'Matitas', un librero a la vanguardia

Los herederos del librero, Ana María y José Andrés, junto a la hija de este último./Josele-Lanza -
Los herederos del librero, Ana María y José Andrés, junto a la hija de este último. / Josele-Lanza -

Los nuevos canales de venta y la falta de relevo generacional empujan el cierre del negocio fundado en calle Enrique del Castillo hace 80 años Autores como Edgar Neville o Jean Cocteau y aristócratas como Ricardo Soriano forman parte de la nómina de clientes de la primera librería de Marbella

Nieves Castro
NIEVES CASTROMarbella

Andrés Mata (Marbella, 1903-1972), conocido en el pueblo como 'Matitas' por su menuda complexión, tenía un sueño: convertirse en librero. Lo cumplió. En plena Guerra Civil abrió el primer negocio de venta de libros de Marbella, a la postre centro cultural de categoría, donde encontrar la primera literatura en otras lenguas y hasta periódicos extranjeros como 'Daily Mail'. El negocio, que más tarde regentarían sus hijos -al principio la historiadora y escritora Ana María Mata y después el actual librero, José Andrés, y su esposa, Leonor Tomé-, cerrará a finales de mes. La falta de relevo generacional, pero ante todo la expansión de nuevos canales de venta a través de internet y en grandes superficies, dan la puntilla a un negocio señero.

En su nómina de clientes se cuentan aristócratas fundamentales en el devenir de Marbella como Ricardo Soriano, autores de fama internacional como Jean Cocteau o artistas tan emblemáticas de la escena patria como Lola Flores. Y en su trastienda, cientos de anécdotas que bien podrían engrosar el guión de una ficción televisiva. 80 años dan para mucho. Por su trayectoria, la alcaldesa de Marbella propondrá al pleno del Ayuntamiento, en la primera sesión ordinaria de 2018, la concesión de la Medalla de la Ciudad a la librería Mata.

Del fundador del negocio dicen quienes lo conocieron que era un gran aficionado a las letras y una persona de «gran inteligencia», aunque por las circunstancias sólo pudo terminar la Primaria. Huérfano de padre a los 4 años, empezó a regentar un estanco concedido a la madre por su condición de viuda en calle Ancha. Allí comenzó a forjarse su espíritu librero con la venta de tebeos y el alquiler de novelas del oeste.

El genial Cocteau animó al librero a introducir libros extranjeros y los primeros títulos fueron en francés

En verano de 1937 surgió la oportunidad de alquilar un localito en la calle Enrique del Castillo, propiedad de Dolores Galbeño, miembro de una familia malagueña que cedió a las pretensiones de 'Matitas'. Se las ingenió para obtener un aval para la operación. El benefactor fue Juan Moré, amigo de la escuela, en aquel momento concesionario de una gasolinera. El negocio abrió en julio del 37 como papelería. De hecho, la hija del fundador, Ana María, explica que la fuente de ingresos principal era la venta de material escolar y de forma secundaria la salida de tebeos y novelas del oeste que ya distribuía desde el estanco. Subraya que en aquel casetón de la calle Ancha comenzaron a pedirle tebeos. Y como el cliente siempre manda, trajo el primero, 'El guerrero del antifaz', que compró a reembolso, a la par que inició el alquiler de novelas. «Mi padre tenía ambiciones más allá de la venta del tabaco, los sellos y las golosinas. Se molestó en buscar lo que le pedían sus clientes y cuando ya estaba metido en eso se enteró de que en el centro de Marbella, en la calle Enrique del Castillo, había un local para alquilar de una familia de Málaga. Él no tenía dinero para eso, por supuesto, pero se lió la manta a la cabeza y tiró hacia delante en plena Guerra Civil», relata su hija.

La llegada de los periódicos

La librería, entonces papelería Mata, abrió sus puertas siendo ya Marbella territorio ocupado por el bando nacional. El negocio echó a andar por un exiguo alquiler, que incluía no sólo el bajo sino también la casa, conjunto que años después pasaría a ser propiedad de la familia.

