comienza por la mañana con un curso de capacitación digital hasta la hora de comer; por la tarde curso de manipulador de alimentos y otro de cocina italiana. Mientras los padres asisten a estas jornadas, sus hijos acuden al colegio de verano junto a niños del pueblo, y por las tardes acuden a la piscina y participan en talleres de manualidades, juegos, creación de camisetas.

Fátima Ghazoui es marroquí pero vivió en Siria con su hijo y su marido hasta que éste falleció. Se trasladó más tarde a su Marruecos natal y de allí a Melilla donde residió un año. Desde hace 9 meses vive en un piso de acogida en Málaga con su hijo de 12 años. Fátima valora mucho la formación que está recibiendo y deja muy claro que ella quiere trabajar, no vivir de acogida. «Me gusta trabajar y no quiero vivir de la limosna», comenta seria al tiempo que manifiesta sus deseos de ser una mujer independiente que pueda, por sus propios medios, sacar a delante a su familia.

Fátima y su hijo comparten casa en Casares con otra familia siria. Un matrimonio y su hijo de 9 años. Él padece del corazón y ha sido sometido a tres operaciones. Su mujer ha superado un proceso oncológico. Las empinadas cuestas de Casares son el único inconveniente que han encontrado en este refugio de formación. El problema se ha solucionado con el 'buggy' que el Ayuntamiento utiliza para desplazar a los vecinos más mayores por las calles del pueblo.

Bernabé Rendón es profesor del aula Guadalinfo que imparte las clases de alfabetización digital a este grupo de refugiados. Explica que algunos nunca habían tenido contacto con un ordenador, otros ya trabajan en la elaboración de su curriculum y acceso a portales de empleo y otras, como Ana Edit Blancart, que presenta un nivel más avanzado, trabaja con edición de imágenes, documentos de cálculo y presentaciones.

Ana es de Bolivia. Explica que en su país no hay guerra ni guerrillas «pero sí mucha hambre y miseria» y por eso decidió salir de allí «para buscar un futuro mejor para mis hijas». En su país trabajó como maestra de infantil y en el ayuntamiento de Cochabamba, por eso tiene una buena base de conocimientos informáticos. Le ha fascinado el taller de pizzero «porque hoy la juventud sólo quiere comer pizza y hamburguesas y esta profesión tiene mucha salidas», apunta.

Este programa tiene un doble beneficio, comenta la edil de Cooperación, Rocío Ruiz, pues además el Ayuntamiento invierte 5.000 euros en el alquiler de las viviendas que ocupan los refugiados, «lo que supone una importante reactivación de la economía local».

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