María Capellán, exsocorrista: «Jamás pensé que aquella mancha en la espalda que nunca había visto fuera tan grave»

María Capellán. /SUR
María Capellán. / SUR

Trabajaba de socorrista en un parque acuático al que llegó la Campaña de Fotoprotección. Le detectaron una lesión que resultó ser un melanoma

Mónica Pérez
MÓNICA PÉREZMarbella

«Tengo que reconocer que aquel trabajo me devolvió la salud». A sus 25 años, María Capellán es muy consciente de la importancia de una exposición solar prudente, sin excesos. Lo suyo, reconoce, fue un golpe de suerte. En 2011 trabajaba de socorrista en el parque acuático de un hotel de la Costa del Sol. La Campaña de fotoprotección del Hospital Costa del Sol aterrizó en el establecimiento en una acción específica dirigida concretamente a las personas que trabajan expuestas al sol. «A todos nos revisaron y nos miraron manchas y lunares. Recuerdo que sólo a mí me dijeron que pidiera cita con el médico de cabecera para que me mirase un lunar en la espalda». Así lo hizo. Desde Atención Primaria fue derivada al especialista en Dermatología del Hospital Costa del Sol. Unos meses después fue operada. La biopsia determinó que era un melanoma. «No me lo podía creer. Nunca pensé que una mancha en la espalda que nunca me había visto fuera tan grave». Recuerda de aquellos días ya lejanos la preocupación ante un diagnóstico tan inesperado. «Me hicieron todo tipo de pruebas: analíticas, TAC, ecografía. Me abrieron para ver un ganglio de la axila, pero afortunadamente estaba limpio». Desde entonces debe acudir a revisiones periódicas. Dejó el trabajo y cambió de aires. Después de aquello, cuenta, «a todo el personal que trabajaba conmigo les obligaron a ponerse una camiseta durante la jornada laboral. Hasta entonces ninguno habíamos reparado en lo necesario que era».

De aquella experiencia le queda «una gran cicatriz», bromea, y una gran responsabilidad. «Nunca llegué a imaginar que pudiera pasar una cosa así. Yo no era de las iban a la playa a las tres de la tarde y me ponía al sol. Tampoco recuerdo haberme quemado. La gente no le da importancia a estas cosas porque creen que no les va a pasar. No sé qué hubiese pasado si a mí no me localizan, casi de casualidad, aquel lunar», asegura. Es ella la que desde hace tiempo anima a sus amigas a que tomen el sol con cabeza, aunque, como lamenta, no siempre lo consigue.

«Me encuentro mucho más a gusto si voy a la playa a primera hora de la mañana o a última de la tarde, y siempre con la sombrilla. Es difícil que si no te ha pasado algo así tomes conciencia de los riesgos de una sobreexposición al sol».

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