María Haydee, voluntaria de la AECC: «La casualidad quiso que un médico se fijara en mi lunar y me advirtiera. Era un carcinoma»

María Haydee. /SUR
María Haydee. / SUR

Como Voluntaria de la AECC participaba en un acto de la Campaña de Fotoprotección cuando un médico se fijó en una mancha en su nariz y la envió a Dermatología

Mónica Pérez
MÓNICA PÉREZMarbella

Lleva más de dos década vinculada como voluntaria a la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en Marbella y no dudó en echar una mano en actividades puestas en marcha de la mano de la Campaña de Fotoprotección del Hospital Costa del Sol y el Distrito Sanitario. Fue hace tres años, en una de ellas que se desarrollaba en el Club de Tenis de Puente Romano, cuando uno de los médicos que participaban en una mesa informativa dirigida a deportistas se percató del lunar que tenía en la nariz. «A veces me picaba y me sangraba, pero nunca le di importancia», explica María Haydee. El profesional que la atendió -recuerda- la envió directamente al área de Dermatología del hospital para que le estudiaran el lunar. En pocos días fue intervenida. «Resultó ser un carcinoma. Nunca lo hubiera pensado». Asegura que nunca le llamó la atención la gran cantidad de lunares que tenía repartidos por distintas partes del cuerpo, ni tampoco recordó en un primer momento que su madre también los tuvo.

En octubre pasado pasó de nuevo por quirófano para retirarle un nuevo carcinoma de la espalda. Desde aquel primer diagnóstico hace tres años, ha sido intervenida cuatro veces. «Este último me lo han quitado y me han dado hasta siete puntos de sutura», indica. Fruto de las revisiones a las que es sometida periódicamente, los médicos tienen controlada cada lesión que presenta su piel. A sus 55 años, no se reconoce entre aquellas personas que, llegados los meses de subida de temperaturas, «se ponen al sol horas y horas». «Al contrario, no he sido de tomar mucho el sol porque no me gusta. Nunca se sabe, por eso es tan importante vigilarse la presencia de lunares y su cambio», asegura. Una lección que tiene tan aprendida que, reconoce, «casi me ducho con el espejo enfrente. Cada vez que me baño me reviso todo el cuerpo y estoy pendiente de si hay un lunar nuevo o si alguno que estaba ha crecido».

Su rutina de vigilancia preventiva la ha extendido a su familia. «Todos estamos muy concienciados con el tema de la exposición al sol. Lo mejor que se puede hacer es, como dice el lema de la campaña, disfrutar del sol sin dejarte la piel. Junto a ello, revisarte constantemente».

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