EN HONOR DE JAVIER DE LAS CUEVAS

Javier de las Cuevas. :: josele-lanza/
Javier de las Cuevas. :: josele-lanza

Desgraciadamente Javier murió con la pena de no haber visto definitivamente reconocida la injusticia que cometían quienes le perseguían, y gran parte de su resistencia a su grave enfermedad la obtuvo de su indignación

Ha muerto Javier de las Cuevas Torres, después de padecer una cruel enfermedad contra la que luchó con valor y, desgraciadamente sin fortuna. No pretendo con estas líneas hacer una necrológica, pero sí reivindicar su figura como funcionario y como persona, pues fui su amigo y defensor en causa judicial en la que estaba siendo víctima de la lucha partidaria en el Ayuntamiento de Marbella.

El hecho de que la causa fuera sobreseída por el Juzgado que la instruía, no fue óbice para que aquellos que le persiguieron en pos de una pieza mayor, continuaran en su empeño, pese a que la propia acusación se ha sostenido sobre la indolencia, ignorancia o desatención de los deberes de los propios acusadores o quizás para ocultarla. Javier, que siempre sostuvo y probó su inocencia, se murió pendiente de la resolución de un recurso contra el sobreseimiento y archivo de la causa en el que persistieron los que pensaban cobrarse la alcaldía de Marbella, sin importar los daños colaterales que pudieran injustamente causar. Siempre supo Javier que él no era el real objetivo de las acusaciones. Como cazador sabía que era la pieza menor que pasaba ante el acecho de quienes le dispararon sin escrúpulo, al mismo tiempo que se excusaban.

Pero desgraciadamente Javier murió con la pena de no haber visto definitivamente reconocida la injusticia que cometían quienes le perseguían, y gran parte de su resistencia a su grave enfermedad la obtuvo de su indignación, pues su recio carácter, educado en una disciplina castrense no le permitía la rendición ante la infamia. Soy testigo privilegiado de ello: le importaba más su honor que la salud quebrantada y la muerte anunciada.

Conocí a Javier de las Cuevas Torres siendo Presidente de la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Marbella, a cuyo destino -nada fácil, por cierto- se incorporó en el año 2006. Puedo dar fe de su honradez y honorabilidad. De su laboriosidad y de su lealtad. Puedo asegurar que la modernización de los servicios administrativos del Ayuntamiento que han estado a su cargo, se debe a su espíritu emprendedor. De ello pueden dar aún mejor testimonio los funcionarios del Ayuntamiento de Marbella que con él han colaborado durante todos estos años.

Decía al principio que estas líneas no pretendían ser una necrológica. Por el contrario es el epílogo de mi labor como abogado defensor de Javier de las Cuevas, pues no podría cesar en ella sin reivindicar una vez más su inocencia y su honor. Es su herencia, y debo completarla con estas palabras por Javier, por su viuda, María, y por su hijo.

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