El origen mágico de comer castañas el 1 de noviembre

Se remonta a siglos atrás y guarda relación con los rituales de protección de la cultura celta

El origen mágico de comer castañas el 1 de noviembre
Nieves Castro
NIEVES CASTROMarbella

Si uno vive en Málaga es difícil no haber oído hablar alguna vez de la fiesta del Tostón o Tostoná. Una remota tradición que con otros nombres se extiende por diversos puntos de la geografía española y que convierte en protagonista a la castaña asada el 1 de noviembre, fecha en la que la Iglesia católica celebra el día de Todos los Santos. ¿Extraña relación o casualidad? Más bien lo primero. Así lo explica Javier Lima, presidente de la Asociación Marbella Activa, colectivo empeñado entre otras cosas en fomentar y difundir viejas tradiciones en la ciudad del lujo y el glamur.

Para buscar la relación entre los tostones y la festividad católica hay que viajar hacia atrás en el tiempo. A la vista del reguero de sangre que causó la persecución ordenada por el emperador Diocleciano a primeros del siglo IV, la Iglesia señaló un día para recordar a todos sus mártires, fueran conocidos o no. Aunque en los primeros siglos varió la fecha, el papa Gregorio III (731-741) la fijó el 1 de noviembre en contraposición a la celebración pagana del Samhain o Año Nuevo Celta, que se celebra la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre. Lima, que se hace eco de los estudios del marbellí Javier Galveño sobre la historia del Tostón, subraya que de esta manera los cristianos comenzaron a adaptar la fiesta de los celtas y parte de su simbolismo.

De acuerdo a las creencias paganas recogidas por diversos autores, en la madrugada del 1 de noviembre se desdibujaba la frontera entre el mundo de los vivos y toda clase de espíritus, buenos y malos. De ahí que nacieran numerosos ritos, muchos de ellos de protección, donde la castaña juega su papel. «Para los celtas que habitaron gran parte de Europa Occidental, incluida la Península, el castaño era un árbol sagrado y sus frutos el símbolo de la inmortalidad», explica al respecto el presidente de Marbella Activa. La castaña, prosigue, se convierte en símbolo del alma de los fallecidos por lo que en la fiesta actual existe la leyenda de que por cada una que se come se libera un alma del purgatorio.

Si se anima a participar en uno de los muchos tostones que se celebrarán estos días y que algunos pueblos han sabido rentabilizar como Ojén, cuyo tostón tiene el sello de Fiesta de Singularidad Turística Provincial, no se extrañe si ve algunos frutos cerca del rescoldo de la hoguera, pues, según la tradición, «las ánimas tras su liberación se acercarán al calor de la lumbre» y las castañas estarán allí en su honor.

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