MALAS NOTICIAS

ARTURO REQUE

Algo está fallando. Si bien es mucho mejor escribir sobre una falsa alarma que de una auténtica tragedia, no deja de ser un alivio que dejamos en manos de los especialistas para que cojan al gracioso de turno y le apliquen la ley con todas sus consecuencias. Me refiero, como habrán supuesto, a la nerviosa mañana del pasado jueves donde se paralizó el centro de nuestra ciudad con la presencia de las fuerzas policiales en el entorno de una sucursal bancaria y la realidad paralela montada sobre la rumorología expandida a través de las redes sociales. (Otro asunto a tratar el de las falsas noticias o su versión moderna: 'fake news')

Desgraciadamente, este susto ha sido el único con final feliz de una racha de sucesos que nos han situado en protagonista de los medios, convirtiendo los diarios en réplicas del desaparecido semanario 'El Caso'. Nos encontramos en una maldita espiral de violencia que nos despierta cada mañana con una desgracia a cual más esperpéntica. Secuestros exprés, asesinatos con 'recados', tiroteos a plena luz del día y en plena celebración familiar... suena a película de Al Capone, pero ocurre muy cerca de nuestras casas, de nuestra apreciada rutina. Como diría Cervantes en El Quijote: «En todas casas cuecen habas; y en la mía a calderadas», adición que añade al refrán popular para indicar que en nuestro ámbito los problemas son aún mayores y, por desgracia, en Marbella nos aplica de lleno.

Puede parecer una mala racha, pero la realidad es que el cáncer lo tenemos dentro como metástasis de la enfermedad que nos corroe desde hace años, alimentada además por un entorno cercano cada vez más hostil. Por mucho que traten de vendernos que se está frenando a los narcotraficantes en el Campo de Gibraltar, más bien suena a postureo político en el afán de transmitir tranquilidad y control, dentro del dominio cada vez más peligroso e inquietante de estas mafias.

Solo nos queda llorar por la mala siembra que se hizo décadas atrás permitiendo que se implantaran por nuestra zona individuos de dudoso, o incluso reconocido y nefasto pasado -algunos fallecidos tras acabar apaciblemente sus días en nuestro maravilloso paraíso, otros detenidos muchos años después tras espectaculares acciones policiales internacionales conjuntas y otros siguen campando a sus anchas, de fiesta en fiesta o relajados en sus lujosas mansiones-.

La Marbella del lujo es una apuesta de riesgo que busca mostrar una ciudad exclusiva para las grandes fortunas, pero que desgraciadamente esconde mucho de lo mencionado. Llenarnos la boca anunciando esta oferta es como seguir regando la mala siembra de entonces y, si bien la mayoría son personas como usted o como yo, pero que gozan de una fortuna respetable, también es cierto que entre éstas se cuelan los que las han hecho a través de las múltiples vías ilegales que existen actualmente.

Algo está fallando y nos puede caer como una losa. No podemos seguir manteniendo los brazos abiertos a quien aparezca con la cartera llena sin justificar su procedencia, por mucha «buena intención y grandes proyectos» que traiga en beneficio ¿de la ciudad?...no debería valernos todo. Evidentemente no es tan simple como lo expongo. Son muchos los factores y muchos los intereses que se ocultan tras el poder de los que se mueven por detrás de la ley.

No queremos ser protagonistas de una novela de Pérez Reverte, ni queremos aparecer en los noticieros por acciones mafiosas, corrupción o por ser refugio de personajes oscuros; queremos levantarnos sin sobresaltos y disfrutar de la envidiable ciudad que hemos mamado desde pequeños y hemos visto crecer a un ritmo demasiado vertiginoso.

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