Entre venta y venta de plumieres y gomas, 'Matitas' seguía suministrado tebeos a su clientela y pasó de arrendar los títulos del oeste a venderlos, incrementando poco a poco la lista de autores del escaparate, entre los que se encontraban Marcial Lafuente Estefanía o José Mallorquí, creador del entonces popular personaje 'El coyote'.

Pero la clientela pedía más. Ahora, periódicos. Corría el año 39. La primera cabecera que se vendió fue 'España', de Tánger, apenas una decena de ejemplares que llegaban en autobús desde Algeciras. El diario que fundó Gregorio Corrochano, en octubre de 1938, por iniciativa del Alto Comisariado en Marruecos, general Juan Beigbeder, se vendía bien, así que el librero se esforzó en traer otros periódicos. Acudió, otra vez, a Moré, que le concedió el aval que le pedía la familia Luca de Tena para traer el 'ABC' de Madrid. La incorporación de este periódico fue un éxito. Pero todavía el negocio no era librería. Le faltaban, como él decía, los libros serios. La conversión se produciría años después, cuando el librero saldó sus cuentas pendientes y se encontró con dinero suficiente para volver a intentar otra aventura. Entonces pidió los clásicos españoles, que no habían llegado todavía a Marbella. El primero de estos libros recaló en las postrimerías de la década de los 40. Fue 'El árbol de la ciencia', de Pío Baroja, al que pronto siguieron 'El Quijote', de Cervantes, y títulos de Blasco Ibáñez y Pérez Galdós. Todos de la Colección Austral. «El día que llegaron los primeros ejemplares se sintió librero. Por poco no le da algo de la alegría tan grande que experimentó», acota Ana María.

¿Pero quiénes eran sus clientes en esta España de posguerra? Pues la gente de 'letras' del momento. El juez, el notario, el médico... Después, los primeros turistas selectos de Marbella afianzaron el negocio. Entre ellos, el aristócrata Ricardo Soriano o la familia Hohenlohe que vino de su mano. Gracias a ellos Marbella se convirtió en el rincón de vacaciones de otros ricos herederos y financieros. Para entonces el negocio ya contaba con colecciones de autores extranjeros traducidos al español, otras cabeceras de periódicos como 'El Alcázar', pero se hacía necesario contar también con género extranjero sin traducir. En la década de los 50 'Matitas' empezó trayendo periódicos: 'The Daily Telegraph', 'Le Monde' y 'Daily Mail'. Al principio, vendía poca cantidad, la inmensa mayoría a demanda del hotel Marbella Club, epicentro de descanso de las fortunas forasteras. Cabeceras que llegaban con dos días de retraso -demora que se reducía a una sola jornada si el periódico era español-.

Neville y los guisos de mamá

Tras la aristocrática clientela llegaron artistas como Antonio Mingote o Antonio 'El Bailarín' y bohemios como Jean Cocteau y su corte de aduladores, para los que la librería Mata fue punto obligado de compras. Fue precisamente Cocteau quien animó a 'Matitas' a traer libros en francés con la promesa de que «no se arrepentiría». El librero hizo caso al artista y trajo a Marbella la colección de bolsillo Le Livre de Poche. Abrió la veda a la literatura en otras lenguas y se lanzó a traer títulos en inglés.

Siempre a la vanguardia, este negocio puede presumir de ser la primera y durante 28 años única librería de Marbella. Hecho que propició la consolidación de una clientela famosa con la que se forja más de una anécdota. Ana María cuenta que cada día llevaba el periódico al mismísimo Cocteau. Se lo entregaba en la desaparecida tetería Maroma, al tiempo que el genial artista le metía caramelos en el bolsillo. Tampoco olvidará al genuino Edgar Neville, que pedía a los propietarios acudir en horario de cierre para buscar con calma entre los títulos. Ana María sospecha que el escritor, por aquel entonces a régimen, acudía en parte al olor de los guisos que le sacaba su madre y que él devoraba a espaldas de su pareja, la actriz de teatro Conchita Montes. Ya saben, historias de la trastienda.

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