Personas sin recursos se instalan en playas de Marbella con asentamientos al raso

Las autoridades reconocen que abordar la situación es una tarea compleja. Seguridad, Playas y Derechos Sociales coordinan un plan de intervención

Caterina y su marido, ambos polacos, llevan años acampados frente a El Cable./Josele-Lanza
Caterina y su marido, ambos polacos, llevan años acampados frente a El Cable. / Josele-Lanza
Mónica Pérez
MÓNICA PÉREZMarbella

Unos llevan años acampados. Otros acaban de llegar. Los asentamientos de indigentes en playas que comenzaron en puntos como El Cable o Las Chapas, han tenido sus réplicas en otras zonas del litoral. Un escenario complejo al que deben hacer frente las autoridades que, en la mayoría de los casos, encuentran un no a las alternativas de habitablidad planteadas. El municipio no cuenta a día de hoy con un centro de atención a personas sin techo. Está por abrir el proyectado en Huerta de los Guerra. Mientras, varias delegaciones municipales, junto a la Policía Local, coordinan un plan de acción, especialmente para los asentamientos de la playa de El Cable.

«Esta es nuestra casa», indican invitando a SUR a entrar en su campamento en el que dos hamacas de playa sobre la que han colocado un colchón hacen de improvisada cama. Repartidos por el escueto espacio, objetos de todo tipo recogidos de la calle y recuerdos personales de otra época más boyante. Porque no siempre la vida fue así. Dicen llamarse Verónica y Estefan. Ella trabajó en lavanderías industriales cuando llegó a España hace 20 años desde un país en guerra al que se niega a volver. «¿Volver, a dónde? Donde estaba mi casa entró un tanque». Estefan, su pareja, también conoció la bonanza de la economía española de hace unos años, por eso no le costó encontrar un empleo cuando llegó: mantenimiento, electricidad, y hasta empaquetador en la fábrica de una conocida marca de galletas de Aguilar de Campoo (Palencia). Con la crisis, todo se vino abajo. Se conocieron hace unos años, ya en Marbella. Y empezaron un periplo que acabó en plena playa de El Cable. ¿De qué viven? Estefan reconoce que recibe una pensión «de unos 400 euros al mes, pero solo durante once meses. Es poco para dos personas, ¿dónde vamos con ese dinero? y después de los once meses ¿que?», se pregunta.

Ahora temen la llegada del mal tiempo y, sobre todo, la lluvia. Pese a todo, sus planes de futuro no pasan precisamente por abandonan la zona. «¿A dónde vamos, al medio del mar?», indican, recordando que hace apenas unas semanas recibieron la visita de la Policía Local. «Llegaron con un camión para llevárselo todo. Pero esto es todo lo que tenemos», lamenta Verónica. «Allí también fueron», dice señalando hacia el Este.

«Dormimos por turnos. Siempre hay uno vigilando. No nos fiamos» CAterina Vive con su marido en El Cable desde hace 4 años. Son polacos

«Este año ya hemos tenido una invasión de arañas y otra de moscas. Ahora llega la lluvia» CAterina Vive con su marido en El Cable desde hace 4 años. Son polacos

«Esta es nuestra casa y tenemos nuestro empadronamiento aquí» CAterina Vive con su marido en El Cable desde hace 4 años. Son polacos

«Saco algo de dinero vendiendo chatarra. Todo legal. Tengo mis facturas» CAterina Vive con su marido en El Cable desde hace 4 años. Son polacos

Se refiere a otro asentamiento que existe en la zona desde hace cuatro años (según dicen sus protagonistas). Caterina y su esposo descansan plácidamente en una silla de playa con la vista puesta en un chiringuito de lujo, inaugurado hace apenas unos meses, a pocos metros de su campamento. De fondo, la animada música del local que ameniza la tarde a varios clientes tumbados en camas balinesas. Un árbol de frondosa copa les sirve de cobijo, al igual que varias tiendas de campaña sujetas con cuerdas. «Esa la tengo que cambiar ya porque está regular, del viento», se apresura a contar el marido. Como sus vecinos, temen la llegada de las lluvias. «Este año ya hemos tenido una invasión de arañas, luego vino otra de moscas y ahora llegan las lluvias». Contar con menos horas de sol también es un problema. Las noches se hacen eternas. Duermen por turnos. No se fían. «Primero él duerme y yo me quedo en la silla unas horas y luego cambiamos», explica Caterina. «Hay gente que viene a robar», asegura. «Últimamente hay muchos nervios, gente que busca problemas por aquí», explica su marido haciendo referencia a peleas y enfrentamientos que se han producido en la zona.

«¿Volver a mi país? No. Donde estaba mi casa entró un tanque» Verónica y estefan acamparon hace dos años. Ella es ucraniana. Él, de bulgaria

«Cobro una ayuda de 400 euros al mes durante 11 meses. ¿Después, qué?» Verónica y estefan acamparon hace dos años. Ella es ucraniana. Él, de bulgaria

«Llegaron con un camión para llevárselo todo, pero no nos iremos de aquí» Verónica y estefan acamparon hace dos años. Ella es ucraniana. Él, de bulgaria

Sobre una mesa de playa guardan los víveres de la semana, gracias a la ayuda de Cruz Roja. También disponen de ayuda municipal para comer en el Centro de Mayores de Plaza de Toros. Él ha podido hoy comprar algo con el dinero de la chatarra. «Trabajo legal, tengo mis facturas, y se las enseñé a la policía», reivindica, recordando cuando hace unas semanas intentaron desalojarles. «Esta es nuestra casa y tenemos empadronamiento», sostienen. Es la paradójica situación con la que se toparon los agentes. Fuentes de la Policía Local confirman a SUR que la pareja figura empadronada en plena playa desde hace dos años. Su dirección, concretan, es playa del Cable, número 1.

En el padrón

El padrón no solo es el documento que acredita que una persona viva en un municipio, también es requisito indispensable para acceder a ciertos derechos, como las ayudas públicas, de ahí que muchas personas tengan la opción de conseguir un empadronamiento a través de los servicios sociales de su municipio o comunidad, como recoge la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local, que establece que para las personas sin domicilio se garantiza como válidos en el padrón las infraviviendas (desde chabolas a caravanas hasta la ausencia total de techo).

«Lo he perdido todo, estoy enfermo y esto es lo único que tengo ahora» josé sánchez se ha instalado en el embovedado del arroyo primero. de marbella

«Sé que pongo en juego mi vida en esta zona, pero no pienso irme» josé sánchez se ha instalado en el embovedado del arroyo primero. de marbella

Este empadronamiento sirvió precisamente a Caterina a acceder a uno de los planes de empleo municipal durante seis meses. «Trabajé en la limpieza», asegura. ¿Y no les sirvió el sueldo para poder abandonar la playa? Aseguran que buena parte del salario lo enviaron a Polonia, donde tienen un hijo y una hija, y donde no tienen pensado regresar. Tampoco aceptaron la propuesta de la delegación de Derechos Sociales, como indica la concejala responsable, Isabel Cintado, de alojarse durante un tiempo en uno de los hostales con los que trabaja el Ayuntamiento para atender a personas sin recursos. También dijeron no a la ayuda para regresar a su país.

Verónica y Estefan, en su asentamiento en la playa de El Cable.
Verónica y Estefan, en su asentamiento en la playa de El Cable. / Josele-Lanza

Llegaron a España, como les ocurrió a sus vecinos de playa, en plena efervescencia de la economía española, huyendo de una situación «complicada» en Polonia, donde llegaron a tener una empresa propia. Aterrizaron en Murcia, donde ambos se emplearon en una conocida compañía cárnica. La crisis se los llevó por delante.

Las autoridades locales reconocen que afrontar esta situación no es tarea fácil. Los intentos por acabar con estos asentamientos que se extienden por otros puntos del litoral no han tenido el final esperado. De un lado, es un problema humanitario, pero también de seguridad y salubridad. «Es una ocupación ilegal, pero es un asunto que hay que tratar desde diferentes áreas, como Seguridad, Derechos Sociales y, en estos casos, Playas, para que estas personas tengan garantizado un respaldo», indica el edil de Playas, Manuel Cardeña.

El peligroso cobijo de José, en el embovedado de Arroyo Primero.
El peligroso cobijo de José, en el embovedado de Arroyo Primero. / Josele-Lanza

El Ayuntamiento ha iniciado un procedimiento que se antoja largo, coordinando las distintas delegaciones implicadas, para acabar con estos asentamientos. El primer paso permitirá determinar la titularidad del suelo sobre el que estas personas se asientan. «Hay que ver si hay alguna zona que sea privada, si es del puerto, de la Demarcación de Costas... es lo primero que hay que definir», explican desde el cuerpo policial. En el siguiente paso entran en juego los servicios sociales. Pronto terminarán las obras del centro social de Huerta Los Guerra de atención a personas sin techo. Un proyecto iniciado por el anterior gobierno en colaboración con Cruz Roja, y que continuará el nuevo Ejecutivo local. Prestará asistencia social y formativa a las personas sin techo del término municipal. «No solo será a atención, se trabajará en que puedan tener un acceso a un trabajo», explica la concejala del área, Isabel Cintado.

De un punto a otro

En cualquier caso, no es la primera vez que se hace frente a esta situaciones, y los desmantelamientos de este tipo de asentamientos efectuados por las fuerzas de seguridad en situaciones en las que la vida de esas personas estaban en peligro, no han hecho más que solucionar un problema en un punto que se ha reproducido en otro.

La visita a los asentamientos de la Plaza de El Cable no termina sin el aviso de uno de los aparcacoches del entorno: «por ahí vive otro», apunta. Señala al cauce del Arroyo Primero en su desembocadura en la playa. La vegetación impide ver nada a primer golpe de vista, pero tras la maleza se esconde el drama de José Sánchez. La historia de este marbellero de la calle Aduar es bien distinta a la de las familias que habitan en primera línea de playa. Dice haberlo perdido «todo». Su relato apunta al fallecimiento de su padre y su hermano como el punto de no retorno en una situación personal ya de por sí complicada. Reconoce que pone en peligro su vida viviendo en el cauce del arroyo, de donde ha sido desalojado por las policía en varias ocasiones, pero piensa seguir ahí. «No tengo nada».

Una de las parejas acampadas en El Cable está empadronada en la misma playa

Javier de Luis, exasesor del área de playas del Ayuntamiento de Marbella con el tripartito reconoce que tras las fuertes lluvias del mes de diciembre del pasado año, fue este punto el primero al que se acudió de urgencia. «Este hombre pudo salir a tiempo, afortunadamente porque el agua bajaba con gran virulencia, es la bóveda del río donde vive».

Las Chapas, el entorno de las dunas, y antiguos chiringuitos en desuso son otros de los cobijos que, como reconocen desde el propio Consistorio, encuentran muchas de estas personas, acostumbradas ya en muchos casos, a una vida que no esperaban.

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